Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La fuerza de la Resurrección empieza ya en esta vida

Homilía pasc031a, predicada en 20190421, con 39 min. y 11 seg.

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Transcripción:

Amados hermanos, este es el saludo que uno como sacerdote suele dar cuando va a empezar la homilía. Queridos, amados hermanos. ¿Y cuál es la razón de ese amor? La razón la encontramos hoy. Hay un amor que salió de la tumba. Hay un amor que venció a la cruz, hay un amor que va llenando al mundo poco a poco a través del Evangelio. Es el amor de Jesús. Y si te digo que eres un amado hermano, es porque en primer lugar eres amado por Jesucristo. Luego, ese Cristo que también está en mí, reconoce tu presencia y por eso en un mismo amor que es el amor de Jesús. Aprendemos a querernos como hermanos.

Hoy es el día de la Pascua, el gran día de la resurrección del Señor. Y en este año no habrá otro día como hoy. Felices nosotros que estamos en esta Eucaristía, felices nosotros que podemos unirnos al Resucitado, cantarle con toda la fuerza de nuestra voz, con toda la dulzura de nuestro corazón. Pero el misterio de la Resurrección es muy grande. Es tan grande que la Iglesia misma es consciente que no cabe en un solo día. Por eso vamos a tener toda una semana. De hecho, ocho días desde este domingo hasta el próximo domingo. Y por eso se llama una octava. Hoy está empezando la octava de Pascua.

Octava se llama como tienen octavas los músicos cuando suben, por ejemplo, de una nota, digamos Do hasta el siguiente Do. Así también nosotros vamos desde este domingo hasta el próximo domingo. Es tan grande lo que hay que celebrar en la resurrección, que es como si la alegría, la bendición, el perfume de hoy no cabe en 24 horas, sino que se derrama, invade al lunes. O sea que mañana es lunes, pero sigue siendo domingo y el otro día es martes, pero sigue siendo domingo. Y así hasta el otro domingo. Estamos hablando de una inundación. Es la inundación de la Gloria Divina. Es la inundación de la Gloria del Padre. Es la inundación del amor de Jesús. Y yo solamente espero que tú te sientas también así, amado. Que por encima de todo y por encima de todo, otro amor, incluyendo el amor de tus hijos, de tu mamá, de tus hermanos, de tu novia, de tu esposo, por encima de todos los amores. Te sientas amado por esta inundación que sale del sepulcro.

Es, pues, un misterio muy grande. Es un misterio que nos desborda, desborda nuestros días que resultan tan chiquitos frente a la Pascua, desborda nuestra mente que es incapaz de comprender lo que quiere decir. Todo lo que hoy celebramos desborda nuestro corazón, que podría fácilmente morirse de alegría. Así como el viernes se moría de tristeza. Y ya que menciono el viernes, aunque la muerte del Señor también es un misterio muy grande, de alguna forma lo sentimos más cercano a nosotros, porque nuestros propios dolores, nuestros fracasos, por qué no decirlo, nuestras llagas, de alguna manera conectan con las llagas del Crucificado. Pero ¿Cómo podemos acercarnos aunque sea un poquito al misterio del Resucitado? Esto es más difícil y se nota en el arte hay imágenes realmente muy buenas del Crucificado.

Encontrar una imagen del Resucitado es una tarea mucho más difícil, porque, como he dicho en otras ocasiones, casi siempre lo que vemos es un hombre, un varón de muy buen cuerpo, con su piel casi completa, excepto por unas pequeñas manchas en las manos. Es difícil conectar con esa realidad. ¿Cómo puedo ver la resurrección y que signifique algo en mi vida? Esa es la pregunta que trataremos de responder apelando al Espíritu Santo que Jesús envía con abundancia a este día. ¿Cómo puedo conectar con la resurrección? Se me ocurre que nos puede servir acercarnos a la experiencia que tuvieron los discípulos; al fin y al cabo, ese es el camino que propone la liturgia de la Iglesia.

Por ejemplo, en cada uno de los días de esta octava de Pascua, es decir, hasta el próximo domingo, lo que vamos a encontrar y a escuchar son las apariciones, los testimonios de aquellos primeros discípulos, hombres y mujeres que sorprendidos, desbordados por una experiencia que no puede ponerse en palabras, se encontraron con el Resucitado. ¿Y qué aprendemos de las experiencias que ellos tuvieron? Vamos a quedarnos con tres palabras y espero que estas estén muy grabadas en nuestro corazón al terminar la predicación. La primera palabra es "Libertad". La segunda palabra es "Coherencia". Y la tercera palabra es "Cielo", libertad, coherencia y cielo. A ver cómo funciona con la ayuda de Dios.

