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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Así como Dios resucitó a Jesús de entre los muertos, Él también ha hecho una obra maravillosa en ti y poco a poco a través de nosotros Él hará su obra en el mundo, porque el mundo no ha cambiado.
Homilía pasc038a, predicada en 20230409, con 5 min. y 23 seg. 
Transcripción:
¡Feliz Pascua para todos! Este es el día que hizo el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo. El mensaje de la Pascua no envejece. El mensaje de la Pascua permanece como esperanza, como alegría, como fuente de vida para los creyentes de todos los tiempos. Bendito sea Dios que nos permite celebrar la Pascua. Traigo para ustedes una reflexión también nueva el día de hoy. La Pascua es el triunfo de Cristo. Pero, hermanos, no se nos olvide algo muy importante. -Mira-. Cristo resucita, la noticia es maravillosa, pero el mundo no ha cambiado automáticamente, mágicamente el mundo no ha cambiado. No sé si me explico. No hay mayor cambio, no hay mayor transformación, no hay mayor obra de Dios que la resurrección de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo. No hay una mayor obra de Dios. Y sin embargo, y sin embargo, fíjate lo que te estoy diciendo: El mundo no ha cambiado. Es decir, cuando María Magdalena llega con la noticia, cuando los apóstoles poco a poco, que es lo que vamos a ver en esta octava de Pascua, en estos próximos días, cuando los apóstoles empiezan a darse cuenta que es verdad, que es real, que si resucitó. Es una noticia para ellos, es una alegría, para ellos es un cambio profundo para ellos. Pero el mundo no había cambiado. Es decir, nosotros vivimos la alegría de la Pascua, la alegría de la Pascua la vivimos nosotros. Hasta cierto punto la entendemos nosotros y queremos compartirla nosotros. El mundo no sabe de eso y a la mayor parte del mundo, no le interesa eso. Entonces, llevar la noticia de la Pascua es entender que llevamos una luz que es bellísima, que es maravillosa, pero una luz que no le importa a mucha gente. Es llevar un amor que es luminoso, que es maravilloso, pero que no le importa a mucha gente. Esa es la realidad. Y por eso hoy, así como te invito a que te llenes de la alegría de la Pascua, te invito a que te llenes del realismo para entender que Dios ha hecho una obra en tu vida. Así como resucitó a Cristo de entre los muertos, Dios ha hecho una obra en tu vida, Dios ha cambiado tu existencia, Dios ha hecho maravillas en ti. Pero Dios, Dios a través de ti y de mí y de muchos otros; poco a poco irá haciendo una obra en el mundo. Porque el mundo no ha cambiado. Somos gente distinta en un mundo que no ha cambiado, somos gente con una noticia preciosa en un mundo que no ha cambiado, somos gente con una luz maravillosa en un mundo al que eso no le importa. Entonces, al mismo tiempo, hay que saber tener la alegría y la gratitud por lo que hemos recibido, y también tener la conciencia de que el mundo no ha cambiado ni le importa cambiar. Entonces hay que llevar esta luz al mismo tiempo, con un agradecimiento infinito y con una humildad y con un realismo muy grandes. Por eso tenemos que pedirle también a Dios, que nos dé la sabiduría para vivir este tiempo, para vivir esta alegría y para irla transmitiendo donde se pueda, como se pueda, porque no nos vamos a callar. Las obras del Resucitado siguen y es lo que vamos a encontrar en en los próximos días en la octava de Pascua. No, no nos vamos a callar ni nos vamos a acomplejar. Pero somos realistas, sabemos lo que tenemos por delante. Sabemos que la batalla sigue y sabemos que en muchos lugares nos van a recibir con ironía, con frialdad, con indiferencia. Eso no va a apagar el fuego que Dios ha puesto en nosotros. Así que, al mismo tiempo: tremendo gozo, tremenda gratitud y tremenda humildad y tremendo realismo. De nuevo, feliz Pascua para ti, el Señor sea tu gozo y tu esperanza. Amén.

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