Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Para estar en el mundo sin ser del mundo necesitamos: sabiduría, que discierna; coherencia, que nos sostenga en la lucha; y abnegación para renunciar a los bienes que aunque sean atractivos, no son para nosotros.

Homilía p073014a, predicada en 20200527, con 22 min. y 27 seg.

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Transcripción:

Mis queridos hermanos, en otras ocasiones hemos hablado sobre lo que significa la palabra mundo, en este contexto, en estos pasajes particulares del Evangelio de Juan. En síntesis, es como esa red de complicidades que hace que avanzar en la vida implique pecar, es decir, es el pecado como requisito social, el pecado como requisito de crecimiento personal, el pecado como valor que es aceptado e incluso, celebrado y aplaudido. Esa presencia pegajosa, difusa, pero que está por todas partes, a eso se le llama el mundo. Lo experimentamos no todo el tiempo, sino en circunstancias particulares. Como hemos dicho, cuando uno quiere avanzar, es como si a uno le pidieran una aduana, como si le dijeran: Si usted quiere pasar allá, tiene que pagar este impuesto. Y el impuesto es un pecado, es el pecado integrado en la vida humana a manera de requisito.

Cristo dice: «Yo no soy del mundo». Y Cristo dice que sus discípulos, entre los cuales estamos y queremos estar, nosotros no somos del mundo. Y Cristo dice también dos frases: «No pido que los saques del mundo», eso le dice Cristo a su Padre Celestial. Y también dice: «Así como tú me enviaste al mundo, yo los envío al mundo». O sea, no solo no los saca del mundo, sino que los envía al mundo. En esta ocasión, con el favor de Dios, queremos tratar de entender esas dos expresiones, qué significa estar en el mundo sin ser del mundo, y qué significa ser enviado al mundo. Y lo que vamos a descubrir, si el Espíritu Santo nos lo permite, es que esas dos expresiones en el fondo son sinónimas. Es decir, que estar en el mundo sin ser del mundo, y ser enviado al mundo en el fondo son cosas que equivalen, son realidades equivalentes, vamos a ver por qué.

Hay varias maneras de estar en el mundo. Uno puede estar en el mundo dejándose llevar simplemente por la corriente, es la famosa imagen del río, imagen que utiliza Santa Catalina de Siena. El río, es decir, mimetizarse, fundirse. Es decir, dejarse llevar, lo que todo el mundo hace, lo que todo el mundo piensa, aquello de lo que todos se ríen, aquello que se vuelve famoso. Aplaudir cuando todos aplauden, reírse cuando todos se ríen, obrar como todos. Claramente, esa manera de estar en el mundo es también pertenecer al mundo. Pero ¿qué pasa en la medida en que yo no me quiero dejar llevar por el río? ¿Qué pasa si yo empiezo a darme cuenta de esas trampas, de esas aduanas de pecado, de esos requisitos de pecado que el mundo quiere presentarme como inevitables? ¿Qué sucede ahí? En el momento en el que yo tomo conciencia de eso voy a encontrarme con dos opciones. Y esto es lo que llaman escoger las batallas. En algunas ocasiones puedo dar la pelea, en otras ocasiones tendré que retirarme, así de sencillo.

Yo me acuerdo de mi tiempo de servicio a la comunidad hispana en Irlanda, cuando estaba haciendo el doctorado al que me envió mi comunidad, yo serví allá a la comunidad hispana y tengo magníficos recuerdos de ese tiempo. Recuerdo el caso de una joven que había estado en el mundo del modelaje. No sé qué tipo de modelaje, si ropa, maquillaje, no sé, nunca hice esa pregunta, pero ella había estado en el mundo del modelaje y había salido de ahí. Era una persona que se estaba afianzando cada vez más en su fe católica y se fue dando cuenta que lo que le pedían en ese mundo del modelaje cada vez reñía más con sus convicciones de fe, con su certeza del amor de Cristo y con el deseo de que Cristo reinará en su vida. Entonces, ella se encontró con esta división que hemos dicho. Claro, una posibilidad es olvidarme de Cristo y dejarme llevar por el río, esa es una posibilidad, hacer lo que hacen todas o todos, porque en el modelaje hay hombres y mujeres, hacer lo que hacen todos.

