Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El día del Señor es el domingo, y nosotros debemos alimentarnos de la Palabra, para luego transmitirla en nuestros ambientes.

Homilía pasc012a, predicada en 20100404, con 21 min. y 9 seg.

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Transcripción:

El Evangelio de hoy nos dice que María Magdalena fue el primer día de la semana. Los judíos no tenían un nombre especial para este día que nosotros llamamos el domingo. La palabra domingo tiene su origen en el latín: -Dies Dominica- quiere decir el día del Señor. Pero los judíos no tenían un nombre especial para ese día. Para ellos la semana terminaba el sábado, que era el día de descanso y lo que nosotros llamamos domingo, ellos lo llamaban sencillamente el primer día de la semana. Y este detalle lo destaco para que sepamos por qué es importante el domingo y qué es lo que uno puede esperar del domingo. Hay personas que creen que el domingo se puede reemplazar con cualquier día. Tal vez porque laboralmente hablando así sucede muchas veces. Si una persona, por ejemplo, tiene un trabajo en una empresa que no puede parar ningún día, lo más normal es que le toque trabajar el domingo, pero entonces le dan un día de reposición.

Entonces hay personas que trabajan, por ejemplo, todos los días de la semana, menos el martes y el viernes o el jueves y tienen simplemente un receso. También hay cristianos católicos que creen que la misa del domingo se puede reemplazar por cualquier otro día. Como quien dice el domingo yo voy, paseo, salgo con mi familia, estamos bien, estamos sabroso. Y luego pues si me queda tiempo, por ejemplo, el martes por la tarde paso a misa. Esa es mi misa semanal. Como quien pagara un impuesto, como quien tuviera que cubrir una cuota. Mi cuota semanal de misas. Bueno, ahí tiene ya su cuota de misa. Ya le pagué. Dios. ¿Qué es lo que usted quiere?, ¿Qué yo vaya a misa cada ocho días? -Bueno, yo escojo, me pido el miércoles- y otro dice: Me pido el jueves. Y otro dice: A mí me gusta el lunes.

La misa no es un impuesto que uno está pagándole a Dios. La misa no es una cuota semanal. Todas las misas, todas, tienen su origen en este Evangelio que hemos oído hoy. Todas tienen su raíz en esto que acabamos de escuchar. Si lo fuéramos a pasar al lenguaje de hoy esto tendría que haberse oído así: -Era domingo y María Magdalena fue al sepulcro muy temprano-, precisamente porque era domingo, precisamente porque la resurrección del Señor, ese acontecimiento que sucede en la historia y que trasciende a la historia, sucedió un domingo. Por eso, mis hermanos, el domingo es el día de la resurrección, es el día del Señor y es el primer día que empezaron a celebrar los cristianos. Si el domingo resucitó el Señor, si ese día le pertenece, cada domingo, lo que nosotros estamos haciendo es celebrando la resurrección.

Nuestra Iglesia Católica tiene muchos motivos de celebración, pero todos se resumen en uno: Jesucristo. A quien nosotros celebramos siempre es a Jesucristo y Especialísimamente. Lo celebramos los domingos. Por eso la Iglesia tiene lecturas especiales para los domingos en la Santa Misa y por eso es una pésima idea reemplazar la misa del domingo con otra misa, como si diera lo mismo, como si fueran intercambiables. Dejo por fuera de esta restricción a aquellas personas que materialmente no pueden, por razón de avanzadísima edad, por razón de enfermedad y a veces también por razones laborales. Hay personas que por más esfuerzo que hicieran, no podrían asistir a ninguna misa. Sin embargo, esas personas deben hacerse la pregunta de si realmente es una imposibilidad que surge de su trabajo o si es una especie de pequeña comodidad que ellos se dan, porque es demasiado lo que se pierde cuando se pierde la misa del domingo.

