Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Hoy festejamos la victoria de Jesucristo sobre la muerte, el demonio y el pecado; porque las tinieblas se han retirado ante el esplendor maravilloso de la luz del Resucitado.

Homilía pasc040a, predicada en 20240331, con 4 min. y 50 seg.

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Transcripción:

¡Feliz Pascua para todos!

En muchos lugares a la Pascua de Resurrección de Nuestro Señor se le llama Pascua Florida. Y por eso me he puesto aquí, junto a estas hermosas flores, para festejar la belleza de la victoria de Cristo. Para unirme a la alegría que la Iglesia entera siente. Porque la muerte ha sido vencida, porque el demonio ha sido vencido, porque el pecado no tiene la última palabra, porque las tinieblas se retiran ante el esplendor maravilloso de la luz del Resucitado. Feliz, Feliz Pascua para ti y para tu familia. Feliz Pascua para tu país. Para tu ciudad. Feliz Pascua para tus sacerdotes. Feliz Pascua para tus amigos.

Que estas flores nos inviten a pensar en cómo el amor ha florecido. Porque finalmente, lo que significa esa expresión, Pascua Florida, por una parte, es que coincide con tiempo de primavera, comienzos de primavera en muchos lugares. Pero más allá de ese acontecimiento puramente natural, lo hermosísimo de esto es que Cristo había dicho: "Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda sin fruto". Y lo que nosotros estamos celebrando en la Pascua es el fruto precioso, es la flor perfumada de aquella semilla infinitamente valiosa, esa semilla que fue el cuerpo de nuestro Señor Jesucristo, esa semilla entregada con tanto amor, al mismo tiempo enterrada con tanta rabia.

Esa semilla es la que está floreciendo aquí, no se perdió ese esfuerzo, no se perdió esa sangre, no se perdió ese dolor, no se perdió ese amor. Aleluya, mis hermanos, Aleluya para ti, Aleluya junto contigo, Aleluya a través de ti porque yo quisiera que ese cántico, que es el cántico por excelencia de la alabanza, penetrara todo nuestro ser. Que sea tu cuerpo el que florece, porque el cuerpo de Cristo resucitado es el cuerpo florecido. Esas llagas que solo hablaban de fracaso y de dolor, ahora están hablando del triunfo del amor y del comienzo de la paz duradera. Nos unimos, mis hermanos, nos unimos en una sola fiesta, nos unimos en un solo cántico, nos unimos en una sola alegría, nos unimos en una sola alabanza para decirle a Jesús gracias, gracias, gracias.

Gracias, Señor Jesús, gracias por habernos amado hasta el extremo, gracias por haberlo entregado todo. Gracias por tu cuerpo puesto en el sepulcro, gracias por cada una de tus lágrimas, gracias por cada gotita de tu sangre; gracias por habernos dejado a la Santa Virgen María. Gracias por la predicación del Evangelio, gracias por cada milagro, por cada exorcismo, por cada gota de tu sudor. Porque qué duro que fue tu trabajo, qué duro que fue tu esfuerzo Jesús, con cuánto, con cuánto dolor sembraste, pero en ti se cumple mejor que en cualquier otro lo que dice el salmo: -Los que sembraban con lágrimas. . . -

Y el sembrador fuiste tú, Jesús. "Los que sembraban con lágrimas, cosechan entre cantares y entre cantares los ángeles proclaman la Gloria del Padre". Y entre cantares la Iglesia se deleita en la Pascua y entre cantares pasan nuestras horas en este día que va a durar ocho días, porque es la octava de Pascua, en este día maravilloso, en este día de gozo, en este día de triunfo, ¡Aleluya! Mis hermanos, que la Gracia, que la luz de la Pascua penetre, penetre profundamente tu corazón, que llegue a lo hondo de tu vida. ¡Qué grande es Dios, ¡Qué grande es el Señor! ¡Qué grande es su poder! ¡Qué grande es su misericordia! ¡Feliz Pascua! No sé cómo más decírtelo.

Solo quiero trazar sobre ti la señal de la salvación. Porque en la cruz fuimos salvados y hoy es cruz gloriosa. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

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