Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Ninguna acción del maligno tiene la última palabra porque la Resurrección del Señor es el gran manantial de esperanza para el pueblo cristiano.

Homilía pasc042a, predicada en 20250420, con 7 min. y 36 seg.

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Transcripción:

¡Feliz Pascua para todos! Este es el día para el que nos hemos preparado desde el Miércoles de Ceniza y aún antes. Este es el día para el que nos hemos preparado con cada celebración de la Semana Santa. -Este es el día que hizo el Señor, sea nuestra alegría, sea nuestro gozo- en esta Pascua quiero compartir con ustedes dos preguntas y dos intentos de respuesta. La primera pregunta es: ¿Por qué la resurrección de Cristo no resultaba, esa noticia como noticia maravillosa para los apóstoles? ¿Por qué cuando éllos empezaron a escuchar que el cuerpo de Cristo no estaba, que Él había resucitado? ¿Por qué no se llenaron de alegría? ¿Qué era lo que pasaba? ¿Qué era lo que bloqueaba la alegría de ellos? Esa es la primera pregunta.

Y la segunda pregunta; muy parecida es: ¿Por qué la Pascua de Cristo es un motivo permanente de esperanza y de gozo para el pueblo cristiano? Un manantial que no se seca, una corriente de vida de la cual de hecho vive la Iglesia. Y así será hasta los últimos tiempos. Así que vamos con la primera pregunta ¿Qué era lo que bloqueaba la alegría de éllos? ¿Por qué cuando aquellas mujeres piadosas les cuentan a los apóstoles? -Mira, no encontramos el cuerpo, tuvimos una aparición. Unos ángeles nos dijeron que ha resucitado-. ¿Por qué a los apóstoles eso no les producía alegría? Y bueno, leyendo de los Santos Padres de la Iglesia, me encuentro con que hay dos razones principales: La primera, las expectativas de ellos iban por otro lado.

Ellos estaban imaginando. Claro que sí. Una victoria de Dios. Pero ellos imaginaban la victoria de Dios de otra manera. Porque la idea de Mesías que ellos tenían era fundamentalmente calcada del rey David. Y así como David tuvo muchas tribulaciones, tuvo mucho sufrimiento. Pero al final pudo entrar en Jerusalén y pudo ejercer el reinado. Y hubo paz en las fronteras y hubo prosperidad y hubo bendición para todos. Ése era el modelo que ellos tenían. Y dentro de ese modelo no cabía la cruz. Dentro de ese modelo, sobre todo, no podía caber la muerte del Mesías. Como la expectativa de ellos iba por otro lado. Entonces la noticia de la resurrección los agarra un poco fuera de lugar, como que no es algo que estuvieran anhelando, como que no es algo que estuviera dentro de su horizonte y por eso pues la alegría no les alcanza, no les llega al corazón.

Entonces, primer motivo por el que tenían bloqueada la alegría. . . Pues porque ellos estaban esperando otro tipo de Mesías. Segundo motivo: Recordemos que Cristo era el líder de un gran movimiento, un movimiento que se había vuelto sospechoso y peligroso para las autoridades judías y de hecho, también hasta cierto punto, para las autoridades romanas en cabeza de Poncio Pilato. Entonces estaba bloqueada la alegría de los apóstoles, porque evidentemente, después de agarrar, apresar, torturar, matar a Cristo, los que seguían eran éllos. Es decir, estaban preocupados por su propio pellejo. Estaban preocupados por qué les iba a suceder a ellos. Y la angustia de la persecución, el miedo de ser los siguientes en ese camino de tortura y de muerte; pues eso no les permitía realmente alegrarse.

Así que ahí tenemos las dos razones por las que estaba bloqueada la alegría de los apóstoles. Primero, porque ellos estaban esperando otro modelo de Mesías, y segundo, porque la angustia, el miedo de ser los siguientes en la tortura, en la persecución y en la muerte, pues les impedía gozarse en la victoria de Dios. Ya que tenemos esas respuestas a la primera pregunta, pasemos a la segunda pregunta. ¿En qué sentido la resurrección es un manantial de gozo que no se seca? Es un manantial de esperanza del cual vive la Iglesia. Mira, la resurrección de Cristo significa que la persecución, la traición, la crueldad o cualquier acción que venga del demonio no tiene la última palabra.

Y ese es el motivo fundamental por el que la resurrección es el gran manantial de esperanza para el pueblo cristiano. La muerte no tiene la última palabra. El pecado no tiene la última palabra. La traición o cualquier género de maldad no tiene la última palabra. Y esto significa que la última palabra, la palabra definitiva, la que lo cambia todo, viene de Dios. Y por eso, en la medida en que nosotros reconocemos la acción de Dios y reconocemos un Dios que es capaz de vencer más allá de la tortura, más allá de la traición, más allá del pecado, más allá de la muerte. Estamos convencidos de que ese Dios que es nuestro Dios, que es el Dios que acompaña nuestros pasos, no se va a detener, no va a frenar su obra.

Hagan lo que hagan los poderes de este mundo, hagan lo que hagan las huestes del infierno. Esa certeza de victoria que irradia de manera serena y bella del cuerpo del Resucitado, es la fuente de nuestra esperanza, la esperanza de cada uno individualmente considerado, pero también la esperanza de la comunidad creyente. Esa comunidad a la que tú y yo pertenecemos, esa comunidad que hoy se alegra diciendo: -Verdaderamente ha resucitado- De nuevo: ¡Feliz Pascua! Feliz Pascua para ti y para tu familia. Feliz Pascua para tu parroquia, para tu grupo, para tu comunidad. Es Pascua en la Iglesia Santa. Gocémonos. ¡Aleluya!

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