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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La ley de la Pascua es la ley del cristiano: el mundo considerará "ridículo" buscar la santidad y seguir las huellas del Crucificado y Resucitado. Pero en Él está nuestra victoria.
Homilía pasc041a, predicada en 20240331, con 14 min. y 11 seg. 
Transcripción:
Mis hermanos queridos con la alegría de la Pascua. La Iglesia vuelve a ese salmo que es el Salmo pascual por excelencia, Salmo 117. En la numeración que tenemos en la liturgia y que tú puedes encontrar en tu Biblia, en el número 118, fuera de paréntesis. Ese hermoso salmo nos va a ayudar a hacer una reflexión sobre este día tan bello que estamos viviendo, sobre todo porque ese salmo ya se lo aplicó Cristo a sí mismo con esa frase que dice: "La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular", es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente. De tal manera, mis hermanos, que Con la ayuda del Espíritu Santo, conviene que vayamos a ese texto. En ¿Qué ocasión dijo Cristo esas palabras? Es decir, ¿Cuando Cristo se aplicó ese salmo a sí mismo? La respuesta es frente a la arrogancia de las autoridades de aquel tiempo, es decir, escribas, fariseos, sumos sacerdotes. Recordemos que también en otra oportunidad Cristo les dijo a los apóstoles, les dijo expresamente, que: "El Hijo del Hombre tiene que ser desechado". Utilizó esa expresión: -Tiene que ser desechado-, desechado, descartado. No sirve. Es ridículo. Por cierto, la palabra ridículo viene del verbo: -Ridere- en latín, que significa reír. Ridículo significa risible. Lo que produce risa. Es que es tan absurdo que produce risa. Y entonces yo me acuerdo lo que sucedió una vez en mi propia historia, en una clase de -Teología Moral-. Ustedes saben que la teología moral es la encargada de servir como de lámpara para que nosotros vivamos como cristianos. Pero como tantas cosas en la Iglesia, está viviendo unos momentos muy complicados y hay como muchas teorías a veces raras. Entonces en esa clase de teología moral comentaba un sacerdote tratando de ser como cercano a la gente y a la realidad de la gente, decía él: -¿Yo cómo le voy a decir a un muchacho hoy en día, siglo XXI-, que en esa época no era siglo XXI. Siglo XX. Está bien, ya se sabe mi edad. Entonces decía él: -¿Yo cómo le voy a decir a un muchacho, siglo XX, que tiene su novia, yo ¿Cómo le voy a decir que no tenga relaciones con la novia? Eso hoy en día es ridículo. Todo el mundo tiene relaciones con la novia. -Esa era la expresión que utilizaba ese sacerdote-. Es decir, resulta ridículo decirle a un joven que no tenga relaciones con su novia, porque eso es lo normal, eso es lo que hace todo el mundo. Resulta ridículo decirle a un funcionario que no robe porque todo el mundo roba. Resulta ridículo decirle a una pareja que supere sus dificultades, que supere sus dificultades en vez de separarse, ¿no? Ya se sabe que todo el mundo se separa. Resulta ridículo decirle a un muchacho que se separe de su celular o de su tableta. Resulta ridícula la oración, resulta ridícula la vida cristiana. ¿Y sabes quién es el que resulta ridículo en todo esto? Cristo. Cristo es ridículo. La propuesta cristiana es ridícula. Es ridículo, efectivamente, pedirle a esa muchacha que no tenga relaciones con el novio, eso es ridículo. Pero, ¿Qué es lo que le sucede a los que siguen el camino del mundo? ¿Qué es lo que les pasa a ellos? Lo que les pasa a ellos es lo que después se encuentra uno como sacerdote, después uno como sacerdote se encuentra a ese muchacho, se encuentra esa muchacha, la de las relaciones sexuales y se la encuentra frustrada y llena de rabia. ¿Y por qué está frustrada y llena de rabia? Porque se siente estafada. ¿Y por qué se siente estafada? Porque élla creía que tenía un hombre y ¡¡no tenía nada!! ¡¡No tenía nada!! Lo único que tenía