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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

¿Cómo meditar la Resurreción de Jesús?

Homilía poc1001a, predicada en 19970331, con 10 min. y 20 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos, creo que lo hemos escuchado varias veces en la Semana Santa. La Pascua de Jesucristo es el corazón de nuestra fe. Su muerte dolorosa en la cruz, pero sobre todo su gloriosa resurrección del sepulcro, son el acontecimiento central, y vale especialmente para nosotros aquello que dice San Pablo en el capítulo diez de la Carta a los Romanos: Si en tu corazón crees que Jesús es el Señor, y si con tus labios profesas que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo. Si el corazón está para Dios y la boca está para dar testimonio de Él, y si creemos y reconocemos que la máxima manifestación de su poder, de su sabiduría y de su ternura es la Pascua de Cristo, entonces se puede decir que somos cristianos. Esto quiere decir que el cristiano tiene el derecho y el deber de sumergirse en el misterio de la Pascua de Cristo.

Así como fuimos sumergidos en el bautismo, o por lo menos se nos echó agua que nos lavara. Pero es más precioso el signo de sumergirse. Así como hemos sido sumergidos en las aguas bautismales, así también hay que sumergirse en la Pascua de Cristo. Para vivir en una casa, no basta con conocer la puerta. Para ser cristiano, no basta con haber visto una cruz, hay que saber entrar por las puertas de la cruz. Y esas puertas son las llagas de Cristo. Y para ser cristiano no basta con saber que ese crucificado ha resucitado, sino que hay que buscarle también caminos al corazón para que sepa entrar en el misterio, bellísimo, esencialísimo de la resurrección del Señor. La piedad cristiana de los siglos ha encontrado maneras de meditar en la cruz de Cristo, y eso está muy bien.

Por ejemplo, el Vía Crucis o viacrucis es una manera de meditar la cruz de Cristo. Por ejemplo, los misterios dolorosos del Santo Rosario son una manera de meditar la Pasión y la cruz de Cristo. Pero tal vez nos hacen falta caminos para meditar la resurrección de Cristo. Yo creo que ya no estamos en aquellos tiempos en que había que decir con tristeza que los cristianos católicos éramos cristianos de Viernes Santo. Creo que todos nosotros ya hemos entendido que el corazón de la Semana Santa no estaba solamente en la cruz, sino sobre todo en la Vigilia Pascual. Eso ya lo hemos entendido. Ahora nos hace falta encontrar caminos para meditar la resurrección del Señor. Que no estemos más enamorados de la cruz que de la gloria. Que no estemos más pendientes de las heridas de Cristo, que de las llagas glorificadas del Señor. Porque si es verdad que son llagas, más verdad es que son gloriosos, y si es verdad que derraman sangre, más verdad es que derraman gracia. Y si es cierto que fue hecho más abajo, fue destruido más abajo que un gusano, y su figura ya no parecía humana. Más cierto es que ha sido levantado de la muerte y ahora se le puede decir con la boca llena que es el más bello de los hombres.

Necesitamos caminos para meditar la resurrección del Señor. Y yo supongo en mi corazón que ustedes que asisten a la Eucaristía en esta hora y en este día. Ustedes no son cristianos de paso. Ustedes tienen el buen hábito, el amoroso hábito de participar de la Cena del Señor, y por eso yo sé que mis palabras no caerán en el vacío. Sí doy algunas sugerencias para aprender a meditar la resurrección del Señor. Ojalá haya entre ustedes algún santo que invente algo parecido al viacrucis, pero para la resurrección.

Por lo pronto, yo me permito dar algunas sugerencias. ¿Usted quiere saber qué es una vida resucitada? Sugerencias vamos a dar varias. Primera, la meditación de los misterios gloriosos del Santo Rosario. Así como los misterios dolorosos nos ayudan a entrar en la piscina bautismal, los misterios gloriosos nos enseñan a salir de ella, a contemplar el día de la gloria y de la gracia.

Segunda sugerencia. En la Biblia hay una serie de lecturas que le pueden ayudar. Al final de cada uno de los evangelios hay relatos que nos hablan de este encuentro gozoso de Cristo con sus discípulos. Hay que leer esos relatos. Ya la Iglesia nos da la pauta cuando en esta octava de Pascua nos presenta en el Evangelio todos los relatos. Creo que casi todos los relatos de apariciones de Cristo resucitado. Leer esos relatos.

Tercera sugerencia. Lea muchas veces el capítulo segundo de los Hechos de los Apóstoles, es decir, allí donde se cuenta el discurso de Pedro después de que llegó el Espíritu Santo. Este discurso nos lo vamos a encontrar en la primera lectura de la Eucaristía de cada uno de estos días. Segundo capítulo de Hechos de los Apóstoles. Una lectura allá en la casa, una lectura amorosa, creyente enamorada para ver qué significa que Cristo resucitó. Otra sugerencia lea usted los capítulos octavo, décimo y duodécimo. Ocho, diez y doce de la Carta a los Romanos. Vaya haciendo memoria ya en su corazón, Capítulos ocho, diez y doce de la Carta a los Romanos. Allá en su Biblia. Usted ha recibido vida, vida gloriosa, vida resucitada en su bautismo. Aprovéchala, no la deje perder. Otro texto, léase la primera carta de Pedro. Primera carta del Apóstol San Pedro. Ahí también en su Biblia. Y ahí está un relato de lo que es la resurrección de Cristo en la vida del cristiano.

Podríamos dar más textos, pero como apenas estamos empezando la octava, yo lo que quiero es dejarle tarea a usted para que nadie pueda decir al salir de esta iglesia. ¡Qué hermoso acontecimiento la resurrección del Señor! ¿Pero cómo ahondar en ella? ¿Cómo comprenderla mejor? Si usted hace el saludable propósito de venir a la Misa durante estos días, le puedo proponer otro camino distinto aparte del rosario y las lecturas bíblicas. Después de los ritos iniciales, en la Misa se dice una oración que llamamos oración colecta. Oración de todos, colecta es como reunida. Las oraciones colectas de estos días nos traen toda la teología de la resurrección del Señor. Así, por ejemplo, en la misa de ayer se nos contaba cómo resucitar significa vencer la muerte y tener acceso a la vida eterna. En la oración colecta de hoy lunes, se nos dice que por medio del bautismo hemos entrado a la Iglesia y hemos recibido esa vida del Resucitado.

En la de mañana se nos va a contar cómo la resurrección nos libra del poder del pecado. El miércoles escucharemos cómo la resurrección del Señor es la fuente de una alegría que no acaba. El jueves se nos va a decir que la resurrección del Señor forma un pueblo nuevo de todos los pueblos de la tierra. Pueblo que tiene una misma fe. En el viernes se nos va a hablar de la resurrección como reconciliación entre nosotros y paz con Dios. El sábado se nos va a decir cómo la resurrección, cómo participar en la resurrección es ser heredero de la elección divina. ¿Y para qué sirvo yo diciendo? cada día llegué puntual a la Misa en primer lugar.

Pero cada día esté usted atento a la oración colecta, esa oración del principio y ahí usted tendrá en cada día una campanita de Pascua que le va contando qué significa que Cristo resucitó de entre los muertos. No vamos a dejar pasar esta octava de Pascua como otros años tal vez. Este año vamos a estar muy pendientes para vivir a fondo la resurrección del Señor en nuestra vida. Así nos lo conceda.

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