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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
¡FELIZ Pascua! Prisa, Riesgo, Amor, Decisión y Oración: cinco lecciones de las mujeres que fueron temprano al sepulcro.
Homilía pasc033a, predicada en 20200412, con 14 min. y 26 seg. 
Transcripción:
Mis queridos hermanos, Feliz Pascua. No nos cansamos de decirlo. Una Pascua distinta. Una Pascua que seguramente no olvidaremos en el resto de nuestra vida. Estoy adelantando por Internet una sencilla encuesta. Ya la han respondido cerca de doscientas personas y la única pregunta en esa encuesta es: ¿Cómo compara usted esta Semana Santa con otras Semanas Santas? Le parece que está, como usted la ha vivido, ¿Es mejor que otras? ¿Es más o menos lo mismo?, o tal vez esta, no es tan buena en términos de fruto espiritual como otras. Esa es la pregunta, la única pregunta; escoja una de esas tres posibilidades. Y en el momento de iniciar esta Eucaristía, cerca del setenta por ciento de los que han querido responder, esa encuesta, es libre; por supuesto; han dicho: -esta Semana Santa ha sido mejor-. Era algo que yo presentía, pero de todas maneras quise hacer esa encuesta. Que, quedará abierta por unos días. Esta ha sido mejor; en medio de la precariedad, en medio de las privaciones, en medio de las limitaciones, -esta ha sido mejor-. Leyendo también lo que algunos escribían cuando terminábamos ayer, anteayer, el retiro espiritual que hicimos. Hicimos un retiro espiritual virtual y participaron muchas personas. Cada día se estaban conectando setecientas, ochocientas personas. Bendito sea Dios. Y en ese retiro espiritual, luego en las conclusiones, en lo que nos escribieron, en lo que enviaron también por archivos de audio, la gente decía: -He vivido una Semana Santa distinta. He tenido el tiempo y la actitud para profundizar, para vivir con mayor amor, con mayor intensidad la Semana Santa-. Yo creo que es algo muy bello, es algo muy bello porque yo siento que aunque las circunstancias no son fáciles y aunque el mundo tiene que llorar, a fecha de hoy más de cien mil muertos en esta pandemia, y eso, por supuesto, también quedará grabado en nuestras almas. Aunque no son fáciles las circunstancias, no podemos negar. -Dios nos está bendiciendo-. -Cómo cerrar los ojos ante esa bendición de humildad, de sensatez, de fraternidad, de recogimiento-. Para muchas personas esta es una Semana Santa que será inolvidable, no solamente ni principalmente por un virus que nos contagió, sino por el contagio del amor divino que entró más profundamente en nuestras almas. ¿De quién podemos aprender a vivir esta Semana Santa?, Aprendamos de las mujeres. Todos los relatos de los Evangelios nos hablan de mujeres que temprano el día domingo fueron a la tumba. Grupos de mujeres. Entre ellas, por supuesto, destaca María Magdalena, por supuesto que sí. Pero no es la única, son varias mujeres las que van en esa mañana. Aprendamos de ellas. Vamos a aprender cinco, cinco lecciones de estas mujeres. Y para que se nos graben estas cinco lecciones, yo les invito a que memoricemos una palabra. La palabra -prado-, es fácil de recordar, porque en tiempos de Jesús, el lugar donde Él fue puesto era una especie de jardín que quedaba cerca del lugar de la calavera y era un lugar donde estaba un sepulcro nuevo. Nadie lo había utilizado y era una especie de jardín. Por eso la misma María Magdalena le va a decir a Jesús: -Si eres tú el jardinero, dime ¿dónde has puesto el cuerpo?-. Era una especie de jardín y en un jardín es muy fácil recordar la palabra -prado-. Entonces nuestras cinco lecciones van con la palabra prado P- R- A- D- O. Y estas cinco palabras que tienen su resumen en la palabra -prado-, que es fácil de recordar. Estas cinco palabras tienen que ver con lo que hicieron las mujeres. La P nos habla de la prisa que tenían. La R nos habla del riesgo que asumieron. La A nos habla del amor que expresaron. La D nos dice que tuvieron verdadera decisión, aún sin tener claro cómo iban a resolver los problemas Y la O nos habla de la oración, el espíritu de oración que ellas tuvieron y que nosotros hemos de tener -Prado-. Aquellas mujeres tenían prisa, tenían prisa porque sentían que tenían una deuda con el cuerpo de nuestro Señor Jesucristo. Recordemos que en el judaísmo ha habido siempre un gran respeto por el cuerpo humano. Si el cuerpo humano está vivo es el respeto por una obra de Dios en la que se refleja su imagen. Si ese cuerpo está enfermo, entonces la gloria de Dios se muestra particularmente en una curación. Ese cuerpo no puede ser tratado de cualquier manera. Por eso la moral sexual del pueblo judío fue siempre la más alta de toda la antigüedad. Revísalo, te lo digo en serio, revisa las culturas de la antigüedad; ninguna cultura tuvo tanto respeto por el cuerpo, ninguna. Y todo lo que tiene que ver con el sexo, con la fecundidad, con el periodo de la mujer. Todo, todo tiene un gran respeto en vida. Y luego, si la persona muere, hay también un gran respeto. No se puede tocar de cualquier manera el cadáver, hay que prepararlo y esa preparación fue la que no se pudo hacer, el Viernes Santo. Entonces, estas mujeres llenas de piedad, otra palabra con P, estas mujeres piadosas sienten que tienen una deuda con ese cadáver, que a toda