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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cuando uno quiere simplemente una vida tranquila, segura, próspera y feliz, difícilmente le ve sentido a tanto sufrimiento de Cristo ni puede ver cómo su resurrección es victoria en favor nuestro. Pero al ver qué sucede en un mundo marcado por el egoísmo, y cuánta bondad y coherencia hay en Cristo, y cuánta luz y fuerza trae su Resurrección, la vida cambia para siempre.
Homilía pasc037a, predicada en 20220417, con 36 min. y 28 seg. 
Transcripción:
Hermanos, la resurrección de Cristo es un misterio tan grande, tan bello, tan profundo, que vamos a necesitar muchos días para reflexionarlo un poco, para profundizar. Podemos decir que la Pascua funciona como las ondas concéntricas que se forman a veces en un lago, por ejemplo, cuando usted arroja una piedra y se van formando ondas que van creciendo. En el centro de esa, de esas ondas está la Vigilia Pascual, que es al mismo tiempo la cumbre. Es lo más bello que tenemos en la Iglesia Católica. Pero después tiene usted el Domingo de Pascua, que es donde estamos ahora y después usted tiene la octava de Pascua, que es como una ampliación de esa misma alegría. Y después usted tiene el tiempo pascual, que son esos cincuenta días hasta Pentecostés y todo ese tiempo, de alguna manera gravita en torno a la resurrección de Cristo. No es entonces, no es entonces cualquier cosa. Es un dato, sí, es un hecho, sí, pero es un hecho cuyo significado solo vamos descubriendo poco a poco. Y una cosa muy bonita de estas lecturas que vamos a encontrar en todo el tiempo Pascual, es que nos muestran a seres humanos como nosotros, que también tuvieron dificultad en comprender, en darle un sentido, en sacarle un provecho al dato de la resurrección. Fíjate, por ejemplo, cómo terminó el Evangelio de hoy. No entendían lo que dice la Escritura, que Él debía resucitar de entre los muertos. No, éllos realmente veían, veían la, la causa de Cristo, el esfuerzo de Cristo, lo veían como un esfuerzo de mejorar a Israel, mejorar su nación, tal vez recuperar el Reino, echar a los romanos, volver a una situación de prosperidad, de tranquilidad, de abundancia. Esa era la idea que éllos tenían del Mesías. Una idea muy razonable porque la mayor parte de nosotros lo que queremos en la vida es eso, que nos vaya bien, que los problemas queden lejos y que haya prosperidad. Eso es lo que queremos, estar tranquilos, estar felices, poner los problemas a raya y avanzar en lo que a uno le interesa. Así como somos nosotros, así también eran aquellos discípulos. Ellos solo pensaban en eso. Por eso cuando Cristo se deja atrapar en el huerto y luego lo torturan de esa manera tan salvaje y luego muere, pues quedan absolutamente desconcertados. Y hay que decir que la noticia de la resurrección no los sacó automáticamente de ese desconcierto. Necesitaron tiempo, como se dice, tiempo para digerir lo que había acontecido, para tratar de darle un sentido. No entendían dónde encajaba eso de la resurrección. -Yo lo que quiero es una vida tranquila, que los problemas estén a raya, estar contento y que me vaya bien y prosperar. Eso es lo que yo quiero. Eso no tiene nada que ver con que tras, con que traicionen y con que torturen y con que asesinen a un pobre inocente. Mi vida no tiene nada que ver con eso y tampoco entiendo qué le agrega a mi vida la resurrección-. Si vamos a ser sinceros, muchos de nosotros hemos pensado, o tal vez pensamos de esa manera. ¿Qué tiene que ver conmigo que agarren a un pobre hombre absolutamente inocente, lo maltraten, lo maten y que después resucite?, ¿Cómo eso me ayuda a mí? Mire el Evangelio que leímos este año en la Vigilia Pascual. Mire la frase con la que termina: "Pedro se fue corriendo al sepulcro y al asomarse no vio más que los lienzos. Entonces se volvió a casa, maravillado, asombrado, extrañado de lo que había sucedido". Por eso la Iglesia, que es madre y es maestra, nos da tiempo, nos da todo este tiempo para que nosotros vayamos poco a poco digiriendo esa idea de que la muerte de Cristo