Hablemos de la libertad. Uno no se da cuenta de las cadenas que tiene mientras no intenta moverse. Hay un juego, una travesura, que cuando yo era joven, esto fue el siglo pasado, Se hacía en el colegio donde yo estudiaba. A veces una persona, un compañero de salón, estaba sentado y algún chico travieso le desataba con cuidado y por detrás los cordones de los zapatos y se los amarraba entre sí. O si el largo del cordón daba, se los amarraba a la pata de la silla. Después de hacer su travesura, el muchacho se quedaba esperando el momento. Y ¿Cuál era el momento? El momento en el que hubiera que pararse o en el que hubiera que salir; cuando el pobre desventurado se levantaba; porque iba a salir al recreo, lo que fuera. . .

No podía moverse y al suelo iba a dar o hacía gran escándalo con su pupitre que se sacudía, travesuras de muchachos. Pero ese ejemplo tan sencillo, sirve para entender una cosa; uno solo sabe lo prisionero que está cuando intenta moverse. A esta experiencia de Semana Santa en Pauna me han acompañado un gran número de amigos que están aquí presentes. Ustedes los pueden distinguir porque todos están despiertos, alerta, en una gran actitud de atención para vivir hasta el final su Semana Santa. Bueno, estos jóvenes, hablo sobre todo a los jóvenes, y también los adultos han tenido experiencias que no habían tenido antes. Por ejemplo, uno de ellos contaba que en un viacrucis que se hizo en alguna vereda en Santa Rosa, iba a llevar la cruz y entonces él dice: -pues si todos la llevan yo también la voy a llevar-. Y resulta que dos minutos después de ponerse la cruz ya estaba pidiendo ayuda, y algún buen hombre de aquella vereda se compadeció y llevó la misma cruz quince o más minutos.

Uno no sabe lo que tiene hasta que lo pone a prueba y uno no sabe lo prisionero que está hasta que se pone a prueba. Ellos mismos han tenido un ejercicio de convivencia y la convivencia le muestra a uno cuánta paciencia tiene, qué tan obediente es, qué tan generoso es, qué tan colaborador es. Si a uno lo entrevistan en la sala de la casa y le dicen: ¿Usted es una persona colaboradora? -Sí, si, si uy, yo soy muy colaborador-. Pero cuando llega el momento en el que se necesita. Cuando usted se pone en movimiento, ahí tal vez se da cuenta de cosas, ahí en el momento de la prueba es cuando uno se da cuenta de los miedos que tiene, del cansancio que tiene, de lo egoísta que uno es, de lo tímido que uno es, solo en el momento de la prueba. Por eso decía un gran teólogo Yves Congar, decía: -Aquello de llevar el Evangelio a todas las naciones, sólo sabremos bien qué significa cuando lo hayamos hecho-.

Porque uno no sabe cómo es el camino, pero uno tampoco se conoce como caminante. Solo cuando uno hace el camino empieza a darse cuenta de lo prisionero que está de tantas cosas. Digo todo esto porque los apóstoles estaban prisioneros, los apóstoles tenían muchas prisiones, sobre todo prisiones de miedo. Mira cómo en la Última Cena, todos, empezando por Pedro, decían: "Por ti me voy a hacer matar". Pero es que todavía no había llegado la prueba. Cuando llega la prueba, el miedo lo encadena. Lo encadenó allá, junto a una hoguera y por allá estaban torturando a Cristo. Y aquí estaba Pedro.

Y cuando la empleada del servicio le preguntó: "¿Tú no eras de éllos?" Pedro dijo: -No, no, no, yo no, yo no, yo ¿Qué? Yo no tengo nada que ver-. Se asustó. ¿Por qué?, Porque tenía miedo. Entonces el miedo es una gran cadena. Y ellos tenían razón para tener miedo. Por la crueldad de los romanos, por el autoritarismo de los fariseos, por las maquinaciones de los sumos sacerdotes. Ellos tenían razones para tener miedo. Y el miedo lo paraliza a uno. El miedo surge cuando hay una amenaza y hay muchas personas que gobiernan con amenazas, amenazas. Hay regiones enteras de este país que han estado marcadas por las amenazas. Y el miedo se ha posado en algunas partes de Colombia. Y tengo que mencionar del amado occidente de Boyacá. Sí, el miedo ha caído aquí.

