|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El verbo griego "dei," que denota lo que "tenía" que suceder nos invita a reflexionar sobre el por qué de la pasión y el por qué de la gloriosa resurrección de Cristo.
Homilía pasc029a, predicada en 20180401, con 19 min. y 58 seg. 
Transcripción:
Queridos hermanos, aquel discípulo, el discípulo amado, vio y creyó. El verbo creer en este pasaje del Evangelio tiene un sentido muy específico, que está expresado en el mismo texto. Él no había entendido que Cristo había de resucitar de entre los muertos. Observemos, hermanos, que ese fue el descubrimiento que hizo el discípulo amado. Y destaco lo de discípulo amado, para que cada uno de nosotros se sienta incluido, porque cada uno de nosotros puede y debe sentirse discípulo, amado. Así como acompañábamos a Jesús junto a la cruz y el discípulo amado era nuestro embajador al lado de María, así también aquí en la resurrección, cada uno de nosotros tiene que ser el discípulo amado que busca a Jesús y que cree en Él. Así pues, este hombre creyó, y el creer queda descrito con esa frase que, vuelvo a subrayar: -Entendió que Cristo tenía que resucitar de entre los muertos. Me parece que ahí hay un descubrimiento precioso para el corazón de este hombre, y hay algo muy grande también para nosotros. Mis hermanos, a veces ayuda acercarse al texto original. El texto original del Nuevo Testamento es el griego y el verbo que se utiliza para describir eso que tenía, que tenía que suceder. Es un verbo que se dice con tres letras. "Dei" Dei es el verbo que indica lo que tenía que suceder. Es decir, este discípulo entendió que "dei" que tenía que suceder. Ese mismo verbo aparece en otro pasaje del Evangelio, que es el de los discípulos de Emaús, el cual vamos a escuchar en unos pocos días. Cuando Jesús hace una catequesis a aquellos dos discípulos que van a una aldea, lo que hace Jesús es explicarles que el Mesías tenía ¡qué! Tenía que padecer. Y de nuevo aparece en el texto griego el mismo verbo. "Dei" es lo que tenía que suceder. Esto nos invita a reflexionar un poco sobre qué quiere decir eso de lo que tenía que suceder. Nosotros los cristianos no somos gente fatalista. Nosotros no creemos en un destino ciego y cerrado frente al cual nuestra voluntad no tenga nada que hacer. El fatalismo se lo dejamos a los hinduistas, a los budistas y a muchas prácticas paganas. Nosotros no somos fatalistas. Entonces, si nosotros no creemos en un fatum, sino creemos en un destino cerrado y ciego que se impone por encima de las voluntades humanas, ¿Qué quiere decir eso de algo que tenía que suceder? Bueno, para comprenderlo vayamos algunas experiencias más cercanas a nosotros. Imagínese usted, por ejemplo, un compañero suyo de estudios en la escuela primaria o secundaria, un hombre más bien tramposo, muy hábil para salirse con la suya, para robarle los méritos a otros, para quedar siempre bien, para hacer trampa en los exámenes y que año tras año ha mostrado de manera consistente ese comportamiento. Usted termina sus estudios y se pierde de vista a su compañero, pero después de un tiempo usted se entera que ese mismo compañero está trabajando en alguna función pública, está de personero o está de alcalde o alguna cosa así, de Concejal. Cuando usted oye que su compañero está en esa labor, en esa actividad, usted ya se imagina qué tipo de comportamiento va a tener esa persona, por lo que ha mostrado de una manera tan consistente, tan repetida en el pasado. Es verdad que las conversiones son posibles y siempre deseables, pero usted lo que siente es que este hombre va a acabar mal. Después de un tiempo de enterarse que el hombre estaba de concejal, o de alcalde o lo que sea. Después usted lee las noticias, le abrieron un proceso investigativo, le dieron casa por cárcel, ha recibido una condena. Lo que usted piensa para sus adentros es lo que decimos en