tenía sentido y que la resurrección de Cristo es nuestra victoria. Esas son las dos frases claves que la muerte de Cristo tenía sentido y que la resurrección de Cristo es nuestra victoria. Bueno, pero como no voy a estar todo el tiempo pascual por aquí, entonces yo le pido al Espíritu Santo que me ayude para poder dar una versión resumida de la respuesta a esas dos preguntas. La muerte de Cristo tenía sentido y la resurrección de Cristo es nuestra victoria. Con el auxilio del Espíritu Santo, una explicación así nos puede ayudar, Nos puede ayudar para vivir de verdad este tiempo como Dios quiere que lo vivamos. Entonces empecemos con eso de que la muerte de Cristo tenía sentido. Partimos de la base de lo que nos muestra la Biblia. La Biblia nos muestra un pueblo, el pueblo judío, gente práctica, gente concreta, gente como dicen en inglés "Down to Eearth", gente pegada a la tierra, gente que sabe lo que es ganar, lo que es perder y gente que quería lo que muchas veces queremos nosotros y que ya he mencionado. Una vida tranquila, segura, feliz, próspera. Eso era lo que ellos querían. Bueno, entonces, lo primero que necesitamos es ver qué está mal en esa visión que parece la más natural, la más extendida. Llevar una vida tranquila, segura, feliz, próspera. No me meto con nadie. Nadie se mete conmigo. Ya está, arreglado el mundo. Pues esa visión de las cosas, que es la misma visión que tenían los judíos, tiene muchos problemas. Problemas que uno no le ve al principio. Por ejemplo, piensa esto: ¿Qué hacemos con la gente, que está siendo maltratada, con la gente que está siendo tratada injustamente?, ¿Qué hacemos con eso? Ese es el tipo de personas que Cristo tuvo más cerca a lo largo de su vida, es decir, los excluidos. ¿Qué hacemos con la gente maltratada, excluida, pobre? ¿Qué hacemos con ellos? Entonces, si yo me encierro solamente: -en que a mí no, no se metan conmigo, a mí déjeme tranquilo, a mí déjeme en paz-. Y yo lo único que quiero es llevar una vida tranquila y ser próspero y ser feliz. Y eso es lo único que a mí me importa. Entonces usted va a desentenderse de una cantidad de gente, va a desentenderse del pobre, va a desentenderse el que está siendo explotado. Pero no solo ellos. ¿Qué hacemos, por ejemplo, con los discapacitados? El discapacitado es una persona que interrumpe mi ideal de vida. Feliz, tranquilo, próspero. El discapacitado es una persona que se introduce en mi esfera, en mi vida. ¿Y qué hago con esa persona? Entonces en muchos países han tomado la decisión, no dejarlos nacer. Hacen una prueba durante el embarazo: -señora, parece que se presenta un fenómeno de trisomía, es decir, lo que llaman síndrome de Down. Va a ser una persona con unas condiciones intelectuales muy particulares, por no decir reducidas. Señora, el Estado le paga su aborto-. Matemos ya a esa criatura. Esa es la solución de ellos. Acabemos con los discapacitados. Pero cuando usted empieza a matar gente, cuando usted empieza a matar a los del síndrome de Down, después tiene que matar mucha gente. Porque en cuanto el anciano se vuelve inútil, ¿Qué hacemos con él? Matémoslo también. Entonces ahí está la eutanasia. Y si por ejemplo, el bebé está sano, pero, pero me va a dañar mi carrera, matémoslo también. Listo. Aborto pa todo el mundo. ¡Ajá! Y entonces empezamos a eliminar a una cantidad de personas, incluyendo que después nos van a eliminar a nosotros. Porque cuando a mí me dé el Parkinson, entonces ¿Qué hay que hacer conmigo? Matarme; ¿Entonces el mundo cómo se vuelve? El mundo se vuelve una jungla en la cual el que tiene el garrote más grande se impone. Es decir, el mundo se vuelve el mundo de los machos alfa, como dicen los que estudian esas cosas, en donde uno tiene un garrote y usted me mata a mí o yo lo mato a usted, yo me impongo sobre usted, usted se impone sobre mí y ese es un mundo salvaje. Y ese es un mundo lleno de traiciones. Porque piense usted, por ejemplo, en qué se vuelve el matrimonio con esa idea de que yo lo único que quiero es estar tranquilo, feliz, sin problemas? Entonces, ¿Qué pasa si mi esposa ya no me gusta? O