Miedo a esos patrones poderosos que mandan matar gente. Miedo cuando me llega la boleta. Miedo cuando no sé si el otro está armado. Miedo porque los otros saben donde vivo yo y donde estudian mis hijos. Miedo. Los apóstoles tenían miedo también a los poderosos. Y es verdad que el miedo, en cierta medida, sirve como sistema de alerta y nos protege de muchos males. Pero el exceso de miedo nos paraliza. Y los apóstoles estaban paralizados. Vamos a escuchar en las lecturas de estos días que ellos estaban encerrados. Y dice la Escritura ¿Por qué estaban encerrados? Por miedo a los judíos. ¿Qué tal que a mí me hagan lo mismo? La cruz. Pero sobre todo, la resurrección trae libertad. Porque a Cristo. Esta es tal vez la frase más importante hasta este momento. A Cristo le hicieron ¡todo! Todo lo malo que le podían hacer, se lo hicieron. Todo. Hasta llevarlo a la muerte y al sepulcro.

Pero después ha resucitado. Y la muerte, nos dice San Pablo, -Ya no tiene poder sobre Él-. Es decir, que si hay un desenlace y si hay una resurrección, la última palabra no la tienen los matones. Si hay un desenlace en Dios y si hay una resurrección, la última palabra no es la de la crueldad, no es el poder del fajo de billetes, no es el poder de la amenaza. Si hay resurrección más allá de la muerte. Porque todos los matones tienen poder solo hasta matar. La muerte acaba con el poder del matón. La muerte acaba con todas las amenazas. Lo peor que se le puede hacer al ser humano fue lo que le hicieron a Cristo. Y el que llega a la muerte ya está más allá de las amenazas. Cristo vivo, Cristo resucitado, está más allá de las amenazas, está más allá de los matones, está más allá, mucho más allá de los poderes de este mundo. Y cada uno de los que ha sido discípulo de Cristo hasta la muerte ha demostrado ese poder.

Yo quiero recordar aquí la figura tan significativa de San Óscar Arnulfo Romero, Obispo, mártir de El Salvador. Quiero recordar a ese obispo; porque ese obispo tuvo que enfrentarse a gente muy poderosa y muchas veces fue amenazado de muerte y ellos creían que a base de amenazas lo iban a callar. Pero este hombre siguió y él siguió porque él creía en el Resucitado. Y eso consta en sus homilías y consta en sus escritos. Y por eso el que cree en la resurrección siente miedo, porque lo van a torturar, siente miedo porque lo van a secuestrar, pero vence al miedo, porque el matón no tiene poder para siempre. El matón solo tiene poder hasta la muerte. Y hay vida después de la muerte. Y en eso creyó Oscar Arnulfo Romero. ¡¡¡Y lo mataron celebrando misa!!! Y ahí estaba el hombre. Y ahí estaba el hombre.

La resurrección da libertad. ¿Por qué? Porque el Cristo resucitado me recuerda que más allá de la muerte hay vida y que el poder del matón solo llega hasta la muerte. Si usted no cree en la resurrección y lo amenazan de muerte, usted se achica y yo se lo entiendo. Pero si usted se achica y se paraliza y lo neutralizaron; humanamente, yo lo entiendo, pero fíjese que vencieron éllos. La grandeza de Oscar Romero y de tantos otros verdaderos testigos de Cristo es que supieron enfrentarse a los matones sin otra arma que la oración, la fidelidad al Evangelio y el servicio amoroso a los más pobres. Oscar Romero creía en la resurrección, y ahí está su victoria. O sea que la resurrección trae libertad. ¿Por qué? Porque todos los imperios de este mundo, todas las amenazas de este mundo y todos los matones de este mundo se acaban con la hora de la muerte.

Es cosa muy fuerte creer en la resurrección. Es algo tan fuerte que cuando los apóstoles, ya llenos del Espíritu Santo, empezaron a predicar la resurrección, los sumos sacerdotes que no creían en la resurrección se asustaron y empezaron a darles fuete, y a golpear y a torturar a los apóstoles para que no hablaran de la resurrección. Porque los sacerdotes de aquel tiempo presentían y presentían con razón, que aquel que cree en la resurrección es invencible. Lo demuestra Óscar Romero y lo demuestran todos los verdaderos mártires. La segunda palabra se entiende inmediatamente: La coherencia. Coherencia es esa virtud que admiramos tanto y tenemos tan poquito. Coherencia es la capacidad de creer y sostener lo mismo pase lo que pase. Y si hay algo admirable en la Pasión de Cristo, mis hermanos, es la coherencia del Señor.