Las lecturas más escogidas del Antiguo y del Nuevo Testamento, los evangelios fundamentales y la predicación más jugosa, más sustanciosa, va siempre el domingo. Muchas veces uno va entre semana a una iglesia y el Padre no predica o predica muy breve, demasiado corto. Nosotros, hermanos, tenemos que saber que alrededor del domingo se estructura nuestra vida espiritual y solo por causas extremadamente graves, como una enfermedad que te tenga realmente recluido en casa o como una situación laboral que no te deje alternativa. Solo en esas circunstancias podría uno omitir la misa del domingo. Y no es, repito, un impuesto o una cuota, es porque ahí está la vida de tu vida, es porque ahí está el alimento de nuestra fe. Es porque nosotros necesitamos conservar lozana, fresca, joven, ¡viva nuestra fe! Nuestra fe, mis hermanos, no se parece a una especie de CDT, esos papeles con los que uno hace depósitos en los bancos.

Nuestra fe no es un CDT que uno mete en la caja fuerte y ahí está. Y cuando abre la caja fuerte. Ah, bueno, ahí sigue y vuelve y la cierra y luego vuelve y la abre y dice sí, ahí está el papel y vuelve y lo cierra. Nuestra fe no es un CDT, mis hermanos, nuestra fe no es un depósito que está metido en una caja fuerte. ¿Sabes a qué se parece nuestra fe? Nuestra fe se parece a una noticia que vuela. Nuestra fe se parece al viento que corre. Nuestra fe se parece al manantial que fluye. Nuestra fe se parece a una corriente de vida que recorre, que atraviesa el universo. El mismo Jesucristo dijo: -Hay que nacer del agua y del Espíritu-. Y el agua y el espíritu es como decir el agua y el viento. Es una corriente de vida. ¿Y quién puede atrapar el viento? ¿Será que yo puedo aquí hacer una cajita y decir aquí guardé el viento y luego abro la puerta y digo Ahí sigue el viento. Y vuelvo y la cierro? Y vuelvo y abro y digo Ahí sigue el viento, No, señor el viento se le murió papito, se le murió el viento. Usted tiene aire, no tiene viento.

El viento solo existe recibiéndolo y transmitiéndolo. La fe sólo existe como noticia maravillosa, como explosión de júbilo, como canto que no acaba, como manantial que fluye, como huracán, que transforma, como fuego que todo lo cambia. Esa es nuestra fe. Y la fe empieza desde esta mañana misma de la Pascua. La fe empieza cuando María Magdalena empieza a correr y en los pies, presurosos y enamorados de María Magdalena, ya va la noticia que nos tiene hoy aquí por centenares y por miles. Estamos aquí gracias a esa noticia. Ella no dijo, cuando se encontró frente al sepulcro, no dijo: -Esto constata que la resurrección es un hecho. Tomaré nota-. Ella no tomó nota. ¡Ella tomó impulso! Ella no dijo -Sí, parece razonable. Este es un dato firme. Voy entonces a guardarlo allá en un cajoncito de mi mesa de noche-. Ella no guardó la noticia. La noticia se convirtió en ímpetu que movió sus piernas en lágrimas que llenaron sus ojos en un grito de alegría.

En una pregunta. En un latir de un corazón enamorado. La fe es eso. La fe es movimiento. Y por eso uno necesita dar vida y recibir vida, y por eso necesitamos congregarnos. Usted sabe cómo funciona el corazón. Claro que lo sabe. El corazón funciona de la siguiente manera. Tiene dos movimientos un movimiento se llama sístole y otro movimiento se llama diástole. Y la sístole y la diástole. El corazón es una bomba básicamente que se expande para recibir la sangre y luego cierra las válvulas por donde entró la sangre y se comprime para arrojar esa misma sangre por otras válvulas, es una máquina. Es una bomba bastante compleja porque resulta que existe sístole y diástole ventricular y sístole y diástole auricular. Porque resulta que en realidad el corazón es dos bombas, una bomba que tiene su sístole y diástole para mandar la sangre hacia los pulmones.

Sangre que a través de los alvéolos se renueva con el oxígeno y suelta el dióxido de carbono y esa sangre vuelve al corazón. Ese es un ciclo que hace la sangre y el otro ciclo que hace la sangre mucho mayor saliendo por la arteria aorta, que es la mayor del cuerpo humano. Es para recorrer todo el cuerpo, pero en ambos casos ¿El corazón cómo funciona? Se expande para recibir la sangre. Esto sucede tanto en la sístole y diástole auricular como en sístole y diástole ventricular, y entonces recibe la sangre y luego se comprime y bota la sangre, recibe la sangre y bota la sangre. Recibe la vida y arroja la vida. Recibe la vida y fluye la vida. Así funciona el corazón y así somos los cristianos, así nosotros nos reunimos aquí. Mire, esta basílica es el corazón, esta basílica, no sé si ustedes han notado que se ensancha, esta basílica se ensancha. Como dijo Isaías: -Extiéndete a derecha y a izquierda-.