se enferma o se vuelve Fastidiosa, pues la cancelo, así como cancelé el del síndrome de Down, así como maté al abuelito con la eutanasia o lo convencí de que se "eutanasiara" Ustedes saben que todo país que aprueba la eutanasia es una de las varias desgracias y maldiciones que han caído sobre Colombia, y hay que orar mucho. Todo país donde se ha aprobado la eutanasia es un país donde se presiona la eutanasia. Entonces usted mira, por ejemplo, Bélgica, Holanda, usted se da cuenta? Son los países que llevan más tiempo con la eutanasia. Usted se da cuenta cómo los médicos belgas empiezan a presionar a los ancianos para que se eutanasien, porque suponen un gasto inútil, porque todos quieren llevar una vida, ¿Cómo fue que dije? tranquila, segura, próspera, feliz. Entonces cancelemos, cancelemos, cancelemos. Punto. Entonces, el día que la esposa no me sirve, la cancelo. Y el día que el amigo no me sirve, lo cancelo. ¿Y qué se vuelve la vida entonces? La vida se vuelve un infierno de egoísmo y de individualismo, donde el más astuto sobrevive y saca la cabeza durante un momento hasta que llega otro y le da un garrotazo y se impone ese que después será derrotado. Entonces parece muy bonita la idea de un mundo tranquilo, seguro, próspero y feliz. Pero la verdad es que ese mundo se convierte en un mundo de egoístas, en un mundo que no quiere tener niños, ni quiere tener ancianos, ni quiere tener migrantes, ni quiere tener pobres, ni quiere tener discapacitados, ni quiere tener aburridos, ni quiere tener gente que piense distinto. Ese mundo se vuelve un campo, un gigantesco campo de concentración, con una élite que tiene todo y enormes multitudes que no tienen nada. Y si eso se le parece al mundo en el que estamos, no es coincidencia. Entonces lo primero que uno tiene que darse cuenta es que esa idea de que yo simplemente me voy a concentrar en lo mío, yo no me meto con nadie, yo solamente quiero una vida tranquila, segura, próspera y feliz. Esa idea no sirve, no sirve porque al principio parece bonita, pero en cuanto usted empieza a pensar en el que no tiene, en el que es explotado, en el que es discapacitado, en el que es anciano, en el que es enfermo, usted se da cuenta que la vida se vuelve un infierno. Entonces, a partir de ahí descubrimos algo bellísimo mis hermanos. Descubrimos la hermosura de la vida de Jesús, porque Jesús es esa persona extraordinaria que hizo del sentido de su existencia precisamente ocuparse de los que los demás desechan. Y por eso Jesús estaba rodeado de publicanos y de pecadores, y de enfermos, y de posesos y de todo lo que el mundo considera basura. Ahí estaba Jesús, al servicio de esas personas, dando esperanza, consuelo, apoyo, vida, sanación a todos ellos. Es extraordinario Jesús. Entonces ya vemos que la vida de Jesús no solamente tiene sentido, sino que incluso nos damos cuenta de que la vida de Jesús es en realidad el modelo de una vida con verdadero sentido. Como dice el Papa Francisco en "Evangelii Gaudium", uno de sus primeros documentos "El Gozo del Evangelio". A medida que el ser humano se vuelve egoísta, también se vuelve triste, se vuelve depresivo, se vuelve agresivo, se vuelve insoportable, se vuelve insaciable. Porque nosotros fuimos hechos no para encerrarnos en nosotros mismos. Así ese encierro tenga nombres bonitos como una vida tranquila, segura, próspera y feliz. Nosotros estamos en esta tierra para, para amar, para servir. Cuando le preguntaron a San Ignacio de Loyola -¿Para qué era la vida?, Dijo para amar y servir. Esa es la vida que tiene sentido, que tiene significado. Y esa es la vida de Cristo. Tenga paciencia, que aquí sigue la explicación. Ahora vamos con la muerte de Cristo. ¿Qué pasa cuando una persona empieza a vivir como Cristo? De nuevo, eso parece extraordinario. Parece dulce. Parece muy bello. Es lo que vemos en los Evangelios. Las multitudes que llegan a Él, los pecadores que son perdonados, los enfermos que son sanados, las masas que reciben alimento, como en la multiplicación de los panes. Es decir, es extraordinario. Pero los Evangelios son tan sinceros, los