Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Fruto precisísimo de la Pascua es la existencia de la comunidad cristiana, que en su amor acoge, forma, corrige y sostiene a los redimidos por la Sangre del Cordero.

Homilía pasc027a, predicada en 20170416, con 11 min. y 48 seg.

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Transcripción:

Amados hermanos, muchos milagros hizo Jesús en vida, pero el milagro propio de su muerte y de su Pascua se llama "Comunidad". Nosotros somos el milagro de Cristo. Que los seres humanos nos podamos unir, perdonar, apoyar, que podamos tener sentimientos de compasión, de solidaridad y que unidos en Cristo, avancemos hacia la casa del Padre Celestial. Ese es el milagro más grande de Cristo y no sucedió durante el tiempo de su vida, sino que sucedió con su muerte. Es importante descubrir en la comunidad el gran milagro. Observemos, hermanos, que las discusiones de los discípulos sobre quién es el primero se acabaron a los pies de la cruz, se acabaron a la puerta del sepulcro y se acabaron en la Gloria de la Pascua.

El fuego bendito de la Pascua acabó con esas discusiones. Ya no tenían que pelear, quién era el primero, porque cuando Dios nos ama, cuando Dios nos deja sentir su amor, es como si cada uno fuera el único. Es como si cada uno fuera el primogénito. Es como si cada uno recibiera tanto que pudiera sentirse saciado y más. Por eso la Pascua, por eso el milagro de la Pascua la comunidad, es el gran milagro que también necesita nuestro tiempo. Cuando uno le dice la palabra milagro, uno piensa en algo que es imposible que suceda. Por ejemplo, que un paralítico se levante es una cosa que parece imposible y la vamos a encontrar muy pronto, en los textos de los Hechos de los Apóstoles.

En el capítulo tercero vamos a encontrar a un paralítico de nacimiento que se levanta por la fuerza de la palabra del apóstol San Pedro, acompañado de San Juan. Eso es un milagro. Milagro es lo que parece imposible, lo que no tiene explicación en las solas causas humanas. Pues me atrevo a decir que la comunidad es el gran milagro, el gran milagro de la Pascua de Cristo, porque la comunidad hace cosas imposibles y se lo voy a demostrar con cuatro ejemplos que tienen mucho que ver con esta hermosa asamblea que tengo ante mis ojos.

Que en el mundo de hoy y como están las cosas, un joven se sienta llamado y feliz a ser completamente casto con su novia. Eso es un milagro. Pregunta por la calle para qué sirve el noviazgo y cómo se tratan los novios y te darán una versión muy distinta. Pero una vez que este muchacho y su amada están en la comunidad, escuchan la Palabra de Dios, oran, vigilan, pero no se fían de sus solas fuerzas; empiezan a cultivar el don precioso de la castidad, para el mundo eso es imposible, pero si uno recibe el cariño de una comunidad, si uno se siente amado por una comunidad, feliz, capaz de reír, capaz de ser amado y de amar, ah, esa persona, esa persona puede vivir la castidad. Y eso es un milagro, la gente lo considera imposible, pero sucede. Y cuando uno es sacerdote y cuando uno está en un grupo de esta naturaleza y uno los conoce y uno habla con ellos y tal vez alguna ocasión tiene oportunidad de confesarlos, uno ve que eso es posible.

Segundo, pensemos el problema de los resentimientos. El neomarxismo en el que estamos insertos actualmente, ¿Qué es lo que propone?, ¿Qué es lo que trae? Lo que trae es venganza, escalada de violencia. Esa es la lógica del mundo. La lógica del mundo es: -Si usted me pegó, yo le golpeo más fuerte. Si usted me insulta, yo lo insulto el triple. Y aquí estoy, listo para responderle-. Vivimos en un mundo atorado, embriagado de violencia. Parece imposible perdonar, parece imposible, por ejemplo, que una pareja que ha tenido dificultades entre por el camino de la humildad. Parece imposible que ese esposo le diga a la esposa -¿Sabes? Me he equivocado muchas veces, pero en el nombre de Jesús quiero emprender este camino de nuevo- y que ella le diga: -Pues yo también reconozco que he fallado muchas veces, vamos en el nombre de Cristo-

Para el mundo eso no es posible porque para el mundo la lógica es: -Si tú me insultas, yo te insulto y los dos nos separamos y el único que gana es el abogado y se acabó-. Esa es la lógica del mundo, pero Cristo hace el milagro. Y si esos dos están en una comunidad y si esos dos están escuchando la Palabra de Dios, entonces son capaces de llegar al milagro de la humildad, del arrepentimiento, del pedir perdón y de reconciliarse. Ese es el milagro de la Pascua. Pero pensemos en una persona separada. Algunos de los que están aquí presentes han vivido o están viviendo esa situación. ¿Qué es lo que le dice el mundo a la persona separada? ¡Ah! Usted tiene derecho a rehacer su vida, búsquese otra, búsquese otro. Y uno como sacerdote, ¿Qué ve? Uno ve a la pobre gente dando tumbos, cambiando de pareja cada tantos años, con hijos en una parte y en otra, con el corazón deshecho y con el fantasma de una soledad espantosa que saben que les va a llegar tarde o temprano. La gente lo tiene muy claro. La gente sabe que eso es lo que le va a llegar.