colombiano, ¿no? Eso estaba cantado, eso se veía venir. Cuando usted dice eso, se veía venir. Cuando usted dice eso tenía que suceder. Eso iba por ese lado. Eso es lo que significa el verbo griego: Dei. Eso significa que usted ha descubierto la lógica, el camino por donde va una situación. Y usted, en cierto sentido, presiente el desenlace. A dónde va a ir a parar eso; porque esa es la lógica consecuencia. O sea que el verbo dei descubre; el verbo dei describe; el descubrimiento que uno hace de cuál es la lógica consecuencia. Entonces uno se da cuenta de que una persona que va mal normalmente termina mal. Eso se refleja en refranes muy populares, como cuando se dice el árbol que nace torcido, nunca su rama endereza. O sea, usted ya sabe, esto empezó mal, eso tenía que acabar mal. Y así podríamos dar otros ejemplos. Usted se da cuenta que una muchachita ya desde jovencita le encanta ponerse ropa bien ceñida, que se le vea toda su figura, que se vean sus curvas, le encanta exhibirse, Coquetea con uno y con el otro. Usted se da cuenta. Esa niña va mal, o sea, eso va a acabar mal. Eso no puede acabar bien. Luego usted se entera que entonces tiene por allá una situación de embarazo. Está complicada, no sé qué. O tiene varios hijos a los cuales distingue fundamentalmente por el apellido. Entonces usted se da cuenta que eso tenía que suceder. Iba mal esa muchachita. Eso es lo que significa el verbo dei. El verbo dei significa el descubrimiento que hace la mente humana sobre la lógica interna de los hechos de la historia. Usted ve para dónde va eso. Repito, siempre hay espacio a las sorpresas, siempre hay espacio. Y sobre todo en el caso de las personas que llevan un mal camino. Uno tiene el derecho y el deber de esperar que esas personas reaccionen, que no sigan por ese camino. Por eso hay unos movimientos eclesiales que predican la conversión. Entonces hay gente que predica retiros de cristiandad, cursillistas, carismáticos, neocatecumenales, retiros de Emaús. Incluso hay una realidad que se llama lazos. No sé si ustedes hayan oído una cosa que se llama Lazos de Amor Mariano. Entonces esas realidades realmente lo que hacen es predicar la conversión. Como quien dice, para que tu vida no termine donde se supone que iba a terminar. Bueno, esto nos ayuda a entender qué es ese verbo tan precioso que utilizan San Lucas y San Juan. Le repito el verbo, lo que indica ¿Qué es? Indica: la lógica interna; el desenlace lógico que tiene una determinada situación, una determinada vida. También sucede, repito, con las personas buenas. Usted se da cuenta de que hay personas que están llenas de bondad y de comprensión. Muchas de esas personas tienen una hermosa, digna y feliz ancianidad. Son personas que están rodeadas de su cariño. Yo me atrevo a nombrar aquí, por ejemplo, a mi padre, que en este momento tiene 86 años de edad. Un hombre que ha sido básicamente hombre de su familia, esposo consagrado, padre amoroso. Lo que él está viviendo en este momento. Aunque padece la viudez, lo que él está viviendo, rodeado del cariño de sus hijos y nietos, es la lógica consecuencia de la vida que él llevó. Porque la vida es así, la vida tiene una lógica consecuencia. Por eso también decimos con el apóstol San Pablo lo que uno siembra, eso cosechará. Eso es lo que significa este verbo. Después de toda esta explicación exegética sobre ese verbo, ahora volvamos a los textos bíblicos. Resulta que San Lucas nos dice con ese verbo, dei, nos dice que el Mesías tenía que padecer. Y ahora el evangelista Juan utiliza el mismo Verbo para decir: El Mesías tenía que resucitar. Eso quiere decir que los discípulos de Emaús se dieron cuenta que había una lógica que llevaba. Había una serie de acontecimientos que apuntaban. . . Sí, el Mesías, tenía que padecer. Sí señor. Es muy lógico que el Mesías padeciera. Y luego San Juan nos presenta que era muy lógico que el