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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Los testigos de la resurrección estaban rodeados de incrédulos y de enemigos de la fe; pero fueron fieles a Cristo que se les había manifestado.
Homilía poc1008a, predicada en 20140421, con 5 min. y 10 seg. 
Transcripción:
Es tan grande la fiesta de la Pascua. De hecho, es la fiesta de fe más grande que tenemos los cristianos. Es que es tan grande que no cabe en un solo día de veinticuatro horas. Por eso la Iglesia, movida por el Espíritu, se inventó días con más horas. Se inventó días que duran lo que usualmente son ocho días. Eso es lo que se llama una octava. Una octava es la prolongación de una fiesta durante ocho días. Tenemos dos octavas actualmente en el calendario litúrgico de nuestra iglesia. Hay una octava que es la octava de Navidad que va desde el día de Navidad hasta el primero de enero. Y hay otra octava que es esta que iniciamos el día de ayer, la octava de Pascua. Se llama octava porque recorre ocho días, pero son ocho días que se vuelven una sola celebración. Es la unidad de aquello que se celebra. Lo que hay que destacar cuando hablamos de una octava. La octava de Pascua, entonces quiere que nuestros oídos se santifiquen con la escucha de la Palabra de Dios, que nos da testimonio cada día de las manifestaciones del Resucitado. Por eso los evangelios que vamos a escuchar durante esta octava, todos nos están contando el testimonio de aquellos que se encontraron con Jesucristo vivo. Esa es la estructura que tiene la octava de Pascua, en cuanto a los Evangelios. Relatos tomados de cada uno de los textos, de cada uno de los cuatro Evangelios que nos van ayudando a abrir nuestros oídos y abrir nuestro corazón a esos los testimonios. Hay que destacar el realismo de esos testimonios. No son personas que nos están hablando de sus aspiraciones, sentimientos, proyectos, deseos, no. Estas son personas que nos están diciendo son personas que fueron capaces de testificar. Yo me encontré con él. Yo me encontré con el Resucitado, está vivo. Y precisamente la prueba de la autenticidad de ese testimonio es doble. Por un lado, aquellos que empiezan a contar la noticia de la resurrección se enfrentan con una muralla de incredulidad, lo cual demuestra que los apóstoles, y en general los discípulos, no estaban predispuestos a aceptar relatos fantasiosos. Esto hay que decirlo, porque hay gente que está enseñando que la resurrección fue simplemente como una especie de buen ánimo, como una especie de motivación que tuvieron aquellos apóstoles y primeros discípulos para decir mira, sigamos haciendo lo que Cristo estaba haciendo, continuemos con su proyecto, sigamos adelante con su causa. Más o menos como después de la muerte de Lenin, los comunistas dijeron: murió Lenin, pero sigue el comunismo, el marxismo leninismo tiene que seguir. Entonces hay gente que se imagina que la resurrección de Cristo fue una cosa parecida. Murió Cristo, y entonces aquellos cristianos que ya habían empeñado su vida en un cambio tan absoluto y tan completo, dijeron bueno, ya entrados en gastos, pues pues sigamos, sigamos adelante con esto, ¿Porque ya qué vamos a hacer? Eso no es lo que cuenta la Palabra de Dios. La Palabra de Dios lo que nos cuenta es que hay incredulidad, hay dificultad en el mismo círculo de los discípulos. Y luego, y esta es la segunda prueba, hay persecución. Empiezan a perseguirlos porque la noticia de la resurrección es demasiado revolucionaria, porque aquel que cree en la resurrección ya no es esclavo de ninguno de los poderes de esta tierra. Los poderes de esta tierra pueden hacernos daño mientras estamos sobre esta tierra. Pero aquel que ha vencido la muerte está más allá de los poderes de esta tierra. Así que aquellos testigos, cuando hablan de la resurrección, no solamente tienen que enfrentarse con la incredulidad de los mismos discípulos, sino luego con la persecución de los de fuera. Y sin embargo, permanecieron fieles. Y sobre esa fe, sobre la fe de aquellos que se encontraron con el Resucitado. Sobre ese testimonio de ellos se apoya nuestra fe y la fe misma de la Iglesia. Bendita Pascua, bendita alegría. Esto es lo que vamos a saborear durante estos días, y yo espero que tu corazón y el mío reciban abundante luz y sean alimentados y confirmados con la gracia y poder del Espíritu.

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