Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Jesucristo y la Sagrada Escritura se iluminan mutuamente.

Homilía poc1003a, predicada en 20100405, con 11 min. y 36 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos, con la celebración de la Pascua el día de ayer se inicia lo que llamamos el tiempo pascual. Durante la Cuaresma estábamos siempre con esa casulla morada y el ornamento propio de la penitencia y el luto. El tiempo de Cuaresma ha terminado y ahora nos revestimos de luz significada en este color blanco de las vestiduras que estarán la mayor parte del tiempo de la Pascua. Pero el cambio no es solamente exterior ni principalmente exterior. El cambio tiene que suceder en nosotros, y es aquí donde tiene su lugar principal la acción del Espíritu Santo. Desde el principio, el tiempo Pascual mira hacia una gran fiesta que se llama Pentecostés. La Pascua es Pascua de Cristo. Pero para que la Pascua de Cristo nos afecte a nosotros y haga algo en nosotros, necesitamos de la presencia, la fuerza, la acción, la vida que solamente da el Espíritu. Por eso la Pascua empieza con la resurrección de Cristo y se prolonga este tiempo pascual hasta la hasta Pentecostés.

Y nosotros somos invitados a vivir ese itinerario desde la nueva vida en Cristo hacia la nueva vida en nosotros. La nueva vida en Cristo es su resurrección. La nueva vida en nosotros es la acción del Espíritu. Entonces, la primera enseñanza para el día de hoy es, toda la Pascua mira hacia Pentecostés. Y Pentecostés, sin esta fe y sin este caminar hacia la acción del Espíritu. Nuestra Pascua quedaría simplemente como el recuerdo de algo que le sucedió a Cristo. Más o menos cuando, como se recuerda que un gran general ganó una batalla muy bueno para él, muy interesante, pero eso va quedando en el pasado. La Pascua de Cristo no es un acontecimiento sencillamente del pasado. Está enclavado en la historia, pero se hace realidad en nuestras vidas a través de la acción del Espíritu. Y esa es la primera enseñanza de hoy.

En segundo lugar, la primera lectura nos invita a reflexionar en la relación entre Cristo y las Escrituras. Cuando San Pedro, en su discurso de Pentecostés, quiere describir a la gente qué es lo que está sucediendo, porque ha llegado el Espíritu y porque hay esa fuerza, esa alegría, esa certeza de la victoria del Señor. Lo que hace Pedro es tomar algunos textos de la Escritura. Jesús, en alguna de sus controversias con las autoridades judías, dijo estas palabras: Vosotros escudriñáis las Escrituras, queriendo encontrar vida en ellas. Y dice el Señor: Ellas hablan de mí. La Escritura entera, la Biblia entera nos habla de Jesucristo. Por algo dijo el gran San Jerónimo: Desconocer las Escrituras es desconocer a Jesucristo. Las Escrituras nos ayudan a entender quién es Cristo, pero Cristo nos ayuda a entender quiénes son los personajes que han desfilado en el Antiguo Testamento, quiénes son los testigos que aparecen en el Nuevo Testamento. Qué quieren decir esas palabras, profecías, oraciones. Qué quieren decir esos oráculos, esos mensajes, esas cartas. Es muy interesante ver el tiempo de Pascua como un tiempo en el cual somos iluminados por la figura de Cristo y somos iluminados por la Palabra que ha sido proclamada por la palabra de la Escritura. Cristo ilumina las Escrituras y las Escrituras nos ayudan a entender a Cristo, de manera que Cristo está como implícito, como escondido en todo ese Antiguo Testamento, y Cristo está presente patente en el Nuevo Testamento.

Pero es Cristo finalmente el que le da el significado, el que le da unidad, el que le da coherencia al conjunto de la Biblia. Nosotros, cada vez que abrimos la Sagrada Escritura, queremos encontrarnos con el Señor. Queremos saber quién es Él. Queremos saber cómo piensa y por eso la Escritura nos ayuda a mirar hacia Jesús. Y Jesús nos ayuda a entender la Escritura. Por cierto, la Iglesia escoge para este tiempo de Pascua el libro de los Hechos de los Apóstoles. Es el que más nos va a acompañar durante este tiempo y por eso les recomiendo con todo cariño y fraternidad, si ustedes quieren realmente vivir. Si ustedes quieren vivir a fondo este tiempo pascual, tomen esa Biblia que está en la casa, ábranla, hagan el propósito de leer esos capítulos del libro de los Hechos de los Apóstoles. Durante este tiempo pascual. Porque los Hechos de los Apóstoles, finalmente lo que nos cuentan es como el eco maravilloso. Como la hermosísima repercusión de la noticia de la resurrección en círculos que se van agrandando, según dijo Cristo, empezando por Jerusalén, siguiendo por Samaria y hasta llegar a los confines del orbe.