evangelios son tan claros que nos muestran algo. Y es que desde el principio. Prácticamente desde el principio de la misión de Cristo, empieza la oposición a la vida de Cristo, y ahora usted seguramente se lleva las manos a la cabeza y dice: -Pero ¿Por qué se van a oponer al único que de verdad ama, al único que de verdad sirve, al único que de verdad se entrega?, ¿Por qué la gente se opone a Él? ¿Por qué esa oposición contra Cristo? Y aquí viene una segunda parte de nuestra explicación. Resulta, que ese mundo egoísta que he descrito con breves palabras hace unos minutos, ese es un mundo que le reporta grandes beneficios a algunas personas. El mundo marcado por el pecado siempre es el mundo de una minoría repleta de derechos y privilegios y una mayoría carente de derechos fundamentales e incluso de lo más necesario. No puede ser otro el fruto del anti-evangelio que es el mundo, no puede dar otro fruto. Entonces, ¿Qué pasa? Que cuando usted empieza a predicar el Evangelio y cuando usted empieza a vivir el Evangelio, usted empieza a dañar negocios. Usted empieza a dañar ídolos. Y los que viven de esos ídolos y los que se aprovechan de esos negocios no se van a sentir felices con que usted viva el Evangelio, y eso fue lo que le pasó a Jesús. Éso fue lo que le pasó a Jesús. Entonces, demos un par de ejemplos de nuestro tiempo. Jesús quiere que usted, ame con sinceridad, que usted conozca la dignidad, que usted tiene como persona y que usted respete la dignidad y por lo tanto la vida y el cuerpo de las demás personas, y apenas menciono la palabra cuerpo empiezan los problemas, porque resulta que el cuerpo suyo es un cuerpo valiosísimo; tanto que San Pablo dice es templo del Espíritu Santo. Su cuerpo es súper, súper valioso, súper digno. Pero resulta que hay mucha gente que está haciendo gran negocio convirtiendo el cuerpo en un entretenimiento. Y ahí tiene usted el negocio de la prostitución masculina y femenina. Ahí tiene usted el negocio. . . ahí tiene usted el negocio de la pornografía y tiene usted muchos negocios. Alguien me dijo hace años que una tercera parte de lo que circula en Internet, leído por ancho de banda, una tercera parte de lo que circula en Internet es pornografía. Cuando usted piensa los volúmenes de gigabytes y de terabytes y de petabytes y exabytes que circulan en Internet. Y cuando yo le digo que una tercera parte es pornografía, usted se hace una idea de los negocios que hay detrás de eso. ¿Qué pasa si usted empieza a predicar el Evangelio? ¿Qué pasa si usted empieza a predicarle a las niñas prepago y a las niñas webcam?; Si usted les empieza a predicar a ellas que son preciosas ante los ojos de Dios, que la sangre de Cristo se derramó por éllas y que sus cuerpos son templos del Espíritu Santo. ¿Qué pasa cuando la niña webcam deja de ser niña webcam y empieza a ser una sencilla doncella jovencita, hermosa que quiere hacer un hogar? Usted daña un negocio. Cristo dañó muchos negocios. De hecho, el Evangelio daña demasiados negocios. Por eso nuestro mundo quiere que prosperen los negocios del vicio. Por eso quieren que seamos drogadictos. Por eso quiere que, quieren, como ya pasó en la alcaldía asquerosa de una ciudad de aquí de Colombia. Por eso quieren que los muchachos y las chicas se aficionen desde muy temprano a masturbarse, porque quieren que la gente sea adicta, porque le adicto es fácil de manejar. No hay nada más fácil de manejar que un adicto. Mire, la persona adicta al trago, por definición, solo piensa en su vicio. Déle trago, cóbrele el trago y jamás se le revelará. La persona adicta a la marihuana es muy fácil de manejar, dele su marihuana. Hágale pagar su marihuana. Lo tiene tranquilo y nunca se revelará contra usted. Háblele a esa persona de que puede ser libre en el nombre de Cristo, libre de cualquier vicio sexual, de droga, de trago, de lo que sea. Usted estará dañando cadenas de narcotráfico, cadenas de pornografía, cadenas de vicio, pero no solamente las ganancias económicas. Usted está ganando, usted está triunfando también sobre aquellos que estaban buscando otro tipo de