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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Hoy en el día de la Resurrección del Señor la Iglesia con ternura y misericordia ofrece la Buena Noticia a todas las naciones con la caridad del que quiere servir.
Homilía pasc026a, predicada en 20170416, con 4 min. y 26 seg. 
Transcripción:
¡Feliz Pascua para todos! El gran salmo de alabanza se proclama con fuerza en este día. En efecto, "Este es el día que hizo El Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo". Dios, autor de la historia, es aquel que ha hecho todos nuestros días. Pero la obra del pecado, la envidia del demonio, la cobardía de nuestros corazones, la oscuridad de nuestras mentes, le ha robado tanto tiempo a Dios. Le hemos robado nuestros días, le hemos robado nuestros cuerpos, le hemos robado su Gloria. Todo aquello que nosotros le hemos quitado a Dios es exactamente lo que nos muestra la cruz de Jesucristo. El Cristo despojado de su dignidad, desnudo de sus vestiduras, humillado hasta el extremo, es la imagen perfecta, lamentable de todo lo que nosotros le hemos quitado a Dios. Le hemos quitado los días y las noches; he aquí que gracias al Cordero Inmaculado, ahora tenemos un nuevo día. Es un nuevo comienzo. Es mejor que una nueva creación. Es mejor que si Dios recomenzara el universo. Y por eso: -Este es el día que hizo el Señor-, el día en el que se manifiesta su Gloria, el día en el que brilla con plenitud su misericordia. El día en que las cosas son al modo de Él, no al modo nuestro. Efectivamente, la primera lectura de hoy de los Hechos de los Apóstoles nos presenta aquella hermosa reflexión de San Pedro. Dice el apóstol Pedro: "Dios se ha mostrado. Cristo resucitado se ha mostrado, no a todo el pueblo, sino a unos testigos escogidos por Él". ¿Y qué significa, mis hermanos?, ¿Qué significa esa escogencia de testigos?, ¿Qué quiere decir eso de que Dios haya escogido a algunas personas? Es una expresión de su misericordia. No es el Dios que se impone con arrogancia; no es el Dios que aparece para reivindicar el desquite, no es el Dios que viene a ajusticiar a aquellos que lo ajusticiaron a Él. Es el Dios que de una manera discreta, de una manera humilde y de una manera caritativa, introduce la esperanza en la historia de la humanidad. Por eso la evangelización, la obra entera de la evangelización, es aquella preciosa ternura de Dios. Es aquella bondadosa manera de ser de Dios que no aplasta a los que lo aplastaron, sino que les ofrece el don de la reconciliación. El don del arrepentimiento. Y el don de la paz. Ese es el estilo de Dios. El estilo de Él es ese. Es a través de la humildad. Es a través de la bondad. Es a través de la misericordia. Por eso se muestra a algunos testigos. Y por eso capacita con la fuerza de su espíritu a esos testigos. Fruto de la obra de esos testigos que son los apóstoles, somos todos nosotros, la Iglesia entera impregnada con el perfume de la Pascua. La Iglesia entera, haciendo eco a la gran noticia del Día de Resurrección, ofrece con esa misma ternura y misericordia. Ofrece la Buena Noticia a todas las naciones. No con la presunción del que llega a aplastar, sino más bien con la caridad del que quiere servir. Este, "Este es el día que hizo el Señor sea nuestra alegría y nuestro gozo".

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