A mí me impactan dos preguntas, la que le hace Caifás, el sumo sacerdote; y la que le hace Pilatos, el procurador romano. Lo que le pregunta Caifás es: ¿Eres tú, el Mesías? Esa pregunta significaba la vida o la muerte para Jesús. Sí Jesús hubiera dicho: -Bueno, según la interpretación de algunos exégetas, puede decirse que yo tengo una cierta capacidad de cambio e impacto en la sociedad. En ese sentido metafórica, simbólicamente hablando, desde una hermenéutica compleja pero al mismo tiempo simplificada, podría decirse. . . - Si Jesús se hubiera metido con un discurso así bien raro, o si hubiera negado que era el Mesías, le daban una golpiza y lo dejaban libre, salvó el pellejo. Pero ¿Qué dice Cristo, sabiendo que con esa respuesta se le va la vida?, "¿Tú eres el Mesías?". "Sí. Y desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la derecha del Padre". Con eso firmó su sentencia de muerte. Eso se llama coherencia.

Pilato le pregunta: "¿Tú eres rey?" Resulta que la principal acusación que presentaron las autoridades judías, para lograr que Pilato detestara a Cristo fue presentarlo como rey. Porque como Pilato era el representante del gobierno de los romanos, al presentar a Cristo como rey, lo estaban presentando como un rebelde que va en contra del emperador romano. Era una estrategia inteligente. Le pregunta Pilato: "¿Tú eres rey?" Segunda ocasión en que Cristo hubiera podido decir: -En la medida en que mis palabras tienen un impacto en el sistema de valores del conjunto de la sociedad y motivan poco a poco un cambio. Se puede decir que yo tengo una influencia equiparada- No, Cristo no entra en esos discursos. -¿Tú eres rey?- "Sí, para eso nací, para eso vine al mundo. Mi reino no es de este mundo, pero yo soy rey". Cristo en ese momento se estaba jugando la vida y la jugó. Por la Gloria del Padre. Y por ti, y por mí. Eso se llama coherencia y eso se llama consistencia. Y eso se llama verdad.

Utilizando esa expresión que me gusta de los mexicanos, nuestro Señor Jesucristo -no se rajó-. No se rajó, se mantuvo en lo que era, se mantuvo en la verdad. Y esto es muy valioso porque nuestra sociedad está como está, porque la gente se raja, se raja en el sentido mexicano, es decir, promete una cosa y después no la hacen. El día que están aquí en el altar y está el párroco, le pregunta a ese hombre: -Tiburcio, ¿Acepta a Hipoplasia, como esposa. Para amarla. Y respetarla en la salud y en la enfermedad, en la pobreza y en la riqueza todos los días de su vida? La pregunta es muy clara, muy clara. Y Tiburcio dice: -Sí-. Pero luego ya le gustó otra, pero luego ya se cansó. Pero luego, no pudieron convivir fácilmente y armó otro matrimonio. ¿Y en qué quedó lo que dijo? Que no lo dijo delante solamente de un sacerdote. Lo dijo delante de Dios. Enseña el derecho canónico: "Los votos matrimoniales tienen valor de juramento ante Dios". Usted juró, hermano.

Y lo mismo vale para el sacerdote. Cuando se va a ordenar, diácono, le dicen: -¿Acepta el celibato? Y después, cuando sacerdote le preguntan: -¿Va a ser obediente al obispo?- Y dice el candidato, llámese Omar o como se llame: -Sí-. Para que después de unos años diga: -Es que me cansé de estar solo-. Esa es la incoherencia. Por eso la gente nos desprecia a nosotros los sacerdotes, porque decimos una cosa y luego no la hacemos. La incoherencia hace que la gente le pierda el respeto al político, al sacerdote, al papá, a la mamá. La historia más chistosa que conozco es la del papá que estaba regañando al hijo: -No se le ocurra decirme una mentira. ¿Oyó?- Y seguía diciéndole: -Cuidado con decir mentiras-. y estaba tan metido en su regaño que en eso suena el teléfono. . . -Papá, que lo necesitan-. -Diga que no estoy-.