ganancia. Por ejemplo, la ganancia en términos de honra. Piense usted que los fariseos y los letrados y los saduceos, es decir, la gente que más se menciona como adversarios de Cristo en el Evangelio. Piense usted que todas esas personas tenían un gran nombre, gran nombre. O sea, se supone que los fariseos y los escribas porque eran un dúo dinámico. Escribas y fariseos eran los grandes conocedores y los maestros de la ley. Se supone que eran los grandes maestros de la ley y se supone que eran la gran autoridad. Y Cristo empieza a decir: -Ustedes son unos grandes hipócritas. Ustedes se quedan con el dinero de la gente porque se supone que van a hacer largas oraciones. A ustedes lo único que les importa es la fachada-. Entonces ahora ya estamos terminando la segunda parte de esta explicación. Ahora se entiende por qué odiaban a Cristo. Porque es que el que predica el Reino de Dios, o sea el que predica a Dios reinando. Eso es lo que significa Reino de Dios. El que predica a Dios reinando daña a muchas mentiras y daña a muchas fachadas y daña a muchos negocios. Y aquí llegamos a la muerte de Cristo. Bueno, y ¿Ahora qué hacemos? Ahora que sabemos que predicar el Evangelio va a tener problemas, ¿Qué hacemos? Aquí hay que recordar a uno de los últimos mártires canonizados de nuestra querida América Latina. Estoy hablando del Santo Obispo Óscar Arnulfo Romero. Si usted mira la vida de Monseñor Romero, usted se da cuenta que él en su vida sacerdotal Y luego, en los primeros años de obispo, él no era una persona que estuviera obsesionada ni por el problema del dinero, ni por la desigualdad económica ni por nada de eso. Pero cuando él llegó a obispo allá en El Salvador, cuando él llegó a obispo, empezó a darse cuenta cómo se maltrataba al pobre y él se dio cuenta de lo mismo que hemos dicho en esta homilía que el egoísmo humano, el pecado del egoísmo humano, siempre produce lo mismo. Una pequeña élite que disfruta de todo y tiene todos los privilegios y enormes masas de desposeídos y perpetuamente explotados. Y entonces monseñor Romero empezó a denunciar y empezó a hablar de eso, entre otras muchas cosas. No es que Romero hablara únicamente de desigualdad social y económica. Pero empezó a hablar de eso. Y ¿Qué cree usted? Empezaron a amenazarlo, empezaron a amenazarlo, a callarlo a base de amenazas. Usted se calla o lo bajamos. Usted se calla o lo eliminamos. Usted se calla. Y ahora viene la pregunta. Si usted empieza a vivir el Evangelio y empiezan las amenazas, ¿Usted qué va a hacer Entonces? Tiene claramente dos posibilidades. La una es lo que se dice popularmente en Colombia: "patrasiarse" Es decir, echarse de para atrás y decir no, pues entonces mejor me callo y mejor limito mi lenguaje y mejor evito problemas. Esa es una cosa que hubiera podido hacer Monseñor Romero, pero Monseñor Romero, sin predicar que esto es grandioso, de Monseñor Romero, sin predicar la violencia, sí denunció la violencia, la violencia de esas bandas paramilitares que estaban acabando con los líderes sociales y que estaban impidiendo que el pueblo recuperara sus derechos. Monseñor Romero no predicó violencia, pero sí denunció violencia, y venían las amenazas. Entonces ¿Qué haces?, ¿Te echas de para atrás o sigues? Ese es Cristo. A Cristo le llegaron las amenazas. Alguna vez llegaron algunos y le dijeron: -¡Oye, oye, oye! Cuidado, cuidado, cuidado-. "Herodes te está buscando para matarte". A estas alturas de la vida, no sabemos si los que le dijeron eso eran enviados del mismo Herodes. Herodes te está buscando para matarte. Y Cristo respondió inmediatamente, -Yo tengo que seguir trabajando-. Esa fue la respuesta de Cristo. Entonces, ¿Qué llevamos hasta ahora? Hasta ahora lo que tenemos es lo siguiente: Que uno originalmente quiere una vida tranquila, segura, próspera y feliz, que después uno se da cuenta que esa no puede ser la vida en un mundo donde hay tantas injusticias, donde hay discapacitados, donde hay enfermos, ancianos y tantas personas con problemas. Que por consiguiente la única vida que tiene significado y sentido es la vida de Jesucristo. Pero