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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Con la Pascua empieza una realidad nueva, única, la verdadera victoria de Cristo que es arrancar la raíz del pecado y derrotar al príncipe de las tinieblas. ¡Feliz Pascua para todos!

Homilía pasc028a, predicada en 20180401, con 5 min. y 16 seg.

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Transcripción:

¡Feliz Pascua para todos!.

Me pregunto qué siente cada uno de nosotros cuando finalmente llega la Pascua. Hemos tenido un largo tiempo de preparación, el tiempo de la Cuaresma, y hemos tenido las ceremonias más bellas, más profundas, más antiguas y más prolongadas que tiene nuestra Iglesia Católica. Hay incluso un chiste al respecto; algún sacerdote decía: -Jesucristo resucitó, pero yo quedé medio muerto-.

¿Qué sentimos cuando llega la resurrección? Probablemente, la sensación más fuerte, es la de una batalla que ha concluido y ha concluido con la victoria. La victoria de Jesucristo, que es también nuestra victoria. Victoria sobre el mal, sobre la muerte, sobre el demonio, sobre el pecado, sobre la noche, la victoria de Jesucristo: Ese es el gran mensaje de la Pascua.

Pero cuando hablamos de Victoria, yo quiero preguntar ¿De verdad tenemos claro cuál era la batalla? Porque si miramos los relatos de la pasión, nos damos cuenta que muchos no entendieron cuál era la batalla de Cristo. Pedro, por ejemplo, en el huerto de Getsemaní, pensó que la batalla era con palos y con espadas, contra los soldados de los sumos sacerdotes. Para él esa era la batalla.

Judas Iscariote y seguramente Simón el Zelota, ambos discípulos de Cristo, parece que siempre pensaron que la batalla de Cristo era batalla contra el Imperio Romano, que había que derrotar al Imperio Romano y que si se expulsaba a los romanos se había logrado una victoria completa.

Otras personas, marcadas por la morbosidad propia de nuestra época, piensan que la batalla de Cristo era el celibato. Entonces hay una obra literaria de dudosa calidad y una película de peor calidad todavía que llevan por título -La última tentación de Cristo-. Como que Cristo en la cruz estuviera batallando con el problema del celibato, con el problema de su sexualidad. Como que la batalla de Cristo fuera la sexualidad y los otros pensaban que la batalla de Cristo eran los romanos y otros pensaban que la batalla de Cristo era contra los soldados de los sumos sacerdotes. Y todavía hay otros muchos en realidad, sobre todo de la corriente de la teología de la liberación, que piensan que la batalla de Cristo era fundamentalmente contra la pobreza y contra las condiciones inhumanas que tantos tenían en esa época y también en nuestra época.

¿Cuál era la verdadera batalla de Cristo? ¿Qué fue lo que quedó derrotado con la cruz de Cristo? No es tan difícil responder. Cuando nosotros miramos lo que sucedió después de la Pascua del Señor, nos damos cuenta que no fueron los romanos inmediatamente derrotados. También nos damos cuenta que tampoco se trata de que la pobreza, los problemas de agua, de alimento, de vestido, de educación, quedaron resueltos. Ese tampoco es el caso. ¿Qué fue lo que rompió? ¿Qué fue lo que derrotó Jesucristo?

Él mismo nos da la respuesta y es uno de los textos que hemos leído en los días anteriores al Triduo Pascual. -Ahora el príncipe de este mundo va a ser echado fuera-. Esas palabras son de Cristo, es decir, la raíz del pecado en el hombre, raíz del pecado que está bien plantada por la obra espantosa del demonio. Es eso lo que ha sido arrancado Y por eso con la Pascua empieza una realidad nueva, una realidad preciosa. Esa realidad absolutamente única. Es la renovación por la gracia, por el perdón, por la fuerza del Espíritu Santo.

Por supuesto que esto va a tener repercusiones en todas las áreas de la vida. Va a tener repercusiones en nuestra manera de tratar los problemas sociales, en la manera de tratarnos unos a otros, en la manera de perdonarnos unos a otros. Esos van a ser los frutos. Pero el verdadero triunfo es arrancar esa raíz de pecado y es derrotar al príncipe de las tinieblas. Eso es lo que ha sucedido y por eso decimos: ¡Feliz Pascua!.

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