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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Todas las maravillas de Dios están en cristo
Homilía pasc044a, predicada en 20260405, con 10 min. y 31 seg. 
Transcripción:
Hermanos, este es el día grande de la Pascua y la verdad necesitamos el auxilio del Espíritu Santo para comprender o por lo menos asomarnos a la grandeza del misterio que hoy celebramos, que es el misterio central de nuestra fe. Hoy conviene recordar aquella frase de San Pablo: "Si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe". ¿Y por qué sería vana nuestra fe? Incluso Pablo dice otra cosa, dice que: -Si Cristo no resucitó, nosotros los cristianos, los que creemos en Él, somos los más desgraciados de todos los hombres-. ¡Qué palabras tan fuertes! ¿Por qué? Porque la vida de Cristo. Si no hay resurrección, es una especie de negocio fallido, una especie de frustración perpetua. Un hombre que entregó todo y que al final lo traicionaron. Un hombre que amó hasta el final y acabó siendo odiado. Un hombre que vivió en inocencia pero que tuvo que experimentar la más horrible de las traiciones y toda la crueldad que hay en el mundo. Entonces, fíjate ¿Qué sentido tendría seguir los pasos de una persona que acaba en fracaso? ¿Qué sentido tendría ser discípulo de uno que finalmente fue derrotado? Es como si yo te propusiera: -Mira, vamos a hacer un negocio. Nuestro negocio se llama tapas para volcanes y tenemos que invertir miles y miles de millones de dólares o euros o lo que sea. Y tú te das cuenta que ese negocio no funciona y que lo único que produce es pérdidas. Y yo te digo pero, pero vamos, vamos al negocio, tú sientes es es tonto, es tonto seguir ese camino. Y a los que siguieran el camino que lleva al fracaso solo se les podría llamar desventurados. O con la palabra que utiliza San Pablo: "Desgraciados". O sea, gente que está en la última miseria. Por eso la resurrección de Cristo es esencial en nuestra fe, porque la resurrección de Cristo es la que muestra con claridad cuál es el parecer de Dios sobre semejante ofrenda de amor, como fue la vida de su Hijo, nuestro Señor. La resurrección de Cristo muestra que la última palabra no la tiene el mal no la tiene el pecado, que la última palabra no la tiene la crueldad o la traición, y que la muerte tampoco tiene esa última palabra, sino que más allá de la frontera de la muerte, hay una vida que es vida plena. Por supuesto, esto no es fácil de creer. Quienes hemos tenido cerca personas a las que amamos y a las que hemos tenido que despedir porque se murieron, pues indudablemente sentimos que creer en la resurrección no es fácil. Cómo hace uno para creer que la muerte no es la última palabra y mucha gente no lo logra. La verdad es que es un regalo poder creer en la resurrección, pero Dios nos ayuda y quiero hacer una alusión al Evangelio de hoy, sobre todo a esa frase que creo que debe quedar grabada en nosotros. El discípulo, el discípulo amado "Vió y creyó", -vió y creyó-. Esto es clave. La resurrección no es una especie de fantasía que entra en la mente de los apóstoles. No es una especie de propósito simplemente humano, como lamentablemente han dicho algunos teólogos. Según éllos, pues, Cristo se quedó muerto. Pero lo que hicieron los apóstoles fue como retomar la causa de Cristo, retomar el impulso para decir que Él estaba vivo. Pero con esa expresión supuestamente estarían diciendo que la causa de Jesús estaba viva. Algo así como que Marx ya se murió, el siglo XIX, pero la causa de Marx sigue viva, entonces Marx vive porque nosotros lo mantenemos vivo. Pues ¡No!, aquí no es que los apóstoles mantienen vivo a Cristo, sino que Cristo es el que se impone sobre ellos, incluso sobre la incredulidad de ellos, hasta llegar a convencerlos de que está vivo. Por eso, en la primera lectura de hoy decía Pedro, esto es, del