Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

¡Hemos sido amados hasta el extremo! El hecho de que el Crucificado haya resucitado es el cimiento firme de nuestra fe, de nuestra esperanza y de nuestro amor.

Homilía pasc024a, predicada en 20160327, con 5 min. y 52 seg.

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Transcripción:

¡Feliz Pascua para todos!

Esta es la fiesta más grande. Es la solemnidad más importante de nosotros los cristianos. Celebrar la Pascua significa reconocer la victoria de Jesucristo y significa sobre todo, proclamarlo como Señor de nuestras vidas, Señor de la historia, verdadero Rey del universo. No es extraño, entonces, que los enemigos de la fe desde el primer momento, hayan visto en la Pascua el gran estorbo para sus pretensiones de achicar a Cristo, minimizar a Cristo, excluir a Cristo. Efectivamente, la resurrección es la gran noticia. La resurrección es por antonomasia, la buena noticia para nosotros los creyentes, y por eso es la mala noticia para los enemigos de la fe.

Vamos a encontrar en las lecturas de esta semana que empieza, cómo se da desde el principio una gran oposición a los testigos de la resurrección. Y es importante entender por qué había esa oposición en aquella época y por qué sigue habiendo esa oposición en nuestro tiempo. ¿Cómo lo podemos plantear? Pues empecemos por aquella épocah. Seguramente recordamos que ya en el Antiguo Testamento se proclama la fe en la resurrección. En el segundo libro de los Macabeos, por ejemplo, se habla de esa certeza que tienen los que entregan su vida por la causa de Dios.

En ese libro en particular, el segundo de los Macabeos, se cuenta el admirable martirio de siete hermanos de una misma familia. Fueron martirizados delante de los ojos de la propia mamá. Y en esa circunstancia tan absolutamente horrorosa, lo que sostiene a esos muchachos y lo que sostiene a esa madre sometida a tan terrible dolor, es la fe en la resurrección. Uno de ellos, por ejemplo, que va a ser torturado y va a ser mutilado, dice: "Yo de Dios recibí estas manos, de Dios recibí esta lengua, por Él, la entrego y de Él espero recibirla". Eso nos da fe de cuánta fuerza puede tener la noticia de la resurrección. La persona que está realmente convencida de que es verdad la resurrección, es una persona que puede llegar a extremos de una entrega, de una valentía, de un amor que sencillamente no conocen otras personas.

Y eso es lo que hace tan temible la noticia de la resurrección en tiempos de Cristo. Saben muy bien, por ejemplo, las autoridades judías de aquella época, que si se riega la noticia de la resurrección y si se cree en la resurrección con mayor y mayor fuerza, entonces la gente va a tener una razón muy profunda y muy constante para pelear por aquello en lo que cree. Y eso es exactamente lo que no querían las autoridades judías, porque tenían temor de que cualquier lucha, cualquier enfrentamiento, llevaría a la destrucción del templo y llevaría a sacudir los cimientos mismos de la sociedad en la que ellos vivían y en la que ciertamente se sentían bastante cómodos.

Por ese motivo, ellos le tienen horror a la noticia de la resurrección. La resurrección es fuerza de amor, es fuerza de entrega, es noticia de esperanza que hace que los luchadores, los que pelean por la causa de Dios, lleguen incluso hasta el extremo del martirio. Como repito, ya se contó en el segundo libro de los Macabeos en el Antiguo Testamento. Así que por eso hay odio a la noticia de la resurrección. En ese tiempo, también en nuestro tiempo, lo sobrenatural, ya se trate de milagros, ángeles, demonios, o ya se trate de la resurrección misma, tiene una durísima oposición.

¿Y la razón cuál es? La razón es que en un mundo completamente centrado en lo material, es posible manejar todo desde el comercio, y es posible manejar todo desde la ideología del mercado y del placer del momento presente. Básicamente nuestra época está baldada, está cegada por un materialismo práctico que vive bajo la consigna de -comamos y bebamos que mañana moriremos-. Es decir, el inmediato presente. El disfrute de esta hora es lo único que realmente interesa.

Siendo así las cosas, hablar de una vida eterna y hablar del valor del sacrificio para llegar a esa vida eterna, es algo que no encaja con la ideología que quieren imponernos. Pero más allá de las oposiciones antiguas o modernas, nosotros tenemos una noticia que decir, una alegría que compartir, porque el mismo mundo que nos rechaza y esto quede bien claro, es el mismo mundo que necesita la noticia que tanto detesta. Es verdad que hemos sido amados hasta el extremo y el hecho de que el Crucificado haya resucitado es el cimiento firme de nuestra fe, de nuestra esperanza y de nuestro amor.

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