Mesías resucitara. Entonces tenemos que hacernos la pregunta: ¿Qué fue lo que entendieron los de Emaús y qué fue lo que entendió aquel discípulo amado? O sea, ¿Cómo éllos descubrieron que era lógico que el Mesías padeciera; y cómo descubrieron que era lógico que el Mesías resucitara? Entre otras cosas, la palabra lógico está conectado con el Logos, el Logos de Dios. Lo que va de acuerdo con el Logos de Dios. Pues resulta que si uno se pone a reflexionar, no es tan extraño lo que ellos descubrieron y lo que es más hermoso, nosotros también podemos descubrirlo. Fíjese, yo vuelvo a los refranes tan populares entre nosotros. Dicen el que se mete a redentor muere crucificado. Refrán muy conocido. ¿Qué indica eso? Eso indica que en el mundo hay tantos egoísmos regados, hay tanta envidia regada, hay tanta codicia y tanto orgullo regado por todas partes. Que si una persona toma el camino de Jesús, una persona toma el camino de la humildad, del servicio, de la sinceridad, de la pureza, del desinterés. La gente se va a aprovechar de esa persona. La gente lo va a utilizar. La gente va muchas veces a sentir fastidio de esa persona. Como dice el capítulo segundo del Libro de la Sabiduría, la persona recta, honrada, santa, llega un momento en el que se gana enemigos gratuitos, porque la persona que vive con rectitud se convierte en una denuncia de todos los que viven o hemos vivido torcidamente. O sea que uno se da cuenta que es lógico que el Mesías padeciera. Mientras que para los sumos sacerdotes la religión era un negocio maravilloso que les mantenía un estándar de vida alto, con un manejo político muy hábil con el Imperio Romano, mientras que los fariseos tenían también su coartada perfecta porque ganaban una autoridad religiosa sobre el resto del pueblo, mientras que los escribas y cada uno de estos grupos tenían sus propios tinglados, tenían sus propias, podríamos decir, sus propias ventajas aseguradas. La vida de Cristo, con esa sencillez, con ese amor, con ese desinterés, era una denuncia de todas estas vidas marcadas en el fondo por distintas clases de pecados, desde la codicia y la envidia hasta el orgullo y la venganza. Entonces uno se da cuenta: Era lógico que el Mesías padeciera. Era lógico, porque en primer lugar, la maldad del corazón humano hace que tendamos a aprovecharnos del que es inocente y no puede defenderse. Y por otro lado, el que es inocente se convierte en denuncia de los que vivimos o hemos vivido en pecado. ¿Y eso qué quiere decir? Que uno dice: Era lógico que el Mesías padeciera. Era perfectamente lógico. Ese es el descubrimiento que aparece en el caso de los discípulos de Emaús. Bueno, hasta ahí más o menos se entiende. Ya comprendemos que sí, Dei, era lógico. Tú puedes traducir la expresión Dei del griego bíblico la puedes traducir por -Era lógico-, era de esperar. Era lógico que el Mesías padeciera, si, señor. Pero ahora nos falta el otro Dei. El del día de hoy. ¿Y por qué dice el evangelista; o cómo llegó él a entender que era lógico que el Mesías resucitara? ¿Por qué eso también era lógico? Pues era lógico, porque éste Jesucristo no era simplemente un hombre virtuoso, tratando de darnos ejemplo a los demás. No era simplemente un maestro sabio que tenía palabras inspiradas para darnos a los demás. Este era el Hijo de Dios. Este es el Dios hecho hombre. Esta es la presencia misma de Dios, reconciliándonos con Él. Entonces, no hubiera sido lógico que ese Cordero Inmaculado hubiera quedado sometido al poder de la muerte. Porque si Él se hubiera quedado en la muerte, el camino que Él abrió habría llegado al absurdo y a la nada. Si Cristo se hubiera quedado muerto. Tristemente, hay gente que está perdiendo la fe en la resurrección. Dios nos libre. Y entre esa gente hay unos cuantos teólogos y sacerdotes. ¡Pero si nosotros mantenemos una fe viva, llegamos a entender que era absurdo! que el camino que