Eso es lo único que dice el mundo pero la comunidad hace un milagro. Es que es muy distinto estar uno separado y vivir uno solo en un apartamento, enloqueciéndose con los recuerdos y pensando qué insulto me faltó decirle al otro, -a mi ex-. Es muy distinto vivir uno encerrado en un apartamento, maldiciendo la propia suerte, viendo televisión o pornografía. Es muy distinto estar en esa condición o estar en una comunidad donde a uno lo aman, donde a uno lo escuchan, donde se preocupan por uno, donde a uno lo cuidan. Y cuando uno empieza a sentir ese cariño y empieza a sentir esa presencia y empieza a sentir ese apoyo, va a ser duro estar separado, pero se puede llevar y se puede llevar sin pecado y se puede llevar sin estarle arruinando la vida a otra gente.

Eso es lo que hace la comunidad, Eso es lo que hace la Pascua de Cristo. Y aquí hay gente que podría levantar la mano y decir: -Ese soy yo. Eso es lo que me está pasando a mí-. Sin comunidad no se puede, sin comunidad a uno se lo traga el mundo, se lo traga la soledad, se lo tragan los recuerdos y se lo devora la amargura. Pero con Cristo, con Cristo en el alma sí se puede. Y para eso está la comunidad. Por eso nosotros le damos tanta importancia, tanto en la bendita comunidad -Asociación Jesús, en tí confío como en Familia Espiritual- y en tantos otros lugares le damos muchísima importancia a los abrazos, es muy importante el abrazo santo, el abrazo bello La Biblia habla del beso santo. Es muy importante ese cariño.

Yo por eso no entiendo los movimientos eclesiales o las comunidades que andan con una represión emocional, traumática, psicológicamente dañina. Eso es espantoso. Eso no puede ser, porque nosotros lo que necesitamos es lo que dice el Nuevo Testamento, el abrazo y el beso santo. Es muy distinto ser una persona separada -y nadie me toca, nadie me mira, a nadie le importo. Solo tengo para que me acompañen mis fantasmas y mis amarguras-. Es muy distinto ser eso a estar separado, que es doloroso, pero tener cerca a una persona, muchas personas, muchos abrazos, muchas sonrisas, mucha presencia y que me toman en cuenta y que soy alguien y que sirvo para algo; ah, es muy distinto, ¿Quien hace el milagro? Cristo en su Pascua, porque Cristo hace el milagro de la comunidad.

Mi último ejemplo Vamos a pensar en una persona mayor, una persona mayor que por ejemplo, tiene muchas restricciones, problemas de presión arterial, problemas de dieta, problemas de sueño, problemas de azúcar, problemas que nos acompañan usualmente cuando vamos llegando a una edad avanzada. Ponga ese hombre o a esa mujer, póngala a vivir sola por ahí en un ancianato y que nadie la voltea a mirar. Un día ella maldice su suerte y dice: -Pues entonces me muero y se acaba esta vaina-. Esa es la expresión que ella utiliza. Ponga ese señor a vivir solo por ahí en cualquier parte, enciérrelo por ahí en una casa. ¿Qué dice él? Pues me pego un tiro para qué esta puerca vida.

Y eso es lo que quiere el demonio. Y eso es lo que propone el mundo. Que cada uno se encierre en su desgracia y que en su desgracia diga: -No tengo nada que hacer-, pero ponga ese mismo adulto mayor a esa misma adulta mayor, póngala en una comunidad, en una comunidad donde tiene cariño, donde tiene alegría, donde tiene abrazo, donde tiene atención y eso parece un milagro. Y eso también lo hemos visto aquí. ¿A usted no le parece un milagro que una persona o muchas personas que no tienen nada que ver con ese viejito, con esa viejita, se acerca y le da cariño?. . . -y le dice mira, esto es para ti, vamos a cuidarte de esta manera, vamos a cuidar tu presión, vamos a cuidar tu dieta, vamos a cuidar tu seguridad-; la vida se vuelve distinta. ¿Quién hace eso? Cristo en su Pascua.

Por eso es necesario que entendamos que nosotros somos el fruto de la Pascua de Cristo. Y por eso, si hiciera falta repetirlo, lo repito: ¡Cuidado con dejar la comunidad, no es advertencia mía, es advertencia de la carta a los Hebreos! Cuidado porque usted se sale de la comunidad y lejos de la comunidad. Lo único que encuentra es la lógica del mundo, como la describió Catalina de Siena: -Un río, un lodazal que arrasa todo-. Tristísimamente nuestros hermanos del Perú y ahora también en Colombia, hemos visto la fuerza de un río desbordado. Cuando vean las fotografías de este dolor que están pasando nuestros hermanos en Putumayo o en el norte del Perú, cuando ustedes vean esas riadas, esas inundaciones que también han pasado en Australia, en Nueva Zelanda, cuando ustedes vean esas inundaciones y esos ríos desbordados llevándose ¡casas, carros, gente! Acuérdense de Catalina de Siena. Ese es el mundo, según Catalina.

Y póngase usted a pelear contra eso. Póngase usted a vivir solo. Aíslese de la comunidad y diga No, yo puedo. Yo tengo mis ideas claras, tengo mi catecismo claro en la cabeza. Pues con catecismo claro, te vas a la desesperación y un día reniegas de tu fe. Y que Dios te proteja y tenga compasión de ti. El milagro es la comunidad. Cuidado, cuidado con apartarse de la comunidad, porque el milagro lo hizo Cristo. Acuérdese usted que así como llamamos a la Eucaristía Santísima Eucaristía, le llamamos Cuerpo de Cristo, que somos nosotros. Primera Corintios 10, Cuerpo de Cristo. Y así como adoramos a Jesucristo en la Eucaristía, así también tenemos que reconocerlo presente en la comunidad. Y tenemos que decir: -Nosotros somos tu milagro, Señor-.

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