era alguien que la estaba usando, así como ella usaba a él, entonces viene a resultar que lo ridículo, es en realidad lo que funciona. Y que lo sensato, según el mundo es lo que lleva a la amargura, es lo que lleva al absurdo. Lo que quiero destacar, hermanos, es que la Pascua de Cristo es el triunfo de lo que parece absurdo: Ser honrado, ser casto, ser sincero, ser humilde, servir. Todo eso es ridículo. -No sea pendejo, no sea tonto. ¿Cómo se le ocurre hacer eso?, ¿Cómo se le ocurre? No sea, tonto-. Usted está aquí, está sirviendo, está ayudando. ¿Cuánto le pagan por eso? ¿Cuánto le pagan por eso? Hay gente que está muy afanada de eso. Sobre todo cuando empiezan a prestar servicios en serio en la Santa Iglesia de Dios. ¿Y cuánto le pagan por eso? Entonces, si una persona colabora. ¿Ustedes han visto cómo han trabajado tantos hermanos nuestros en esta Semana Santa? Estoy seguro que para mucha gente, que haya personas que trabajen hasta tarde, como trabajaron éllos y que se levante temprano a seguir trabajando, eso es ridículo. Digamos solamente un nombre. Imagínese que alguien le pregunte a John Jairo, por decir alguien, ¿Y a usted cuánto le pagaron allá por su trabajo, por sus madrugones y por su, por sus trasnochos? ¿Cuánto le pagaron? Y ¿Qué respondería John Jairo? -No, uno hace esas cosas por el Señor-, ¡¡¡¿Por el Señor, por el Señor?!!! ¡¡¡¿No le pagan nada?!!! ¿No le pagan nada? -No, no, a mí no me pagan-. -Usted si es mucho bobo, Ridículo-. Ser cristiano. En buena parte es ser ridículo ante los ojos del mundo. Ser cristiano en buena parte es eso. Pero, ser ridículo, ser absurdo ante los ojos del mundo. Después da la vuelta, después da la vuelta y uno empieza a ver muchas cosas. Uno empieza a ver cómo los sabios, según el mundo, los astutos, según el mundo, van cayendo uno tras otro; y van dándose duro. Y normalmente las personas que tenemos que recoger los pedazos de seres humanos destrozados somos nosotros, los sacerdotes. Comentaba una vez una amiga mía comentaba una vez que muchas veces a nosotros, los que servimos a Cristo, nos toca hacer el papel de los basuriegos, los que recogen la basura. Y eso es verdad. El Papa Francisco una vez dijo una cosa parecida en una homilía: -Cómo a nosotros nos corresponde recoger los pedazos-. La gente vive así su súper vida, su súper vida, -y yo no me doblego ante nadie. Y a mí, nadie puede conmigo-. Y después revientan su vida, estallan su matrimonio, entran en depresión, se enferman horriblemente, quedan vueltos; perdonen la expresión: Basura. Y esos pedazos de seres humanos. Esos son los que luego toca recoger. Y nosotros tenemos una idea en familia espiritual y tenemos una idea que se llama -H 2 E- H 2 porque son dos aches, hogar, hospital, y la E significa escuela. Y tenemos una idea y esto no suena tan bonito, pero h dos es que tenemos la idea de hacer una institución, una pequeña institución que recoja los pedazos. Eso no suena bonito, pero eso es lo que uno se encuentra. Hay personas que están vueltas pedazos, hay niños que están vueltos pedazos, hay niñas que están vueltas pedazos. A mí me impactó tanto y me entristeció. Y me cambió mucho ver en un país como Irlanda, un país que tenía una tradición católica muy fuerte, encontrarme con niñas de 17 años, de 16 años, que ya han probado el sexo de todas las maneras. O sea, usted mire toda la pornografía. Eso ya pasó por la cara de esa niña, por el cuerpo de esa niña, a los 17 años tienen asco del sexo porque ya han probado, ya las manosearon por todas partes, ya manosearon todo, ya hicieron todo lo que se hace en una película porno, ya lo hicieron a los 17 años. Ya están listas para detectar, para detestar su cuerpo, ya están listas para detestar el cuerpo del hombre y el cuerpo de la mujer, porque ya han hecho todos los experimentos sexuales. Dígame qué es esa muchacha. 