Entonces, la lectura espiritual para este tiempo pascual es el libro de los Hechos de los Apóstoles. Eso es lo que tenemos que leer. Pero Pedro, en la lectura de los Hechos de los Apóstoles, lo que hace es citar los Salmos. Lo que hace es citar un texto del Antiguo Testamento y lo comprende ahora a la luz de lo que ha sucedido en Jesucristo. Este también es un criterio para nosotros. Se trata de encontrar a Cristo en todas las prefiguraciones del Antiguo Testamento. En el camino de los patriarcas, de los profetas, de los reyes y de los sabios. Lo que nosotros buscamos es la figura de Cristo. ¿Y qué es lo que recuerda Pedro? Fundamentalmente aquel texto del salmo en el que David dice: No me entregarás a la muerte, ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. Ese salmo, aunque fue pronunciado por David, no se cumplió en la persona de David, sino que se cumplió en Jesucristo. Y este es el sentido que nosotros le damos al Antiguo Testamento. El Antiguo Testamento se cumple, alcanza su significado únicamente en Jesucristo. ¿Qué quiere decir que se cumplen? Quiere decir que adquiere su sentido total, adquiere su lugar preciso únicamente a la luz de Cristo. Cosa que es importante recordar porque el Antiguo Testamento no debe convertirse para nosotros ni en un desconocido ni en un absoluto.

Hay personas que prácticamente descartan el Antiguo Testamento. Mala idea. El Antiguo Testamento es la preparación pedagógica que nos ayuda a reconocer la necesidad de Jesús. Leyendo esos textos del Antiguo Testamento aprendemos a reconocer nuestro propio corazón y aprendemos a sentir hambre y necesidad de Cristo. El Antiguo Testamento no puede ser un desconocido, pero el Antiguo Testamento tampoco puede ser un absoluto, como si fuera una historia que ya quedó completa o como si fuera suficiente. El Antiguo Testamento es anuncio, es promesa, es expectativa. Entonces, en lo que tiene que ver con el Antiguo Testamento, la Biblia nos invita- Al presentarnos a Pedro predicando, nos invita a mirar esta porción de la Biblia, no como un desconocido, tampoco como un absoluto. Es un camino, es un proceso. Y en ese proceso estamos tú y yo. Y en ese proceso vamos reconociendo cada vez más, cada vez con mayor lucidez, nuestra necesidad de Jesús, para que luego sea el mismo Jesús el que le dé plenitud a esa búsqueda, a esa hambre, a esa inquietud.

Bueno, quedémonos entonces con esas tres ideas el día de hoy. Las repito en primer lugar, Pascua mira hacia Pentecostés. Sin Pentecostés, la Pascua es solamente recordar algo que le pasó a Jesús bonito para Él. Pero ahí queda. No, Señor. Pascua mira hacia Pentecostés. Es lo primero. Segundo, Cristo es el centro de la Escritura. Cristo ilumina la comprensión de toda la Biblia y la Biblia nos permite mirar hacia Jesucristo. Se iluminan mutuamente Cristo, Palabra de Dios, la Biblia, Palabra de Dios, Cristo implícito en la Escritura, la Escritura proclamando el misterio de Cristo. Y la tercera idea con respecto al Antiguo Testamento. No tenemos que tenerle miedo ni descartarlo, sino mirarlo como un camino, mirarlo como un recorrido que apunta finalmente hacia esta figura de Jesús y que en ella encuentra totalmente su cumplimiento.

Que estos días Santos Hermanos, especialmente con la compañía del Libro de los Hechos de los Apóstoles, nos animen a descubrir la belleza, la gloria de Jesucristo, a sentirnos felices en Él, a comprender un poco mejor cuál es la herencia, el regalo que hemos recibido y aprovecharlo nosotros y compartirlo con nuestros hermanos. Amén.

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