¿Dónde está la coherencia, mis hermanos? La falta de coherencia rompe el tejido familiar, la falta de verdad y de coherencia rompe a la pareja. La falta de coherencia rompe el tejido social. ¿Qué significa que Cristo ha resucitado? Que por una vez en la vida ganó la coherencia. Cristo fue coherente hasta el final. Y ha vencido la coherencia. Todos los demás somos pecadores. Pero mire, en el caminito del seguimiento del Señor Jesús, iremos aprendiendo a ser coherentes, a ser mejores sacerdotes, a ser mejores papás, mejores esposos, mejores alcaldes, a ser gente en la que se puede confiar, gente que tenga palabra, mejores esposas, mejores amigas, mejores hombres y mujeres.

Última palabra. Palabra Cielo. La resurrección. La resurrección abre las puertas del cielo. Eso suena muy poético. ¿Cómo lo aplico a mi vida? Para entender qué es una vida abierta al cielo, permíteme que te explique qué es una vida cerrada al cielo. La vida cerrada al cielo es la que han propuesto los filósofos ateos y enemigos de la fe, como Federico Nietzsche. ¿Qué decía este filósofo, blasfemo?, ¿Qué decía? -Permanezcan fieles a la tierra-. ¿Y en qué consiste esa tal fidelidad a la tierra? Consiste en producir, consumir y entretenerse. La vida del que solo conoce la tierra. La tierra es bendita y las cosas de este mundo material son bendición. El problema es cuando idolatramos las cosas.

El problema es cuando volvemos las cosas que son solo un medio, las volvemos el fin de nuestra vida. El dinero se necesita; pero cuando vuelves al dinero, el único fin de tu vida, ya estás ante un ídolo. Cuando la persona se concentra solo en los bienes de esta tierra, se vuelve idólatra. El apóstol San Pablo describió bien la consigna de aquellos, que solo viven para esta tierra: "Comamos y bebamos, que mañana moriremos". El Padre Miguel me dio una buena habitación aquí en la parroquia. Por ahí, con alguna gotera. Pero. Pero era una gotera decente. Además, era una habitación que tenía música propia. Entonces ayer había una especie de pequeño concierto que yo no pedí, pero ahí estaba, al pie de mi ventana. El concierto. Yo tenía que oírlo forzadamente. Y yo desde niño tengo la maña de ponerle mucho cuidado a la letra de las canciones.

A todo el que le gusta la música yo le digo: -Póngale cuidado a la letra, no sea que lo estén ¡Utilizando a usted, como un estúpido! para hacerle alabanzas al demonio- Póngale cuidado a la letra. Oiga, la letra. . . -Ah es que está en inglés-. Hermanito, hoy existe Internet. Busque la letra. Letra en inglés. Letra de canción en inglés se llama "Lyrics", con "y" griega. Busque la Lyrics de la canción. Cópiela y tradúzcala. Sepa qué es lo que está cantando, porque ya tenemos una cantidad de muchachitos repitiendo canciones de rock y no saben que son marionetas repitiendo alabanzas al demonio. Pero eso hay que verlo en cada caso. Bueno, el hecho es que yo estaba ahí poniendole cuidado a las letras, las letras de las canciones. Y entonces, por ejemplo, había una letra que decía: -El soltero disfruta solo, el casado ya no disfruta- y eso lo repetían. . . -El soltero disfruta, el casado no disfruta, el soltero disfruta, el casado no disfruta el soltero. . . Y la gente baila. -El soltero disfruta, el casado no disfruta-. ¿Qué cree que le está haciendo la letra de esa canción a su cabeza?, ¿Qué cree?, ¿¡¡¡Qué cree que le está haciendo!!!? La letra de esa canción.

Pero eso no es de ahora ni es solo de Boyacá. Cuando yo era niño, había una canción que no tenía el ritmo ese, ¿Sí vio cómo bailo? ¿No,? No tiene el ritmo ese, sino era una balada. Es que esto sucede en rock y esto sucede en balada; y esto sucede, en todo tipo de música. Y había una canción que decía, y siempre la cito porque desde niño tendría yo la edad, creo que de David Santiago, una cosa así. . . Decía la canción: -Si amarte es pecado, quiero ser pecador-. Esa canción la conoció aquí. Anita también. Y la vecina también la conoció. Ah, no, no, élla no. No, no. Ella no oía eso, solo oía Beethoven Sí. Oiga. . . ¡¡¿Qué cree que le hace a su cabeza!!? ¿Qué cree que pasa en su cabeza cuando usted repite treinta o cincuenta veces? -Si amarte es pecado, quiero ser pecador-. ¿Sabe cómo se llama eso en psicología? Se llama -Programación neurolingüística-.

