Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

DOMINGO DE RESURRECCIÓN - La Resurrección revela el poder del amor de Cristo, que vence todo obstáculo; ese amor nos impulsa a vivir en Él y responderle con nuestra entrega total.

Homilía pasc043a, predicada en 20260405, con 6 min. y 23 seg.

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Transcripción:

¡Feliz Pascua para todos!

-Este es el día que hizo el Señor sea nuestra alegría y nuestro gozo-. Hermanos, en las meditaciones de Semana Santa hemos insistido mucho en la palabra amor, porque más allá del misterio del dolor, hay que encontrar el amor; más allá de la repugnancia que nos produce la traición; hay que encontrar el amor; más allá del horror que producen los azotes y los clavos y la cruz, hay que encontrar el amor. El que encuentre el amor tendrá Pascua. El que no lo encuentre, simplemente verá un espectáculo de crueldad, un espectáculo de tortura, algo absolutamente repugnante que es, por cierto, una de las razones por las que otros creyentes de otras religiones no aceptan nada que tenga que ver con la cruz.

Hace poco veía un video de cómo se encontraba un abad, un superior de monasterio católico, se encontraba en Israel y una persona, una señora judía, le decía Tape esa cruz, oculte esa cruz. Él tenía una cruz al pecho. Quítese esa cruz. Ese fastidio hacia la cruz que es tan común en muchos judíos o la mayoría, ese fastidio a la cruz que es tan frecuente, yo diría en la inmensa mayoría de los musulmanes, tiene su origen en esto, en que muchas personas se quedan solo viendo el horror de la tortura, el horror de la traición, el horror de la sangre. Pero es que hay que llegar al amor, es que hay que descubrir ese amor. Y la Pascua es para que descubramos eso, es para que nosotros podamos decir hemos sido amados. O como dice Bellísimamente, la primera carta de Juan: "Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en Él".

Para eso, para eso precisamente es la Pascua. Ahora bien, la primera lectura de hoy nos habla de la realidad de la resurrección, y el Evangelio nos presenta un testimonio de amor. Yo quisiera que nos detuviéramos un par de minutos en ese testimonio de amor, porque la Iglesia entera, siguiendo los pasos de Santa María Magdalena, es llamada precisamente a descubrir la grandeza del amor, la grandeza del amor que Cristo ha dado y la grandeza del amor con el que nosotros podemos y debemos responderle. Efectivamente, una persona que conoció muy bien el poder del amor de Cristo fue Santa María Magdalena, y élla, que conoció el tamaño de ese amor, quiso responder y respondió también con amor. Es una gran lección para nosotros, ¿Por qué élla apenas pasado el sábado, muy temprano en la mañana, va al sepulcro?

Porque élla no entiende su vida sin Cristo. A veces las personas que se aman, se dicen cosas lindas, lo cual está muy bien, por supuesto, y entonces se dicen cosas como -Mí cielo-, -mí amor-, -mí vida-. Es hermoso que se hable así, pero piensa lo que significan esas palabras. Decirle a alguien, por ejemplo, que tú eres mi cielo es como decir en ti tengo toda mi felicidad. Decirle a alguien que es mi amor bueno significa que yo me amo. Yo te amo y tú me amas también. Pero quiero detenerme en aquella. . . -Tú eres mi vida-. Pues bien, María Magdalena sentía que Cristo era toda su vida, que Cristo era su vida entera, que sin Él no podía vivir. Por supuesto, habrá muchas personas que instigadas por el demonio.

Traten de torcer estas palabras que acabo de decir y de ver en el amor de María Magdalena otra cosa que no es lo que nos presenta la Biblia. Pero mis hermanos, quedémonos con lo que muestra la Escritura. Una mujer que va pronto al sepulcro y va pronto, porque el amor tiene prisa, porque el amor es diligente, porque el amor vence obstáculos. Piensa eso una mujer sola en la madrugada yendo a ese lugar. Élla sabía, por supuesto, porque había estado en el momento de la cruz. Ella sabía que había unos soldados que estaban custodiando la tumba.

Ella sabía que estaban ahí. Y qué iban a decir esos soldados. ¿Cómo la iban a tratar a ella, la iban a insultar, la iban a maltratar, la iban a humillar, o tal vez algo peor? El amor, el amor vence obstáculos. El amor va más allá de las barreras. El amor tiene prisa y ese es el amor que nosotros necesitamos descubrir. Ese es el amor que nosotros necesitamos tener. Ese es el vigor nuevo que necesita la Iglesia y que está en la fuerza de la Pascua para que nosotros, descubriendo la grandeza de ese amor, descubriendo cómo hemos sido amados, también nos inflamamos en un amor como el de María Magdalena y podamos decir: -Jesús, sin ti no puedo-; Jesús, tú eres mi todo-, -Jesús, en tí está mi confianza-.

Y ella que amó tanto, encontró respuesta porque fue la primera en recibir directamente la noticia de la resurrección, es decir, de la presencia del mismo Cristo. Y así se convirtió, como ya lo han dicho los Padres de la Iglesia, se convirtió en la primera apóstol, la primera en llevar la buena noticia, la primera en compartir eso que hoy es alegría de toda la Iglesia y del universo entero. Cristo vive, Cristo Reina. Cristo es el Señor. Feliz.

¡Feliz Pascua para todos!

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