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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La alegría de la Pascua es la primera alegría que conoce el cristiano.

Homilía pasc022a, predicada en 20150405, con 6 min. y 35 seg.

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Transcripción:

¡Feliz Pascua para todos!. El amor vence al odio. El sencillo al soberbio. La luz vence a la sombra. Feliz. Feliz Pascua para todos.

La alegría de la Pascua es la primera alegría que conoce el cristiano. La alegría de la Pascua es, al mismo tiempo, la alegría de su nuevo nacimiento y la alegría de su destino eterno. La alegría de la Pascua es la fuente inagotable de donde han sacado su fuerza los santos, particularmente los mártires, los misioneros y los que se han entregado a las obras de misericordia. Solo aquél que se ha sentido amado hasta el extremo, solo aquel que se siente unido al Rey victorioso, es capaz de enfrentar y superar los obstáculos.

Esta vida nuestra, está llena de obstáculos, hay tantas cosas que se oponen a la alegría, hay tantas cosas que se ríen de nuestra esperanza, hay tantas cosas que nos invitan al odio, nos invitan al cinismo, nos invitan a hundirnos en la desesperación. Por eso necesitamos estar unidos a la Pascua. Y por eso ésta es la primera, la más grande y la madre de todas nuestras alegrías.

Nuevamente, feliz Pascua para todos. Por supuesto, si el saludo de la Pascua se quedará solamente en fantasía, tendría el nivel de un chiste y de un chiste cruel. Por algo dice San Pablo: "Si Cristo no ha resucitado, es vana nuestra fe y somos los más desventurados de todos" . Porque si Cristo no ha no ha resucitado, estamos apegados simplemente a una fantasía, apegados a un deseo de lo que nosotros quisiéramos.

Por eso la primera lectura del día de hoy, tomada de los Hechos de los Apóstoles, nos está recordando algo que debemos mantener por encima, por encima de todo otro criterio. La primera lectura, en la palabra del apóstol San Pedro nos está recordando la verdad de la resurrección; el hecho que pueden atestiguar aquellos apóstoles.

Puede haber un lenguaje más concreto, un lenguaje más claro que lo que dice el apóstol Pedro: -Hemos comido y bebido con Él después de su resurrección-, comido y bebido con Él.- O este hombre, Pedro, padecía de terribles alucinaciones, o este hombre, Pedro, es un payaso, o este hombre, Pedro, está tratando de engañarnos a todos. O este hombre, Pedro, está dando testimonio de esa fuente de alegría, la que lo sostuvo a él y que nos sostiene también a nosotros. Pero no, no encontramos que esté haciendo un chiste, no encontramos que sea un mentiroso. Encontramos a un hombre capaz de padecer por la verdad que nos anuncia y la verdad que nos anuncia es que ¡Cristo ha vencido a la muerte!.

Por eso hay que tomar en serio el hecho de la resurrección. A ellos no les resultaba más fácil creer que un muerto venciera a la muerte; a ellos no les resultaba más fácil creer eso, de lo que nos resulta a nosotros. Entonces, ¿cómo es posible? ¡Por Dios! Cómo es posible que incluso algunos sacerdotes, algunos teólogos, pretendan negar la resurrección, o decir, que se trata simplemente de una experiencia de los discípulos.

No estás oyendo lo que dice Pedro: "Hemos comido y bebido con Él". Esas palabras, ¿que son? un invento, son un engaño, son una mentira. ¿Qué son esas palabras? ¿Es que acaso la gente en el siglo primero no sabía lo que significa morirse y pudrirse en una tumba? ¿Eso no lo sabían?. ¿Es que ellos no entendían eso?. ¿Es que eran tan primitivos que no se daban cuenta de lo que significa resucitar, de lo que significa vencer a la muerte?. Por eso, hermanos queridos, nadie se deje confundir, nadie se deje confundir; por más títulos y por más teorías que tenga, el que agarre un micrófono o el que escriba un artículo supuestamente de teología.

Nosotros nos quedamos con la hermosa sencillez de las palabras de Pedro: "Hemos comido, hemos bebido con Él" . De verdad ha vencido a la muerte. Verdaderamente ha Resucitado y porque ha resucitado verdaderamente, por eso verdaderamente, tenemos una esperanza que está por encima de todos los mensajes de amargura, de cinismo, de crueldad, de explotación, que llenan las páginas de nuestros diarios y que llenan las horas de los noticieros.

Nosotros tenemos algo distinto, nosotros podemos proclamar algo diferente, nosotros sabemos en dónde está la victoria, porque conocemos al vencedor. Eso es lo que significa creer, eso es lo que significa nacer en la Pascua. Y esa es la alegría que nos permite felicitarnos y abrazarnos. Pero es mirándolo a Él. Es bebiendo del torrente de sus delicias que alegra la ciudad de Dios. Es ahí donde está nuestra alegría. Todo lo demás que nosotros digamos, todo lo demás que pretendamos decir sobre la Pascua es accesorio.

Lo importante es que hay uno que ha vencido al pecado, ha vencido al demonio, ha vencido a la muerte y se llama Jesucristo.

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