que la vida de Jesucristo, como la vida de todo aquel que luche contra el mal, se va a encontrar con auténticos muros de violencia y que entonces hay que tomar una decisión a ver qué se hace. Por eso decía San Juan Pablo II; y lo decía a los jóvenes: "La juventud no es para el vicio, es para el heroísmo". O sea, ¿Cuál es el heroísmo suyo, joven?, ¿Dónde va a empezar el heroísmo suyo?, ¿O usted está viviendo únicamente para usted mismo? -Y a mí, déjenme en mi vida tranquila, segura, próspera y feliz, yo me pongo unos audífonos. Yo disfruto a mi música, no me meto con nadie y se acabó el problema-. Eso crees tú. Eso crees tú. Los problemas crecen. Los problemas se multiplican más allá de tus audífonos querido amigo. Entonces ahora entendemos por qué la muerte de Cristo tiene sentido. Ahora entendemos por qué esa muerte tiene sentido. Porque la otra posibilidad era echarse de para atrás. La otra posibilidad era decir: -Yo me evito problemas-. La otra posibilidad era quitarse y volverse por ahí un cobarde. Pero nuestro amado Señor Jesucristo es el primer valiente, por eso está en la cruz. Pero no le voy a repetir aquí todo lo que dijimos el Viernes Santo y todo lo que hemos reflexionado estos días, donde hemos visto que la muerte de Cristo en la cruz no solo es un testimonio de coherencia, sino es un testimonio de un corazón que es mucho más grande de lo que nosotros pensábamos, porque el Corazón de Cristo es tan grande que hasta sus verdugos cabían en la oración y en el amor de Cristo. Por eso vemos que la muerte de Cristo es una muerte que tiene absoluto sentido, total sentido. Nos falta ver por qué la resurrección de Cristo es nuestra victoria. Esa es la parte que nos hace falta. ¿Por qué la resurrección de Cristo es nuestra victoria? Porque ahora póngase a pensar. Imagínese que usted es, por ejemplo, una joven o un joven que está tratando de ver qué hace con su vida. Supongamos que usted es, por ejemplo eso, una persona joven que quiere saber qué hace con su vida y usted examina lo que es el mundo y usted examina lo que están haciendo con las leyes de destrucción. Y usted examina cómo el Estado cada vez más se convierte en un instrumento para volver viciosa a la gente. El vicio del juego, tenemos problemas serios, serios, de ludopatía, problemas muy graves de ludopatía. Ustedes tal vez no han oído llorar a un padre de familia diciendo: -No sé qué hacer con mi hijo. No hay manera de sacarlo de su consola de juegos-. Usted tal vez no tiene ese caso cerca, o tal vez sí. Tenemos el caso de adolescentes que duran veinte horas seguidas jugando. Éso se llama ludopatía. El mundo nos quiere así. Esclavos de una consola, esclavos de la pornografía, esclavos del vicio. Entonces nos damos cuenta que la vida de Cristo es la que tiene sentido. Y este joven que les estoy contando, este joven mira a la vida de Cristo y dice: -Me gusta, o sea, me gusta ese señor, me gusta lo que hace, yo quiero vivir así-. Pero usted se da cuenta que hay un grave problema y es que para cualquier persona que tenga un poquito de inteligencia, es evidente que si yo empiezo a vivir como Cristo me va a pasar lo que le pasó a Cristo. Por eso hemos terminado hace poco un retiro con unas hermanas a las que aprecio mucho. Se llaman: -Dominicas Nazarenas- y hemos hablado de la mediocridad. Y uno se vuelve mediocre. Y uno se vuelve mediocre por eso, porque uno ve eso y dice: -Da como miedito, da como miedito que a mí me pase lo mismo-. No necesariamente que me vayan a matar así, no necesariamente que me maten celebrando misa, como le pasó a monseñor Óscar Arnulfo Romero. Pero uno tiene alergia a la cruz- ¿Por qué? Porque nuestra carne sigue buscando. . . Tranquilidad, seguridad, prosperidad, felicidad. Y si tú estás con tu amada esposa, con tu amadísimo esposo y tienen su nido de amor y son tranquilos, seguros, prósperos y felices. Y el niño viene con síndrome de Down. Ese es el tema, ése es el tema que nos interesa aquí. Entonces uno se da cuenta que lo que dijo Cristo es serio y uno se da cuenta que lo que Él dijo de que o están conmigo o están contra