Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

"Hay Pascua también para ti".

Homilía poc1002a, predicada en 19980413, con 15 min. y 57 seg.

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Transcripción:

Acabamos de escuchar el Santo Evangelio que nos presenta una escena del Domingo de Resurrección, una escena del día mismo de la Pascua. O mejor, que nos presenta dos escenas. Primera el encuentro de Jesús con estas mujeres piadosas. Segunda el encuentro de los guardias del sepulcro con los sumos sacerdotes. Este evangelio está escrito de manera que uno puede como mirar las dos escenas que estaban sucediendo casi al mismo tiempo. Jesús le da instrucciones a las mujeres y los sumos sacerdotes que dan instrucciones a los guardias. Dos escenas en el mismo día. La escena de Jesús con las mujeres se convierte en la fuente, en el manantial del que brota la Buena Noticia. Y la escena de los sumos sacerdotes con los guardias se convierte en la fuente o en el manantial de la mala noticia. La mala noticia es que no vale la pena ser bueno, que eso no tiene caso y que si uno se pone a ser bueno, acaba pudriéndose en un sepulcro. Esa es la mala noticia.

Y el origen de esa mala noticia está en el domingo de Pascua. Pero en ese domingo empieza también la buena noticia. La buena noticia es que si uno se pone a hacer bueno, pasa por el sepulcro, pero llega a la gloria y experimenta la gloria, experimenta el espíritu y el poder del Espíritu y comunica el Espíritu, como nos hace ver la primera lectura. De manera que este evangelio que acabamos de escuchar nos presenta simultáneamente el origen de la buena Noticia y de la mala Noticia, y nos muestra cómo cada una de estas noticias tiene su propia energía. La energía, el impulso, el motor de la Buena Noticia es la alegría. ¡Alegraos! El motor del Evangelio está en la alegría. Una alegría que no se puede detener. Una alegría que empezó cuando Gabriel el Arcángel evangelizó a la Santísima Virgen y le dijo Alégrate, jaire, alégrate. Ahí empieza el Evangelio, ahí empieza la alegría. O como dice el evangelista Marcos al comienzo de su texto: Aquí empiezan las buenas noticias. Comienzo de la buena noticia. Comienzo de las buenas noticias. El motor del evangelio es la alegría y el motor de la mala noticia. ¿Cuál es? El dinero.

La mala noticia se mantiene en el mundo porque produce resultados. Porque produce dinero. Pero la mala noticia está marcada por el absurdo. Lleva una contradicción en sí misma. Decía San Agustín se oye más hermoso en latín. Aquí decimos en la traducción. Presentáis testigos dormidos. ¿Qué clase de testigos son esos? Yo voy a asegurar que cuando yo no veía nada, se lo robaron. Es absurdo. Si no podías ver nada, si estabas dormido, no puedes asegurar nada. Y si estabas despierto. ¿Cómo dejaste que lo robaran? Esto quiere decir que la buena noticia tiene lógica, tiene sentido. La mala noticia es contradictoria. Cómo es contradictorio que una tierra que tiene tantos bienes se encargue de cavarle tumbas a sus propios hijos, donde hay tantos recursos, tantas personas mueran de hambre. Cómo es ilógico y lo ha hecho ver el Papa Juan Pablo Segundo, que haya pueblos enteros que están sometidos a una deuda externa ridícula, absurda, exorbitada, que hace que haya personas que nacen debiendo, viven debiendo, hacen una familia y siguen debiendo y se mueren y deben y nunca tienen nada. Esto no es lógico, esto es contradictorio, esto es absurdo, pero esa es la lógica del provecho individual, del provecho egoísta que trae el dinero.

Son dos noticias y es muy importante recordar que esos dos ríos. Uno con agua de alegría y otro con agua de podredumbre. Esos dos ríos empezaron a correr el mismo día. Eso no se nos puede olvidar. Y por consiguiente, esos dos ríos siguen hasta cuando dice el evangelista: Hasta hoy, hasta hoy, hasta hoy siguen, todavía hoy siguen. Todavía hoy la altanería del dinero hace sentir que es absurda la generosidad. Todavía hoy la gente, tanta gente, se traga absurdos contradicciones, incoherencias, con tal de medrar un poco, con tal de lograr sus pequeños objetivos, con tal de lograr sus pequeños y mezquinos intereses. Una lectura un poco superficial le hace pensar a uno que esta es solo la historia o la historieta de la incredulidad de los judíos. Aquí hay algo más profundo. Este no es solo el problema de por qué los judíos no se han convertido. Realmente la Nueva Alianza, la que hace que un judío se vuelva cristiano empieza con el don del Espíritu, y con la gracia que brota con la sangre de la cruz. Ahí empieza el Nuevo Testamento.

De manera que esta mala noticia no tiene poder solamente en los judíos que haya aquí en nuestro país o en otros países. Esta mala noticia tiene poder sobre todos aquellos que no tienen la alegría de la Pascua. Todos aquellos que no tienen la certeza gozosa, esperanzada, proclamada de la salvación en todos aquellos en los que no está obrando la Buena Noticia, de alguna manera está obrando la mala noticia. De manera que esto no es solo un problema interreligioso, intercultural, interracial. ¿Por qué esos judíos no se convierten? ¿Qué será lo que pasa? No es solamente una anécdota o un momento en la historia para explicar el destino de una raza. Lo que aquí se nos está diciendo es: No vas a acceder a la Buena Noticia de Jesucristo mientras estés bajo el poder de la mala noticia. Y los que están bajo el poder de la mala noticia son muchísimos y muchísimas. No solo los de raza judía, en cierto sentido, los de raza judía han ido y siguen yendo más adelante que los que son simplemente paganos.

