Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cristo quiere que trabajemos por la unidad sin descuidar el protegernos del mal y trabajar en protegernos del mal sin descuidar la unidad.

Homilía p073013a, predicada en 20200527, con 6 min. y 16 seg.

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Transcripción:

Vamos avanzando en la oración sacerdotal de Jesucristo que empezamos a escuchar en el Evangelio de la Misa el día de ayer. Dos peticiones atraen nuestra atención en el texto de hoy. Primera, dice Cristo: «Que todos sean uno». Segunda petición, dice Cristo: «No te pido que los saques del mundo, sino que los guardes del mal». Que sean uno y que estén guardados del mal. Hoy, amados hermanos, vamos a mirar la relación que hay entre estas dos peticiones de Cristo, en un momento tan solemne como es el de la oración sacerdotal. Repito, las dos peticiones son: que todos sean uno y que los guardes del mal.

Primero, es bueno darnos cuenta de la relación que tienen estas dos peticiones si pensamos en sus negativas. Por ejemplo, ¿qué pasa si una persona se obsesiona con el tema de la unidad? Vamos a lograr la unidad, vamos a unir a toda la humanidad, eso suena muy bello, muy, muy bello. Vamos a unir la humanidad en una sola causa, vamos a unir a todos los seres humanos en una sola causa. En principio suena bien, pero los que tenemos ya algunos años, sabemos que detrás de una idea como esas, como esa, puede haber muchísimas cosas, muchísimas, y no todas son buenas.

Así, por ejemplo, la Organización de las Naciones Unidas quiere que haya absoluta unidad. Vamos a respetar los derechos humanos, maravilloso. Los derechos humanos tienen que ser una especie de código que es respetado por todo el mundo, maravilloso, suena muy bien. Pero luego, hay mucho veneno cuando se empieza a especificar cuáles son los derechos humanos, porque, por ejemplo, desde hace ya bastantes años hay grupos de presión dentro de la ONU que quieren a toda costa que se admita como un derecho humano el aborto, que por supuesto es la negación del derecho humano primero y fundamental de la criatura que va a nacer, porque es asesinar a ese ser humano. Pero la ONU quiere que toda la humanidad, toda, toda la humanidad, se una en torno a una declaración turbia, fraudulenta, sucia, de derechos humanos que tiene trampas como la que acabo de mencionar.

Entonces, ¿qué se cumplió ahí? Que sí, buscamos la unidad, pero y la parte de: guárdalos del mal, no se está cumpliendo porque entró un veneno de mentira, de trampa y de fraude en muchos sectores de las Naciones Unidas. Eso sucede cuando tú quieres lograr la unidad a cualquier costo y no te das cuenta que falta la parte de: guárdalos del mal. Lo mismo hay que pensar cuando se dice: Bueno, vamos todos, todos, todos, todos vamos a pedir, cada uno según su religión, cada uno según su credo, cada uno vamos todos a pedir. Vamos todos a pedir o vamos todos a orar, es muy peligroso ese lenguaje, muy peligroso, con el debido respeto a quienes han propuesto esas iniciativas o las han llevado a cabo. Eso de que vamos a reunirnos y todos y cada uno pídale al Dios en el que crea. Y ¿es que cuántos dioses hay? ¿Cuántos son los dioses? Porque lo que yo entiendo es que si hay un solo Dios verdadero, como es el caso, entonces si cada uno está pidiéndole a su Dios, solo hay dos posibilidades o que es el mismo Dios en todas las religiones, o que los que están pidiendo no le están pidiendo al Dios verdadero. Y si no le están pidiendo al Dios verdadero, ¿qué sentido tiene eso? Ahí te dejo esa inquietud.

Bueno, existe la otra posibilidad que entonces uno dice: guárdalos del mal y se queda solo con esa petición, pero se olvida de la parte de la unidad. Y ¿qué sucede en ese otro caso? ¿Qué crees que sucede? Que cuando uno no busca la unidad, sino únicamente está buscando el guárdalos del mal, entonces uno está buscando la pureza absoluta en la doctrina, en la liturgia. Yo tengo una liturgia pura, prístina, mi moral es inmaculada, mi doctrina es absolutamente destilada, sana, luminosa. ¿Qué crees que pasa cuando uno empieza a encerrarse en eso, en ese pensamiento? Pasa que entonces, uno se sube a una torre de marfil y desde ahí no ve sino herejes, herejes, herejes por todas partes. Y entonces, uno se trepa a una torre de arrogancia y desde ahí todos los demás están equivocados. Y si alguien le dice: Hombre, pero date cuenta que aciertan en esto, que nos pueden dar ejemplo en esto. De ninguna manera, de ninguna manera, herejes son. Y ¿a dónde lleva eso?

Entonces, el arte que quiere Cristo en nuestros corazones es que nosotros trabajemos por las dos cosas. Hay que trabajar por la unidad sin descuidar: guárdalos del mal, y hay que trabajar por el guárdalos del mal sin descubrir que tenemos una tarea real, una tarea pendiente de buscar la unidad.

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