mí, pues eso es verdad. Y entonces uno dice: -pero es que lo de la cruz está muy difícil, y sí, está muy difícil, eso es cierto-. Pero ¿Sabe una cosa? Ahí es donde llega la resurrección. ¡¡¡Ésa es la noticia de la resurrección!!! la gran noticia de la resurrección. Es la que hace, haber digámoslo así, con una palabra brusca, no vulgar, brusca. La resurrección es la que hace tragable el misterio de la Cruz. Tragable. Todo el mundo que quiere cambiar la historia pide sacrificios. Así, por ejemplo, los grandes predicadores del marxismo y del comunismo ateo siempre piden sacrificios. Sacrificios: -Hay que ajusticiar a la familia del Zar-. -Vamos a tener unos años muy duros-. "Hay que desplazar millones y millones de personas". Decía José Stalin; y cambió completamente la geografía étnica de la Unión Soviética. Hay que meter muchos cambios, pero ellos no tenían nada para prometer, nada. Entonces el marxista te dice: -Mira, se necesitan grandes sacrificios-. Y si tú le preguntas y si tú estudias el marxismo y tú le preguntas al marxista: -¿Y yo veré eso?- Si el marxista es honrado, que los hay. Si el marxista es honrado, te va a decir: -Usted no va a alcanzar a verlo-. O sea que usted me está pidiendo a mí que yo me sacrifique. -Sí. . . ¡¡Por el bien de un mundo nuevo!! Donde habrá para todos, donde todas las oportunidades serán para todos los medios de producción serán sociales. . .- A la luz de lo que uno ha visto en los países comunistas. Eso no suena que va a suceder. Pero ¡¡Supongaaamos!! ¡¡Supongaaamos!! que sí fuera a suceder. Supongamos, ¿Que le está pidiendo ese marxista a usted? Sacrifiquese usted que no verá nada, -Para que un día, ¡¡¡un día!!! habrá un nuevo mundo-. Mucho mejor está la propuesta cristiana. La resurrección, ¿Por qué es la gran noticia? La resurrección es la gran noticia, porque la resurrección es la que dice: -Si hay cruz, si hay camino de cruz, claro que hay camino de cruz; pero hay resurrección. Y el primero que lo demuestra es el mismo Cristo. La certeza de la resurrección, la alegría de la resurrección, la verdad de la resurrección es lo que le ha dado fuerzas a millones y millones de testigos, de mártires. Pero no solo los que han muerto violentamente. Hay personas que han tenido enormes renuncias. Piense usted en los grandes testigos de la caridad. Piensen en una Madre Teresa de Calcuta. ¿Usted cree que a la Madre Teresa de Calcuta le encantaba como olían esos pordioseros? ¿Usted cree que a ella le encantaban? ¿Le encantaba ver heridas y sangre y limpiar pus? ¿Usted cree que ella era feliz con eso? Ella tenía un motivo superior. Pero ese motivo superior supone una vida crucificada. Ella no murió mártir. Pero ella murió crucificada. Y todo aquel que ame y todo aquel que sirva y todo aquel que se entregue va a experimentar la cruz. No son solo los mártires, pero uno es un cobarde. Cuando uno entra por el camino de la cruz y uno empieza a ver que de verdad, de verdad hay muerte y de verdad, de verdad hay entrega y de verdad, de verdad hay sacrificio. Entonces sucede algo maravilloso y es que si uno cree en la resurrección, uno empieza ya en esta vida a experimentar la fuerza de la resurrección. Y por eso San Pablo dice: "Todo lo puedo en aquel que me conforta". Porque Cristo no es solamente un ejemplo, es una fuente de vida. Es una fuente de Gracia que uno la experimenta cuando uno empieza a creer en la resurrección y por eso la resurrección es nuestra victoria. Por éso la resurrección es nuestra victoria. Así hemos visto en versión abreviada, esta es la versión abreviada. Otro día comentamos la versión larga. Esta es la versión abreviada. Esta es la versión abreviada de por qué; la vida y la muerte de Cristo tenían todo el sentido; y por qué, la resurrección de Cristo es nuestra victoria. Y ahora entiende usted también ¿Por qué? yo le saludé con una sonrisa. Algunos sonrieron, otros no. Problema suyo. Por qué, yo le saludé con una sonrisa y le dije: ¡Feliz Pascua! Es por eso, porque la resurrección de Cristo es nuestra victoria. Amén. Amén.

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