16 años; 17 años, ¿Qué es? Se llama basura. Ella se volvió basura. El mundo la volvió basura porque es ridículo ser virgen. -Ay, qué ridícula. Ay, tú eres virgen. Hay gente que se burla en redes sociales públicamente. Se burla de llegar virgen al matrimonio. ¡Qué ridícula eres! Entonces tú eres virgen. Ahí eres virgencita. ¿Te rezamos? Se ríen, se burlan. Pero ¿Cómo terminan las que no son ridículas? ¿Cómo terminan? Cuando uno ve eso, a mí cómo me impacta eso, porque es que cada vez tenemos más jóvenes amargados. Miren ustedes las caras de los adolescentes, miren las caras de los jóvenes, no son caras felices, o ¿Sí? No son caras felices. Cada vez más serios, cada vez más distantes, cada vez más amargados, cada vez más aburridos. ¿Cuál es la expresión típica? -It is boring- It is boring. Todo es boring. Todo es aburrido. Claro que es aburrido. Claro que es aburrido. Porque seguiste el camino del mundo. Por eso es aburrido. Por eso estás destrozando tu vida. "La piedra que desecharon los arquitectos. . . " ¿Por qué habla aquí de los arquitectos? Porque se supone que son los expertos, los expertos en cómo se construye. Pues los expertos en cómo se construye están destruyendo nuestra gente, están destruyendo la alegría, están destruyendo la juventud. -Pero esa piedra desechada por los arquitectos es ahora la piedra angular-. Y por eso, el día de la Pascua, este día, es el día para decirle a Cristo: -Tú vas a ser mi piedra angular. Tú eres mi piedra angular. Yo pongo este cimiento, yo pongo este cimiento en mi vida. Tú vas a ser mi piedra angular y sé que voy a hacer la ridícula del salón, voy a ser la ridícula de mis amigas, sé que voy a hacer el ridículo de la empresa, sé que voy a hacer el ridículo de la Facultad de Teología-. Como le ha pasado a algunas personas que se encuentran aquí, porque tenemos entre nosotros, nos está visitando una persona que trabajó en una facultad de teología y que fue considerada siempre la ridícula. Es ridículo, ¿Cómo se te ocurre? Pero, pero, pero, por favor, estamos en el siglo XXI. ¿Cómo se te ocurre? Y tú vas a enseñar eso. Por favor, no seas tan tradicionalista. No seas tan conservadora. Pero ¿Qué pasó? Te quedaste en Trento. ¿Y cómo terminan los otros? Este es el día para poner a Cristo Jesús como esta piedra angular. Y así uno se va convirtiendo en un milagro, en un milagro patente. Entonces lo que yo quiero de ustedes no es simplemente que ustedes salgan contentos del retiro, que espero que sí, o un poco triste porque ya nos toca separarnos geográficamente, físicamente. Lo que yo quiero no es simplemente que tú salgas contento, del ridículo, -del ridículo-, que tú salgas contento. -Sí es que el retiro fue cómo ridículo, la verdad-. Lo que yo quiero no es que tú salgas, no es solamente que tú salgas contento del retiro, yo quiero que tú salgas con Cristo Jesús como piedra angular. Eso es lo que yo quiero, que Cristo Jesús sea tu piedra angular. Y te digo más, yo quiero que tú seas un milagro patente Este señor que está ahí, don Juan Diego, Yo quiero que usted sea un milagro patente, que la gente lo mire a usted y diga tipo tan ridículo, cómo se le ocurre que juventud desperdiciada; ¿Por qué no disfrutas tu juventud? Pues yo quiero que tú seas un milagro patente. Y tú, Elena, estamos felices de verte aquí. Que seas un milagro patente. Y Erico. Y Ana. María y Jimena. Milagro Patente. Eka. Milagro Patente. Juan Diego. Tenemos dos. Juan Diegos. A falta de uno. Mire. Otro milagro patente. Teresita. Estamos llamados a ser milagros patentes. Nos van a tratar como ridículos y nos van a decir exagerados. Lo importante es que nosotros no hagamos las cosas ni por agradar ni por desagradar, sino que hagamos las cosas porque Cristo se ha convertido en nuestra piedra angular, porque Cristo es el cimiento de nuestra vida y porque solo Él merece honor y Gloria. Amén. Amén.

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