Cristo abrió a precio de su propia sangre, a precio de sus llagas y espinas, que ese camino quedara clausurado, que quedara cerrado, era absurdo y hubiera quedado cerrado, si todo hubiera terminado con la muerte. Porque si el camino termina con la muerte quiere decir no te metas por ahí. Si el camino termina en el fracaso, quiere decir que el camino de Cristo no es un camino para nosotros y entonces no hay ninguna salvación. Por eso dice el apóstol San Pablo en su primera carta a los Corintios, capítulo 15, dice: "Si Cristo no resucitó, nuestra fe es vana y somos los más desgraciados de todos". Efectivamente, solo podría llamársenos desgraciados, es decir, carentes de toda Bienaventuranza. Si nosotros vamos detrás de un fracasado, si nosotros vamos detrás de un absurdo, somos unos tontos y somos unos desgraciados. Por eso no era lógico que la muerte retuviera a Jesucristo. Y por eso lo lógico, lo verdaderamente lógico, es lo que ha sucedido. El poder de la gloria del Padre, la fuerza de la divinidad del Hijo, han hecho posible el milagro más grande de todos los siglos, la resurrección gloriosa de nuestro Salvador. Entonces, ¿Qué es lo que nos debe quedar claro el día de hoy? Dos cosas. Primera, que era lógico que el Mesías padeciera y muriera. Segunda, que era lógico que resucitara glorioso. Eso es lo que hay que aprender hoy. Resumido, ¿Por qué era lógico que padeciera? Porque siendo inocente tristemente, mucha gente tiende a aprovecharse de los inocentes. Y porque el inocente es una denuncia de nuestros pecados. Por eso era lógico que padeciera y ¿Por qué era lógico que resucitara? Porque si Cristo estaba abriendo un camino de acceso al Padre, su vida no podía terminar en fracaso, porque entonces nosotros no tendríamos ninguna razón para ser sus discípulos después de la muerte. De hecho, eso fue lo que sucedió al principio. Escandalizados por la cruz, escandalizados por la muerte, los discípulos se quedan perplejos, derrotados y entre otras cosas, esa es la razón por la que aquellos discípulos iban a Emaús, porque para ellos empezaba la dispersión. Esto se acabó, esto no funcionó. Démonos cuenta, hermanos, de esa lógica profunda, porque ahora esa lógica profunda tiene que ser también la nuestra. Movidos por este Cristo, habitados por este Cristo que quiere reinar en nosotros, también nosotros hemos de afrontar nuestras propias cruces. Esa cruz que implica para ti vivir la honradez, la sinceridad, la pureza, la generosidad. Eso también va a traer para ti de una manera lógica, va a traer padecimiento. Ése padecimiento que tú vas a tener por ser discípulo de Jesucristo. Es lo que la Biblia llama tu cruz. Tu cruz no es cualquier cosa, tu cruz es el padecer que tienes por ir detrás de Jesús, por ser fiel a Jesús. Y es lógico que eso te suceda. Y por eso Cristo advirtió: -El que me quiera seguir, que tome su cruz cada día-. Pero la cosa no va a terminar en cruz. Vas a experimentar también cada día el triunfo de su amor, el triunfo de su Gloria. Porque no es lógico que nosotros, como discípulos suyos, participemos de la pasión y no de la Gloria. ¿Y cómo participamos de la Gloria del Resucitado? Participamos de esa Gloria cuando vencemos a la tentación, cuando podemos conservar dos dones que el Resucitado nos comunica con abundancia. El don de la paz en medio de las tormentas y el don de la alegría en medio de los ataques. En la medida en que tú permaneces como lo han hecho los santos en esa alegría y en esa paz, tú estás experimentando la lógica de la resurrección en cada día. Último resumen: ¿Qué hemos aprendido? Era lógico que el Mesías padeciera y resucitara. Y también es lógico que el cristiano tenga que luchar cada día. Pero es igualmente lógico que aparezca cada día la victoria de su amor entre nosotros. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Amén.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|