Usted está programándose para ser un desgraciado. Y no digo más palabras porque está el párroco aquí. Porque después usted se encuentra con una mujer que le gustó pero harto hermano, pero harto. -Y sumercé ¿Qué hace tan sola por este pueblo?; no vine a hacer unas compras que no conseguí por allá en la vereda. Ah, pero así tan sola, cuidao la roban ¿No? Y élla le sonríe y empieza la conversación. Resulta que es casada. Pero usted tiene aquí -Programación neurolingüística-. Si amarte es pecado, quiero ser pecador. ¿A dónde voy con estas historias? Hermanos. Hermanos míos, la persona que no tiene una ventana al cielo solo pensará en producir, consumir y divertirse. No va a pensar en más cosas. Y cuando ya no pueda producir, el mundo le dirá: -eutanasiese- Suicidese, usted no sirve para nada, usted estorba y cuando ya no pueda consumir, es decir; aprovechar de su trabajo, va a sentir que estorba en todas partes, y cuando ya no pueda divertirse va a decir: -esta vida no vale nada-.

¿Qué es el cielo? ¿Qué es el cielo, en estas lecturas?, ¿Qué es el cielo en lo que nos dijo San Pablo? "Habéis resucitado con Cristo. Buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo. . . " ¿Qué le pasa a estos amigos, y a estos amigos? ¿Y a los amigos de allá? Si no tienes cielo. ¿Qué te pasa? Que cualquier cantante te programa la cabeza, que cualquier publicidad te programa la cabeza, que cualquier página de internet te programa la cabeza, porque en serio, ¿Vale la pena una vida que solo consiste en producir, consumir y entretenerse? Después de darle muchas vueltas a esa rueda, te mareas y te aburres y buscarás cosas más excitantes; y cuando termines de encontrar lo excitante, empezarás a hacer negociaciones con la muerte. Esto no me lo invento yo. Los que más se están suicidando son los artistas exitosos.

Tienen dinero, tienen fama, tienen todos los hombres que quieran o todas las mujeres que quieran, o todos los "Gay" que quieran, lo que quieran, lo tienen. Y sin embargo viven aburridos, deprimidos, tomando antidepresivos, tratando de dormir de cualquier manera. Hasta que un día no aguantan la presión, se dan una sobredosis y se matan. Eso no me lo invento yo. Ahí están las estadísticas. Hermanos, El que solo vive para producir, consumir y entretenerse, está haciendo negociados con la muerte. Y la muerte cobra duro y a tiempo. Por eso hay que agradecerle al Resucitado que abre una esperanza de cielo. ¿Qué significa esperanza de cielo? Significa que mi vida es mucho más que producir, consumir y entretenerse.

Y ¿Qué más es mi vida? Mi vida es que he sido amado. He sido perdonado y he sido enviado. Esa es mi vida. -He sido amado. He sido perdonado y he sido enviado. Y como he sido amado y he sido perdonado, conozco ese Dios Y como ese Dios me ha enviado, yo tengo una buena noticia para compartir con mis hermanos y la buena noticia que yo comparto con mis hermanos, me da una alegría que no me la puede dar nadie más-. Y entonces encuentro para qué es la vida. La vida de la tierra es prólogo, comienzo y semilla de la vida, del cielo. Y entonces la vida tiene significado, porque ya no solo es producir, consumir y entretenerse. Sirva la propaganda. Cuidado con la música que oyen. Cuidado con la música que oyen sus hijos. Hágame el favor de subirle el nivel, no el volumen, el nivel. Piense usted. Esta letra sirve que la oiga mi hija. Mejoren el nivel. Que si está en inglés o está en francés, no importa. Busque la traducción.

Cuiden su cabeza caray. Cuídenla. ¿Cuántas cabezas tiene?, ¿Cuántos cerebros tiene?, ¿Cuántas vidas tiene?, ¿Cuántos corazones tiene? Cuídelos, ¡cuídelos! Hay que cuidar la cabecita. Hay que cuidar el corazón. El suyo y el de sus hijos. Pero bueno, la enseñanza más importante es que Cristo Resucitado nos ha traído libertad y nos ha traído coherencia y nos ha traído cielo. Libertad para saber que el matón, haga lo que haga, solo llega hasta la muerte. Coherencia para recuperar el tejido social, porque con tantas mentiras que nos hemos dicho, por eso estamos tan desgarrados. Y cielo, para que sepamos que nuestra vida no es solamente producir, consumir y entretenerse. Hemos sido amados, hemos sido perdonados y hemos sido enviados.

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