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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Desde el comienzo del tiempo pascual nuestra mirada está en la efusión del Espíritu Santo, sin el cual jamás tendremos pascua en nuestras vidas.
Homilía poc1009a, predicada en 20150406, con 6 min. y 5 seg. 
Transcripción:
Feliz Pascua para todos. Sí, de nuevo, debo felicitar la Pascua, porque seguimos en el Día de Pascua. Es tan interesante la liturgia. Es tan bella la liturgia de nuestra Iglesia Católica. Tenemos cosas tan interesantes como por ejemplo, un día que dura una semana. Para ser más precisos, un día que dura el espacio de ocho días normales. Eso es lo que se llama una octava. Cuando llegan las grandes, las grandes celebraciones de nuestra fe, que son fundamentalmente la Pascua y Navidad. La Iglesia tiene conciencia de que veinticuatro horas son demasiado poco tiempo para todo lo que hay que meditar, cantar, celebrar, experimentar. Por eso hay dos octavas en el presente calendario litúrgico de la Iglesia. Hay dos octavas. La octava de Pascua y la octava de Navidad. La octava de Pascua empieza con el día solemne de la Pascua, por supuesto, y se prolonga durante ocho días, es decir, de un domingo al siguiente domingo, esa es la octava de Pascua. En la octava de Pascua vamos a encontrar para los Evangelios distintos testimonios de aquellos primeros testigos, los primeros que se encontraron con la noticia maravillosa. El Señor está vivo, Él vive. Es Cristo. Cristo vivo, el que tiene que vencer la incredulidad de ellos. Sobrecogidos por la alegría, por la sorpresa. Sienten lo mismo que nosotros, sentiríamos escepticismo, perplejidad, asombro, llevado a la máxima potencia. Eso es lo que ellos sienten. Lo mismo que nosotros sentiríamos. Imagínate lo que significa saber que una persona ha muerto y luego encontrarse con que esa persona vive. Encontrarse con que esa persona se acerca a nosotros y nos da la paz. Entonces los Evangelios durante esta octava de Pascua están tomados de esos primeros primeros testimonios, fundamentalmente de las santas mujeres y de los apóstoles. La primera lectura, por su parte, empieza un recorrido que va a seguir durante todo el tiempo pascual, es decir, que nos va a acompañar incluso hasta las puertas de Pentecostés. Ese recorrido es por el libro de los Hechos de los Apóstoles. El lunes de la octava de Pascua, en el que nos encontramos, por ejemplo, toma como primer texto el discurso del apóstol San Pedro el día de Pentecostés. Puede parecer un poco extraño. Por qué si estamos celebrando la Pascua, la primera lectura ya nos habla de Pentecostés. Pero hay por lo menos dos buenas razones para ello. La primera, porque Pentecostés es la meta de este tiempo pascual. Y es bueno desde el principio del tiempo pascual, poner la mirada en la meta, saber hacia dónde vamos, saber qué camino estamos haciendo. Y lo segundo, porque sin Pentecostés queda incompleta la Pascua en ti y en mí. Es el Espíritu el que nos va a dar a nosotros la misma vida nueva que vemos resplandecer en el Resucitado. Sin Pentecostés, el hecho de la resurrección, quedaría solo como una anécdota extraordinaria. Completamente en paralelo a las historias prodigiosas que se oyen en otras culturas, como cuando se habla de un gran personaje, cuando se habla de un gran héroe que hizo cosas maravillosas. Pues la más maravillosa de todas es esta de Cristo que ha vencido a la muerte. Pero eso quedaría como una noticia que se refiere solo a Cristo y que en ese sentido envejece una noticia que envejece. Cristo en su momento venció a la muerte y ahí quedaría todo. Pero Pentecostés lo que hace es traer esa noticia a nosotros, porque el don del Espíritu es el don de la vida nueva y esa vida nueva que nos da el Espíritu, esa vida nueva es la que realiza en nosotros. Ya, en este momento, la obra de la Resurrección. Podemos decir Incoa, inicia, da comienzo. Por supuesto, la plenitud de la obra de la resurrección vendrá solamente cuando también nuestra muerte, la tuya y la mía, sea vencida. Y eso es lo que decimos en el Credo cuando afirmamos creemos en la resurrección de la carne. Esa ya no es la carne de Cristo. Esa es la resurrección de esta, de esta realidad corporal y de tu realidad corporal. Por eso tenemos la octava de Pascua. La otra octava es la de Navidad. En su momento habrá que comentarla. Va del veinticinco de diciembre al primero de enero. Octavas, días, que duran una semana. ¡Qué inventos tiene el Espíritu Santo¡ para que aprendamos a meditar, para que aprendamos a saborear, Para que aprendamos a agradecer el misterio del amor de Dios.

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