San Pablo pregunta por ahí en la carta a los Romanos, ¿Entonces no tiene ninguna ventaja ser judío? y dice: Claro que sí, y de muchas maneras. Esta mala noticia no es solo mala noticia que impide la fe de los judíos, sino que cierra la puerta de la alegría a los judíos que no creen y a todos los que están peor que los judíos, es decir, a todos aquellos que son esclavos de esta lógica del provecho del pequeño interés personal. Jesús les dice: Alegraos, y luego les dice: No tengáis miedo, no tengáis miedo. La primera victoria de Jesucristo es una victoria sobre el miedo. Jesús no se aparece para decirles: ahora sí, llévenme donde es que es Caifás, ¿llévenme! Jesús no se presenta para hacer justicia vindicativa, castigo, venganza, desquite de Anás, de Caifás. No era así. Vamos y le damos unos cuantos lapos a ese Herodes. Él no se presenta para eso. Lo primero que sana Jesús aquí es el miedo. Lo primero que sana es el miedo. ¡No tengas miedo!, ¡No tengas miedo! ¿Y a qué miedo se refiere aquí? Esto es precioso.

Mire que lleva un orden, el evangelista dice: Alegraos. Ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies. Si nosotros recordamos lo que sucedió cuando la zarza y Moisés. Moisés se intenta acercar y siente temor y siente miedo, y una voz de la visión le dice: descálcese y por allá porque esta tierra que usted pisa, es sagrada. Las mujeres se acercaron, ya se acercaron donde Jesús, le abrazaron. O sea que cuando Jesús les dice: No tengáis miedo, no las estaba curando del miedo de la aparición. El miedo al que se refiere aquí no es el miedo, llamémoslo así que uno podría pensar de que semejante, semejante visión, un muerto que se me aparece. No tengáis miedo, no es para curarlas del miedo de la aparición. ¿De qué miedo las está curando entonces? Sí, sí les dice después de que ya ellas están alegres. Además, ellas habían salido impresionadas y llenas de alegría. Dice el texto impresionadas y llenas de alegría, porque ya habían escuchado la voz aquella del ángel o de los ángeles que les habían dicho: No está aquí, Resucitó. Impresionadas y llenas de alegría, y se encuentran con Cristo que les dice, alegraos y le abrazan.

Entonces, no es el miedo de la aparición. Id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea, allí me verán. ¿Cuál es el miedo del que quiere curarlas Cristo? Es el miedo que da ir a comunicar a los hermanos que vayan a Galilea. Es el miedo que da anunciar algo que es ridículo, algo que causa burla, algo que causa marginación. Es el miedo que causa ser testigo. Este es el miedo del que Jesús la sana. El miedo de la aparición ya se les había pasado. Si ya se acercaron, ya le habían agarrado los pies, ya que miedos ni que ocho cuartos. De la aparición. No tengáis miedo les dice Cristo, para sacarlas del miedo que podría venirles del de anunciar la Buena Noticia. ¿Cómo contar?, ¿Cómo contarle a gente desconsolada, entristecida, aburrida, amargada en vida consigo misma? ¿Cómo decirle a esas personas en problemas, amargadas, enredadas? Que eran los apóstoles. ¿Cómo decirles a ellos que resucitó? Que no está muerto. Eso sí da temor. Eso da temor. Porque eso es enfrentarse directamente con la mala noticia.

Y en verdad, todos los apóstoles tenían que sentir en primer lugar un complejo de culpa, la cosa más brutal de esta tierra. Cuando Pedro dijo: Hasta mi vida daré por ti. Eso no se lo escribió en un papelito y se lo pasó en la última Cena. Eso lo dijo delante de todos. Yo me haré matar por ti. ¿Cómo estaría el Pedro después de todo esto? Metido por allá en una caverna, en un hueco, haciéndose el serio porque todo el mundo sabía lo que él había dicho. Y resulta que a Cristo lo mataron como a un criminal. Y Pedro estaba ahí, enterito, enterito, completico estaba el complejo de culpa. Observemos cuáles son los obstáculos que Cristo vence con su Pascua. El complejo de culpa tan terrible que tenía que sentir Pedro y los otros. Porque dice el evangelista y los demás decían lo mismo. Tenían que sentir que eran unos grandes traidores, unos grandes incoherentes. Tenían que sentir, para decirlo resumidamente, tenían que sentir que esa mala noticia de la que hemos hablado tenía gran poder sobre ellos. Ellos tenían que sentir que la mala noticia les había ganado, les había podido. Tenían que sentirse sumergidos en la mala noticia. Cómo ir a decirle a un mundo que está sumergido en la mala noticia, decirles que hay alegría, que hay gracia, que hay vida, que hay perdón. Eso da miedo. Eso da miedo. A uno no le salen las palabras.

Cuando uno ve a las personas enredadas consigo mismas, con su propio problema, su culpa, su amargura, su desesperanza. Iba a decirle a esa persona que que resucitó el Señor. ¿Cuál Señor? ¿Qué resucitó? ¿Eso qué tiene que ver conmigo? Por estas razones, Jesús les dice que no tengan miedo, que no tengan miedo. Dice el evangelista: Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad. Ahora ellas van curadas por Cristo. Van a llevar la Buena Noticia y los otros también van, los otros también están en camino. La mala noticia ya está en camino. La buena noticia hay que ponerla en camino. Pero para eso necesitamos la gracia de Cristo, la sonrisa de Cristo, la alegría de Cristo. Para vencer nuestro miedo y para decirle sobre todo a la gente que está enredada en sí misma decirle: Hay Pascua también.

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