No es que sea un mundo necesariamente corrupto en todos sus aspectos, no, pero todos sabemos también lo que hay ahí. No me refiero solamente al hecho obvio de cómo muchas veces se utiliza el cuerpo, sobre todo, el cuerpo de la mujer como una cosa. Pensemos en el caso de una muchacha que gusta de la belleza, que gusta de lo que tiene que ver con la ropa y entra en el mundo del modelaje. Y un día le dicen: Mira, vamos a tener un desfile muy importante y tú vas a utilizar esta prenda. Resulta que es una de esas transparencias que no dejan nada a la imaginación y en las cuales, por supuesto, es necesario que ella no utilice ni siquiera brasier, es decir, va a mostrarse semidesnuda. Ese es el tipo de conflictos que la gente tiene en esas circunstancias, pero es que además de esos conflictos, había otros.

Por ejemplo, ella me comentaba cómo muchas veces, para los grandes eventos, tenían que modelar tallas absolutamente ridículas, absolutamente estrechas, esas tallas que no son la letra S de small, ni esa XS de extra small, o sea, súper pequeño. En alguna ocasión a ella le tocaba modelar XXS, es decir, una cosa absolutamente ridícula, estrechísima, porque se supone que esa era la moda. Algo ha cambiado en el mundo del modelaje, hoy hay países que prohíben esa clase de desfiles. Entonces, si el desfile va a ser dentro de un mes, ella que en esa época supongo que no era una persona muy gruesa, pero tenía, no que ser delgada, tenía que ser raquítica, esquelética, flaca. Tres días antes del desfile, me decía ella, la dieta consistía en algo así como comer una manzana en todo el día con algo de agua y para entretener la boca, masticar papel o cualquier cosa para luego escupirlo, ese es el mundo del modelaje.

Entonces, no es solamente el hecho de que traten a tu cuerpo como si fuera de plástico para usarlo. Es también que tu salud está en juego y destruyen tu salud. Entonces, a medida que ella se fue dando cuenta de eso, una posibilidad, repito, es olvidarse de Cristo y seguir haciendo dinero y volverse una supermodelo, sometiéndose a todo eso. Pero como ella no quería seguir ese camino, el camino de olvidarse de Cristo, entonces ahora tenía dos caminos, dos caminos es ¿voy a dar la batalla o me voy a retirar de esto? Y ella intentó dar la batalla, intentó dar la batalla durante un breve tiempo. Dar la batalla ¿qué significa? Significa: Yo no voy a hacer eso. Pero rápidamente: Yo no voy a hacer eso, ya sabes lo que implica en el lenguaje del mundo: Jamás vas a ser una top model, jamás vas a ser una modelo top si te sometes, si piensas de esa manera, tienes que someterte a las reglas para llegar a ser la top. Como ella se dio cuenta de eso, al principio dio alguna batalla y después se dio cuenta que no había manera de seguir.

Entonces, ya vamos aprendiendo lo que significa estar en el mundo sin ser del mundo. Significa que tengo que hacer un juicioso discernimiento para saber en dónde están las batallas que todavía puedo dar, porque hay muchas que se pueden dar, y cuáles son las batallas que no voy a poder dar. Y como no la voy a poder dar, entonces ¿qué me toca hacer?, me toca retirarme. Por supuesto, a ojos del mismo mundo esto se llama fracaso. Entonces, no vas a estar en los grandes puestos directivos de las empresas, entonces seguramente no vas a ser el director, presidente o jefe único del partido político. Entonces, seguramente no vas a tener los mejores ingresos. Entonces, los medios de comunicación no estarán a tus pies deseosos de hacerte una entrevista o tomarte una foto. Es decir, vas a fracasar, qué duro, qué duro. Y esto es muy importante decirlo claramente, porque creo que hay mucha gente que no lo dice y hay que decirlo, no se puede aspirar a ser completamente de Cristo y a ganar todas las peleas, todas las batallas, no se puede, no se puede. Hay ocasiones en que tú tienes que decir: Este puesto o mi conciencia. No siempre te van a pedir las mismas cosas.