Esta basílica se ensancha y recibe a los peregrinos. Y llega aquí el pueblo cristiano, y esto se llena. Y ustedes son la vida de la Iglesia, y esto se ensancha. Y ustedes llegan y estamos aquí felices. Y aquí recibimos una fuerza, un impulso, porque ahora esto se va a comprimir y ustedes van a salir disparados por esas puertas. ¿Ve? Sístole y diástole, Entonces esto se ensancha y llegan los cristianos y luego esto se comprime y salen los cristianos, pero salen renovados. Se ensancha la casa de Dios para recibirnos con amor a todos y se comprime la casa de Dios y nos lanza al mundo para que contemos la verdad del Evangelio, para que llevemos el cirio, la luz de la Pascua, para que llevemos la noticia fresca, vivificante de la vida nueva que trae el Señor. Por eso necesitamos sístole y diástole.

Por eso esta basílica se expande, se llena. Aquí estamos llenos, estamos felices de recibirlos a todos ustedes. Y aquí caben todos, incluso uno que otro gordito. Y luego esto se comprime, se comprime. ¿Por qué? Porque esta casa todavía no es el cielo. Esta todavía no es; remotamente alude, pero todavía no es; aquella casa que tiene muchas moradas, la Casa Celestial, el cielo donde celebraremos el banquete que no acaba. Todavía no es, como no es, entonces esta basílica tiene que comprimirse y usted tiene que salir proyectado, tiene que salir a máxima velocidad para llegar hasta Zipaquirá, para llegar hasta Tunja, para llegar hasta Bucaramanga. Usted tiene que llegar hasta Bogotá. ¡Disparado, por el amor de Dios! Usted tiene que llevar la noticia del amor de Dios.

Usted tiene que seguir la carrera impresionante que inició María Magdalena el día de la Resurrección. Usted tiene que salir a máxima velocidad. Usted tiene que llevar fuego en esos talones. Usted tiene que llevar el corazón acelerado. Usted tiene que llevar la mirada luminosa. Usted tiene que llevar la palabra convincente. Usted tiene que ser un misionero. Nuestros obispos reunidos en Aparecida en Brasil, nos dijeron que nosotros teníamos que hacer sístole y diástole. Sístole se llama discípulos. Diástole se llama Misioneros. Sístole quiere decir que nosotros llegamos, nos alimentamos de la Palabra de Dios, nos alimentamos del rocío del Espíritu, nos alimentamos del testimonio de los hermanos, nos alimentamos de la fuerza de la oración, nos alimentamos de la predicación. Ahí somos sístole, ahí somos discípulos, aprendemos, recibimos, pero luego se acerca, ya llega el segundo momento en el que tenemos que seguir a máxima velocidad, porque se trata de la diástole. Nos volvemos misioneros.

Tenemos que llevar la buena noticia a todas partes. Esto es como quien transmite la Vuelta a Colombia, avanza. Tenemos que salir a máxima velocidad. Avanza, avanza. Va más rápido que el demonio. Va más rápido que el pecado. Atención, señoras y señores. Está avanzando más rápido que la muerte, llegó primero. Usted tiene que llegar primero que la desesperación. Tiene que llegar primero que la noticia de la muerte, tiene que llegar primero que la noticia de Satanás. Y tiene que llegar primero que unos personajes a los que respetamos pero que sabemos que inducen a confusión, los llamamos con cariño los hermanos separados. Usted tiene que llegar primero que los hermanos separados y esos corren bastante. Usted tiene que llegar primero que los protestantes que ahora se hacen llamar cristianos, induciendo tremenda confusión en el pueblo de Dios. La próxima vez que le diga Me voy a volver cristiano, usted le dice: -No, eso se llama protestante-. Se llama protestante. Usted tiene que llegar primero que éllos. Por eso le digo que esto. Esta es la carrera. Esta es la carrera. Esto es una carrera.

