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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Estar en el mundo pero sin ser del mundo significa que participamos de esta realidad, pero nuestro corazón conoce dónde está el verdadero gozo que traspasa el umbral de la muerte.
Homilía p073011a, predicada en 20180516, con 5 min. y 16 seg. 
Transcripción:
Hay dos pensamientos, dos ideas principales que brillan en el Evangelio de hoy, tomado del capítulo 17 de San Juan. Primero es la súplica por la unidad, este pensamiento, esta súplica, va a volver a aparecer en la misma oración de Cristo, y por eso podemos aplazar la reflexión sobre ese aspecto tan bello del corazón del Señor. El segundo aspecto es lo que tiene que ver con la relación entre los discípulos y el mundo. Dice Cristo: «Yo los he sacado del mundo». Nosotros estamos por fuera, podría decirse, por fuera de algo que vamos a llamar la lógica de este mundo, es la misma idea que encontramos en otra parte del mismo Evangelio de Juan. De lo que se trata es no de que estemos ausentes en el mundo, sino que no seamos del mundo. O dicho con palabras más sencillas, que son las del Evangelio, que estemos en el mundo, pero sin ser del mundo.
Indudablemente, estas palabras requieren una explicación. Parece un poco confuso, ¿cómo puede uno estar en el mundo sin ser del mundo? Pero las cosas se aclaran cuando empezamos a mirar qué puede significar eso de ser del mundo. Ser del mundo significa tener nuestros afectos, nuestros planes, nuestras esperanzas en las cosas que el mundo puede ofrecer y las cosas que el mundo puede ofrecer tienen finalmente un común denominador, y es que son útiles, son placenteras, son valiosas antes de la muerte, Todo lo que el mundo puede ofrecer se estrella y se vuelve trizas ante la muerte, la fama, los aplausos, las riquezas, el poder, la vanidad, todo género de placeres, cuando llega la hora de la muerte, se estrellan y se vuelven pedazos, todo eso termina.
Entonces, ¿a qué llamamos que una persona sea del mundo? ¿Qué significa que alguien es del mundo? Quiere decir que todos sus afectos, deseos, proyectos, esperanzas, búsquedas, alegrías, tristezas, se mueven simplemente en esa lógica, en la lógica de lo que el mundo puede ofrecer. Y ya sabemos que lo que el mundo puede ofrecer se estrella contra el misterio de la muerte y se vuelve nada y muestra que está vacío. Entonces, ser del mundo quiere decir que uno de tal manera está lleno de esos afectos, está lleno de esos intereses, que no le preocupa y parece no desear nada distinto, eso es ser del mundo.
Ahora bien, ¿qué significa estar en el mundo? Estar en el mundo quiere decir que nuestra vida se desenvuelve en la misma realidad que tienen tantas otras personas, en lo mismo que viven tantas otras personas, es decir, nosotros, lo mismo que nuestros demás hermanos y hermanas, nosotros tenemos que comprar y vender, tenemos que estudiar y trabajar, tenemos que descansar, buscamos amigos, formamos familias, tenemos nuestra vivienda, tenemos nuestro trabajo. Es decir que todos nosotros participamos de esas realidades, participamos del estudio, el trabajo, el descanso, los amigos.
Pero ¿cuál es la diferencia? Que, aunque participamos de todas esas realidades, nuestros intereses, nuestros gustos, nuestras búsquedas, nuestras esperanzas, van más allá de lo que acaba con la muerte, van más allá de lo que puede ofrecer este mundo. Y eso significa que nosotros hemos buscado más allá de lo que ofrece la muerte. ¿Cómo lo hemos buscado? Porque es que vamos detrás del Resucitado, ese que traspasó el umbral de la muerte nos ha enseñado dónde están los verdaderos tesoros y que no son fruto de fantasía, sino la más pura y sólida realidad. Eso es lo que significa estar en el mundo, pero sin ser del mundo. Participamos de las realidades de todos los demás seres humanos, pero nuestro corazón ha conocido dónde está el verdadero gozo. Y sabemos que solo aquellos valores, virtudes y realidades que traspasan el umbral de la muerte son genuinamente valiosos.

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