capítulo décimo de los Hechos de los Apóstoles. Decía Pedro, que: "Cristo murió. Lo mataron colgándolo de un madero, pero Dios lo resucitó y nos lo hizo ver a nosotros que hemos Comido y bebido con Él después de su resurrección". Ahí solo quedan dos posibilidades; o Pedro es un mentiroso en toda regla, o tal vez un loco, un fantasioso, un lunático o algo. Algo maravilloso, algo que viene de fuera, que es la Gloria del Resucitado. Se ha impuesto sobre Él. A lo largo de esta semana que tiene un nombre especial. Se llama La Octava de Pascua. Cada día vamos a escuchar nuevos testimonios sobre cómo no fueron ellos los que inventaron una resurrección, sino cómo, a pesar de la dificultad inmensa que es afirmar que un muerto en realidad vive, pues ellos finalmente llegaron a ser convencidos por esas evidencias exteriores y sobre todo por la Gracia interior del Espíritu. Terminemos comentando qué fue lo que vió este discípulo. Si ustedes recuerdan, este fue el discípulo que estuvo en la crucifixión y que estuvo en la sepultura. Toda la tradición desde el siglo segundo dice que fue el evangelista Juan. Entonces Juan estuvo al pie de la cruz. Juan vio que Cristo realmente murió. Juan vio cómo le atravesaron el costado con la lanza, lo cual no deja la menor duda sobre la muerte verdadera del Señor. Es más, Juan acompañó el proceso en el sepulcro. Fue apresurado, ciertamente, porque ya iba a empezar el sábado y todo hubo que hacerlo un poco a la carrera. Pero Juan estaba ahí. Aquí es donde comprendemos qué es lo que significa -vió y creyó-. Cuando Juan entra al sepulcro, se da cuenta de que están todas las cosas que ellos habían hecho, pero no está el cadáver. Eso fue lo que Juan vió. Juan sabía cómo estaban las cosas cuando lo dejaron en el sepulcro. Y Juan ahora mira que está todo menos el cuerpo de Jesús. Si alguien hubiera sacado el cuerpo, no hubiera podido dejar todas las cosas como estaban. O como decía un profesor mío: -No se robarían un cadáver desnudo dejando todo como estaba-. Como Juan había sido testigo de la muerte y se da cuenta cómo están las cosas. Él se da cuenta. Esto no es un robo, porque María Magdalena dijo eso ¿No? "Se han llevado del sepulcro al Señor, no sabemos dónde lo han puesto", pero resulta que es Juan el que se toma la plena conciencia. Esto no es un robo. Él está vivo, -vió y creyó-. Y así es siempre Dios. Dios quiere que tú creas, pero siempre da señales. Creer no es un acto de fantasía. Creer no es un puro acto de nuestro deseo. O como dicen en inglés -wishful thinking-. Creer no es creer con el deseo, no es desear las cosas. Es ver las evidencias y a partir de las evidencias, descubrir que en realidad el poder de Dios está por encima. Como ustedes son agudos en sus observaciones. Hay quién podría decir, bueno, ¿Y por qué no fue María la que, también, que también estuvo en el proceso del sepulcro; por qué no fue Élla la que primero cayó en cuenta de la resurrección? Pues mira cómo dice el texto: "María Magdalena fue al sepulcro. Vió la losa quitada del sepulcro, echó a correr. . . " ¿Se entiende lo que pasó? Ella vio que estaba abierta.
Estaba abierta la losa del sepulcro, pero ella no entró. El primero que entra es Pedro y el primero que cree es Juan. Y esto nos enseña dos cosas: Primero, cómo en Pedro y por lo tanto así lo pedimos. En los sucesores de Pedro, que son los Papas, está el primer fundamento de la fe. Pero segundo, cómo el Amado, el discípulo amado Juan, es el primero en creer. Y por eso hoy somos invitados a tener adhesión plena a la fe que nos predica Pedro. Es decir, que nos predica el Papa y toda la Iglesia, y al mismo tiempo somos llamados a ser el discípulo amado que conoce hasta el fondo el dolor de Cristo y cree hasta el fondo en su poder. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén

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