|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cristo es nuestro "sábado": en él se encuentra nuestro descanso y él es lugar en que damos gloria al Padre del Cielo. Cada domingo sencillamente nos trae un eco de este gran domingo, el día que hizo el Señor.
Homilía pasc013a, predicada en 20110424, con 4 min. y 22 seg. 
Transcripción:
¡Feliz Pascua para todos!. Los judíos celebran el sábado. Para ellos es el día santo, el día del descanso, el día para darle la gloria a Dios. Nosotros tenemos nuestro sábado, como bien dice el Papa Benedicto, Jesucristo es nuestro sábado, porque Jesucristo es el lugar de nuestro descanso; es el lugar para darle la gloria al Padre Celestial. Jesucristo es también la santidad que ha visitado nuestra vida, para que también nosotros en Cristo, alabemos a nuestro Padre. Feliz Pascua por este domingo, por este domingo de Pascua, existen los demás domingos, porque Cristo resucitó el primer día de la semana. Por eso nosotros nos reunimos en aquello que los judíos llamaban el primer día de la semana y que ahora llamamos domingo. De hecho, la palabra domingo viene del latín dominica, que quiere decir: El día del Señor. -Este es el día que hizo El Señor sea nuestra alegría y nuestro gozo-. Las lecturas de hoy nos hablan de la victoria de Jesucristo y nos invitan a seguir a Cristo en su victoria. En el capítulo décimo de los Hechos de los Apóstoles nos encontramos al apóstol Pedro describiendo el camino maravilloso realizado por Jesús y cómo la resurrección del Señor es la confirmación, que el Dios del cielo está dando sobre la vida del profeta de Nazaret. En la segunda lectura del capítulo tres de la Carta a los Colosenses, lo que encontramos es la exhortación vigorosa de San Pablo, que quiere que nosotros, ahora que hemos sido llamados por la altura de la santidad de Cristo, vivamos también esa que es nuestra vocación. En el Evangelio tomado de San Juan encontramos esa escena maravillosa, cargada de simbolismo, como es todo en el evangelio de Juan. Pedro y Juan, los dos apóstoles corren hacia la tumba. Pedro entra de primero. Es como una amabilidad y cortesía que Juan le permite y se da cuenta que están algunas telas, pero no atina a explicarse qué ha sucedido. Juan, en cambio, según el texto del Evangelio, -vio y creyó-. No se nos olvide que este Juan fue el mismo que estuvo en el día de la crucifixión. Juan fue el que acompañó hasta el sepulcro el cuerpo ya exánime de Cristo y por consiguiente, Juan sabía cómo habían quedado dispuestas las cosas en ese sepulcro, porque los judíos no suelen o no solían en aquella época, disponer de los cadáveres simplemente arrojándolos a la tierra. O como decimos enterrándolos, utilizaban más bien los sepulcros que eran excavados en la roca, en una especie de pequeña camarilla quedaba el cadáver envuelto en telas y con gran cantidad de sustancias aromáticas. Y luego había una especie de antesala donde incluso podían reunirse algunas personas para orar. Así eran los sepulcros de aquella época, pues Juan, el día de la crucifixión, ha entrado hasta allá, hasta el lugar del cadáver, ha visto cómo han quedado todas las cosas y cuando hoy entra, ve que está todo, menos el cuerpo de Jesús. Es decir, se da cuenta que si alguien se llevara el cuerpo no dejaría todas las telas, el sudario, todo como lo habían puesto y así entiende. Así recibe la luz, así descubre. Cristo ha resucitado. Él es nuestra Pascua.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|