Por ejemplo, usted tiene una prima. Esa prima tiene veintidós años, estudia en una universidad. Ha perdido bastante la fe, pero se encuentra en una situación de tristeza porque su salud no es muy buena. Le salió un problema en la columna y además de eso, además de eso, empiezan a rondarle una serie de personajes extraños. Por una parte, una serie de novios, ninguno de los cuales sirve para nada y por otra parte, una serie de predicadores de todo tipo. Por ahí tiene un amiguito que es ateo. Luego tiene una amiguita que le dice que es cristiana, o sea que es protestante. Por allá tiene otra amiguita que le está invitando a la casa sobre la roca, otra que es testigo de Jehová, otro que quiere que ella se vuelva pentecostal y sobre todo tiene otro, un costeñito lo más alto, simpático, que le dice: -pare de sufrir-. Entonces la prima suya está rodeada de toda esa serie de personajes, desde el hare krishna y el ateo hasta el pare de sufrir.

Si usted se ¡apoltrona! si usted se queda ¡cómodo! viendo a ver qué va a pasar, pues cualquiera de esas aves de rapiña caerá sobre su pobre prima y un día su prima, entonces resultará ser la nueva pastora. Ahora se volvió pastora, ya abrió el garage, compró unas sillas y empezó. Por eso le digo que esto es la transmisión de la Vuelta a Colombia, solo que no es la vuelta a Colombia, sino la vuelta a la Tierra, la vuelta al planeta Tierra: "Id y predicad el Evangelio hasta los confines de la tierra", nos dijo Jesús. Hay que ir, hay que correr, hay que apresurarse. Usted tiene que llegar con la buena noticia del Evangelio, -donde su prima primero que el ateo primero que el Hare Krishna primero que el protestante avanza, esquiva al protestante, esquiva al ateo, Avanza, avanza, avanza. Aquí va; ha superado al Hare Krishna, llega donde la prima, le da el testimonio. La prima acepta nuevamente la fe-. Usted tiene que avanzar, usted tiene que correr.

No oye lo que dice aquí. Mire, estos son puras carreras. Vea. Y en Chiquinquirá todo el mundo corre empezando, empezando por las damas del santuario, que son presurosas. Eso van a máxima velocidad. María Magdalena fue al sepulcro, vio que la piedra la habían retirado. Se fue corriendo a donde Simón Pedro avanza. María Magdalena supera. Uno, dos, tres soldados. Llega donde el otro discípulo al que Jesús tanto amaba. Pedro y el otro discípulo salieron. Los dos iban corriendo juntos. Avanza Pedro, avanza Juan. Juan va de primero. Juan llegó primero, detrás llegó Simón Pedro y entró al sepulcro. Todo es carrera. Por eso tenemos que hacer sístole y diástole. Por eso tenemos que valorar nuestra misa del domingo y los niños tienen que aprender eso.

Por ejemplo, aquí tengo un par de niños llamados ellos, Valentina y Santiago. Resulta que Valentina y Santiago ya conocen el ateísmo, ya tienen compañeros ateos y profesores ateos, tienen compañeros protestantes llamarse ellos cristianos. Si Valentina sale de aquí y sigue pensando que nada más por su bonita cara le va a ir bien en la vida. . . No estamos en nada, Valentina. Si Santiago sale de aquí y cree que con su sonrisa pepsodent ya todo resuelto. . . No estamos en nada. Santiago, Santiago y Valentina tienen que salir de aquí sabiendo que tienen que superar obstáculos, sabiendo que tienen que dar testimonio, sabiendo que los van a atacar, pero sabiendo que la noticia de Cristo vence. Y como Santiago y Valentina, que entre los dos suman menos de treinta años de edad, así también todos nosotros, discípulos misioneros, sístole y diástole, Misa del domingo, alimentarse de la resurrección, llevar el testimonio y vencer.

Lo único que te puede suceder si llevas a Jesucristo es vencer. Es lo único que puede llegar a tu corazón y es lo único que tú puedes transmitir. Vencer porque Cristo ha resucitado. ¡Aleluya! ¡Aleluya!

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