A mí me llamó siempre la atención, y es un ejemplo que he mencionado dos o tres veces antes, me llamó la atención en el caso de la primera mujer que llegó a ser presidenta general, vamos a decir, presidenta, que no me guste, que no me gusta esa expresión, lo que llaman en inglés CEO, llegó a ser la CEO de Nokia, la famosa empresa productora de teléfonos celulares, en la época en que Nokia estaba en el top, estaba en la cima. Obviamente, lo que es hoy Nokia es mucho menor, hay otras empresas que tienen ese primer lugar. Pero cuando Nokia era una empresa de referencia en el mundo entero, esta mujer llegó allá y ella tuvo que hacer el discernimiento, ¿cuál discernimiento?

A ella no le estaban pidiendo que mostrara su cuerpo. A ella no le estaban pidiendo que arruinara su salud. No, pero le estaba pidiendo, el cargo le estaba pidiendo otro precio altísimo, no tenía casi ocasión ni tiempo de ver a sus hijos. Es decir, llegó el momento en el que ser la súper gerente exitosa, referencia en el mundo entero, sobre todo en estos tiempos en que esos cargos para las mujeres se supone que son la máxima realización de la mujer. Pues esta mujer era y es tan mujer que se dio cuenta que una parte de su ser de mujer lo estaban mutilando: Me encanta ser gerente, me encanta ganar buen dinero, pero es que me encanta también ver a mis hijos, acostarlos, besarlos, leerles un cuento. Eso también me encanta y no quiero perderlo.

Entonces ¿qué es estar en el mundo sin ser del mundo? Punto primero es hacer un discernimiento y tener claro desde el principio: muchas oportunidades no van a ser para mí, así es. Y eso vale en tantos lugares, pero en tantos que, a ver, que nadie se vaya a escandalizar, pero sucede también en la Iglesia, eso también pasa en la Iglesia. No te creas, no te creas tú que todos los que están en cargos medios, en cargos bajos, no te creas que es por falta de capacidades que no ascienden, entre comillas, ascender, aunque el Papa Francisco dice que no hablemos de carrera eclesiástica. No te creas, hay mucha gente que está en cargos muy humildes y en parroquias muy humildes y en oficios muy humildes y son verdaderos titanes, verdaderos héroes de la santidad y Dios solamente los conoce. Y muchas de estas personas y muchos de estos hombres, también mujeres en sus respectivas comunidades, están en cargos humildes, en cargos muy, muy sencillos, porque jamás han negociado nada en su conciencia, entonces por eso están donde están.

Significa eso que todos los que están en cargos importantes es porque hicieron trampas, no, no, salgo al paso de esa objeción y digo no, que también yo he conocido gente en cargos de la más alta responsabilidad y de una profunda santidad. Yo, por lo menos estoy vivamente convencido de la santidad de dos Papas que llegué a conocer, estoy vivamente convencido de la santidad de Pablo VI, de Juan Pablo II, y yo no voy a decir que ellos llegaron allá por ningunas trampas, en absoluto, no solo no me consta, sino que no lo creo, de ninguna manera. Pero lo que te quiero decir es que las garras y los colmillos de la mundanidad también muerden en la Iglesia. Y eso no lo digo yo porque si, eso lo han dicho también los Papas, incluyendo Benedicto y más que Benedicto XVI, el Papa Francisco.

Entonces, ¿qué es estar en el mundo sin ser del mundo? Es estar en ese perpetuo discernimiento, cuál es la batalla que tengo que dar y si la puedo ganar en el nombre de Cristo, y saber que no todos los cargos van a ser para mí, no todas las relaciones, no todos los noviazgos van a ser para mí, tendrá que decir el que tenga esa vocación: Que maravilloso sería ser la novia de este hombre maravilloso, increíble. Bueno, lo que pasa es que él es ateo y es bastante materialista y se ve que se aprovecha del que puede y tiene por ahí unos hijos regados. Pero es que me fascina ese hombre. Piénsalo, piénsalo, no todas las oportunidades son para ti. Estar en el mundo sin ser del mundo significa entender eso, no todas las oportunidades son para mí. Pero es que esa mujer es la que más me gusta. Sí, pero habrá que ver. Ese es un factor que te guste, es un factor, uno, y seguramente no el más importante. Mira el conjunto de los factores y ahí verás y ahí verás si realmente es para ti o no.

