Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

SOLEMNIDAD DE LA PASCUA - La Pascua trae alegría porque el pecado no tiene la última palabra, porque el señorío de Cristo está más allá de lo que alcanzan los poderes de este mundo y porque todo lo que anhelas es posible.

Homilía pasc032a, predicada en 20200412, con 6 min. y 11 seg.

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Transcripción:

¡Feliz Pascua para todos!. Una Pascua que estamos celebrando en condiciones muy peculiares. Creo que ninguno de nosotros esperaba algo así para esta Pascua, pero nunca más cierto que ahora. Aquello que nos dice la carta a los Hebreos: -Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre-. Antes de la pandemia, en la pandemia o después de la pandemia, Jesucristo es el mismo y por eso nuestra alegría por su triunfo es la misma. Tal vez incluso un poco mayor, porque este tiempo prolongado de reflexión, yo creo que hace que tengamos como una caja de resonancia mayor para recibir su palabra. Bien sabes que, por ejemplo, una guitarra necesita una caja de resonancia y esa caja amplia de resonancia que Dios está puliendo en ti, en mí, en muchos de nosotros. Seguramente está sucediendo con las dificultades que hemos tenido este año. Así que de nuevo, feliz Pascua para todos.

Bueno, y ¿qué nos trae la Pascua? ¿Qué podemos decir que es alegría para nosotros en la Pascua? Y repito, en estas circunstancias. Mira, hay tres enseñanzas permanentes de la Pascua. No debemos dejar perderlas. La primera gran enseñanza es que el pecado, el mal, no tiene la última palabra, no la tiene. El pecado no tiene la última palabra.

Es interesante hacer el contraste entre los relatos de los Evangelios y algunos textos del Antiguo Testamento. Por ejemplo, si tú miras la ley de Moisés, es decir, los primeros cinco libros de la Biblia, lo que se llama el Pentateuco, esos cinco libros terminan con el libro del Deuteronomio y el libro del Deuteronomio nos presenta al final lo que podríamos llamar el testamento de Moisés.

Con todo el respeto y el amor hacia Moisés y hacia el pueblo judío de hoy. Todos debemos estar de acuerdo en que el Deuteronomio termina en una larga declaración de pesimismo, porque básicamente lo que termina diciendo Moisés al pueblo es: -Miren, esta es la ley, este es el camino y es un camino en la verdad y es un camino en amistad con Dios, pero ustedes no van a poder con ese camino-. Y esa es una mala noticia, es una noticia triste.

Y cuando Josué va a morir, Josué a sus ciento diez años de edad, va a morir, también, Josué le habla al pueblo. Josué fue el gran ayudante de Moisés, en su juventud, Josué fue el que acompañó a Moisés más de cerca y Josué fue el que introdujo al pueblo en la tierra prometida, y tú te esperarías un cambio de lenguaje; pero no llega Porque las últimas palabras de Josué también son: -ustedes van a fallar, esto no va a funcionar, ustedes no están a la altura de la alianza que Dios quiere con ustedes-.

Entonces, en las palabras de un Moisés, en las palabras de un Josué, en palabras que literariamente se atribuyen a Salomón, las del libro del Eclesiastés, lo que se destila, lo que aparece es el pesimismo. Es el ver que el mal se repite, es ver que la naturaleza humana no da más. Y por eso es maravilloso acercarse a la Pascua. Y por eso es maravilloso entrar como hemos entrado de lleno, de lleno en el relato de la cruz de Cristo y de la Pasión de Cristo, y luego salir, salir como de ese túnel oscuro y ver el esplendor del cuerpo resucitado del Señor y ver que el pecado no tiene la última palabra.

Otro tanto hay que decir de los poderes de este mundo: Mira todos los poderes de este mundo, tantas veces inicuos, tantas veces egoístas; los poderes de este mundo únicamente pueden llegar hasta la muerte. Los poderes de este mundo no pueden ir más allá, y el señorío de Cristo está más allá. San Pablo nos dice: -Él Cristo vive resucitado de entre los muertos-, vive resucitado. Es decir, Él vive más allá, más allá de lo que alcanzan los poderes de este mundo. Es una lección hermosísima, es algo absolutamente precioso y por eso la Pascua sigue siendo para nosotros un motivo de inmenso gozo, un motivo de tremenda alegría.

Y hay un tercer, una tercera razón, un tercer motivo para alegrarnos siempre, siempre en Pascua. ¿Sabes qué? Mira que: nosotros, cada uno de nosotros tiene en su corazón anhelos que sabemos que no van a quedar satisfechos en esta tierra. El anhelo de sabiduría, el anhelo de belleza, el anhelo de felicidad, el anhelo de comunión, de amistad, esos anhelos no van a quedar resueltos en esta tierra; es imposible.

La Pascua. ¿Qué está diciendo? ¿Sabes lo que está diciendo? Que tu corazón no te engaña. Que en el fondo lo que anhela tu corazón sí es posible, sí, puede suceder. La Pascua te está diciendo la Pascua de Cristo primero entre nosotros, adelantado el primero, el que va delante.

Cristo nos está diciendo: -Tu corazón no te engaña, eso que tú anhelas es posible-. Hay que pasar por una puerta muy estrecha, es la puerta de la muerte, pero tu corazón no te engaña. Eso que anhelas sí es posible y es posible en Cristo el Resucitado.

Otra vez lo digo: Feliz. Feliz Pascua para todos.

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