prisa, apenas envuelto en unos, en aquellos aromas de mirra y de áloe; apenas envuelto en esos aromas y con este sudario, fue puesto a prisa porque ya empezaba el sábado. Recordemos que para los judíos el sábado y en general cada día empieza con la puesta del sol. De manera que cuando el sol se oculta, el viernes, ya ahí empieza el sábado. Como Cristo murió a las tres de la tarde, ustedes y yo podemos imaginar: las prisas en las que ellos tuvieron que realizar la sepultura de Cristo. Entonces ellas tienen prisa porque tienen piedad. Segundo, Riesgos. Claro que esto entrañaba riesgos. Efectivamente, todos tenían que saber que había soldados puestos por orden de Pilatos. Un piquete de soldados las iba a esperar en el sepulcro. ¿Se podía pensar que esos soldados las iban a tratar con respeto, o les iban a ayudar de alguna forma? Siendo honestos, no, no se podía esperar eso. Y sin embargo, ellas asumieron ese riesgo. Y la explicación de esa R de riesgo está en la siguiente letra, la A de amor. El que ama se somete a algunos riesgos. Tengamos en cuenta que estas mujeres piadosas no solamente habían asumido ese riesgo, ¿quienes estuvieron cerca de la cruz?. -Mujeres-. Cuando los apóstoles varones acobardados habían huido todos y solo se había quedado el que tenía cierta certeza de que no lo iban a tratar mal porque era pariente del sumo sacerdote. Estamos hablando del evangelista Juan. Cuando todos los hombres se habían ido, ahí se quedaron junto a la cruz las mujeres, empezando por la Santísima Virgen. Ese es el valor que da el amor. El amor hace que la persona pase riesgos, atraviese riesgos. Por el contrario, el que tiene poco amor rápidamente se frena, se acobarda, se detiene ante cualquier dificultad. -No, yo qué voy a hacer yo allá el ridículo, eso hay mucho problema, esos soldados no van a dejar hacer nada-. El que tiene poco amor no acepta riesgos. Los evangelios nos cuentan de otra mujer que pasó por otra clase de riesgo. Recuerdas a aquella que era pecadora, pública y que entra en la casa donde estaba Jesús cenando y llora, y con su llanto cubre los pies del Señor delante de la gente que estaba ahí. ¿Es que no se podía dar cuenta ella, qué opinión tenían sobre ella? ¿Y qué opinión tendrían sobre lo que ella estaba haciendo? Por supuesto, tenía que darse cuenta. Ella sabía el riesgo que estaba corriendo. Posiblemente la iban a echar de esa casa con las peores vulgaridades. Pero corrió ese riesgo. ¿Por qué? Porque tenía mucho amor. Mucho, pero mucho amor por Cristo. P de prisa, R de riesgo, A de amor, D de decisión. Esa decisión es otro fruto del amor. No basta con tomar unos cuantos riesgos. La decisión de ser de Cristo ha de ser una decisión permanente. Y esta decisión fue tan firme en ellas, que cuando, por ejemplo, según cuenta otra aparición, un ángel, envió a las mujeres, como se lee en el texto de la Vigilia Pascual de este ciclo A, cuando el ángel envió a las mujeres, donde los apóstoles; ellas sabían seguramente cómo las iban a recibir, esos apóstoles: las recibieron muy mal. No les creyeron, creyeron que eran fantasías de ellas, con un machismo típico y doloroso, creyeron. . . , -No, esas son histerias de esas mujeres, pobrecillas-. Pero ellas tenían resolución, tenían decisión y por algo nuestro Señor Jesucristo encomendó a una mujer, encomendó a una mujer a María Magdalena, para que fuera la apóstol de los apóstoles, cuando ellos estaban confundidos, indecisos y asustados. Una mujer les mostró lo que es tomar una decisión. Muchas veces las mujeres han cumplido estos papeles, realmente valientes, en la historia de la Iglesia. Recordemos, por ejemplo, cómo cuando una pandemia, una terrible peste, azotaba Europa, una mujer que tomó una decisión de organizar lugares donde pudieran ser atendidos los enfermos, fue Santa Catalina de Siena, que por eso es patrona de enfermeras, por lo menos en la ciudad de Italia. Mientras muchos huían, esta mujer tomó una decisión: -Y si me muero, me muero- Pero no voy a permitir que estos enfermos, se queden sin ser atendidos. ¡Qué hermoso, una mujer! Si leemos las palabras de una Brígida de Suecia, si leemos las palabras de una Juana de Arco, si leemos las palabras de una Bernardita Soubirous, que tiene que afrontar desde su nada, tiene que afrontar el proyecto de hacer lo que hoy es Lurdes. Eso es ser decidido, eso es tener resolución y realmente estas mujeres a todos nos enseñan hoy, seamos hombres o mujeres de nuestro tiempo, estas mujeres nos enseñan muchísimo. La última letra es la letra O que nunca debemos olvidar, es la oración. ¿De dónde sacaremos esa prisa, ese asumir los riesgos, ese llenarnos de amor y ese tener una vida realmente resuelta por Cristo, como nos dijo San Pablo en la segunda lectura de hoy?. Pablo nos dice: "Habéis muerto, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de allá arriba, donde está Cristo" . ¿De dónde sacaremos? ¿De dónde sacaremos ese impulso? ¿De dónde, si no es de una vida de oración? Mis hermanos, tengamos esa resolución en nuestro corazón, aprendamos de estas santas mujeres y que esta Pascua, que ya ha traído tantas bendiciones como dicen las encuestas, que esta Pascua sea fuente de una vida realmente renovada, vida nueva para todos nosotros. Así sea.

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