Entonces, mucho discernimiento. Fíjate que nos resultaron tres puntos. ¿Qué hay que hacer? Lo básico, mucho discernimiento, tres puntos, mucho discernimiento. Dos, hay unas cuantas batallas que hay que dar, y eso significa que nos van a mirar con fastidio. Eso también me ha pasado a mí. Eso también me ha pasado a mí, que me miren con fastidio, también me ha pasado, pero no entremos en detalles y oportunidades que hay que dejar pasar: Ese era el trabajo de mis sueños, ese era el trabajo que yo, ese era el novio que hubiera sido el hombre más maravilloso en mi vida, es que ese era el grupo de amigos que yo quería. Hay oportunidades que hay que dejar pasar. Resumo y termino, estar en el mundo sin ser del mundo es discernir perpetuamente. Si veo que hay que dar la batalla, dar la batalla sabiendo que voy a ver malas caras y fastidio, pero eso fue lo que me mostró el discernimiento. Y tercero, dejar pasar unas cuantas oportunidades, aunque sean maravillosas.

Pero aquí llegamos a la conclusión. Si uno va a obrar de esta manera, si uno está en el mundo sin ser del mundo, necesariamente uno es un enviado, ¿te acuerdas lo que dijimos al principio de la homilía? Dijimos que estar en el mundo sin ser del mundo era equivalente a lo que Cristo llamó ser enviado, enviado de Cristo al mundo. Claro, porque ese discernimiento significa que tú pones la sabiduría por encima del ímpetu y la manipulación del mundo. Que tú vayas a dar batalla significa que tú pones la coherencia de tu fe por encima de las complicidades y sobornos del mundo. Y que tú dejes pasar oportunidades porque te das cuenta que no son para ti, ¿qué significa? que tú abrazas la cruz del Señor en vez de tomar el camino ancho, el que lleva a la perdición. Y ¿qué quiere decir que tú tengas esta sabiduría y que tú tengas esta coherencia y que tú tengas esta cruz, la cruz de tu Señor, qué significa eso? Que tú estás dando un mensaje, hermanito querido, tú estás dando un mensaje. A través de esa manera de obrar, es decir, con tu sabiduría que discierne, con tu coherencia que te mantiene en el combate y con tu capacidad de renunciar a lo deleitable si contradice a Dios, tú estás enviando un mensaje poderosísimo.

Y ese mensaje el mundo lo rechaza y el mundo te hace mala cara y el mundo dice: Ay, yo pensé que tú eras más moderna. Yo pensé que tú ya habías superado la Inquisición. Yo no creí que tú fueras tan cerrado de mente. Vendrán los insultos, vendrán las persecuciones. Pero ¿sabes una cosa? Muchas veces los mismos que se burlan y los mismos que no son otra cosa sino instrumentos del enemigo para desanimarte, un día también te agradecen, un día también dicen: Aprendí de ti. Y te puedo asegurar algo, el día que tengan una verdadera, pero verdadera tribulación, ¿a quién van a buscar como consejero? ¿Van a buscar a otros mundanos que solo pelean por sus propios intereses? No, suele suceder con frecuencia que los mismos que se burlan de nosotros, llegado el momento de la tribulación, toman un teléfono, buscan una conversación: Mira, si puedes orar por favor por esto. Mira. ¿Qué me aconsejas en este caso? ¿Te das cuenta?

Entonces, eso es lo que Cristo llama vencer al mundo. Uno vence al mundo con esos tres elementos: sabiduría, coherencia y cruz. ¿Ya te los aprendiste? Sabiduría para discernir, coherencia para resistir, cruz para renunciar. Ya te los aprendiste, repito por última vez, que hay que seguir con la Santa Misa, bendito Jesús. Sabiduría para discernir, coherencia para luchar, cruz para renunciar a lo que tengo que renunciar. Y ¿de dónde va a salir esa fuerza? Del altar, del altar de Cristo, de alimentarnos de Cristo, de ahí sale la fuerza, fuerza de luz para discernir, fuerza de coherencia para pelear, fuerza de humildad para renunciar a lo que hubiera podido hacer, pero no me va a esclavizar a mí. Amén.

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