Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Conocer el nombre de Dios es permanecer siempre unido a Él, es perseverar en una experiencia siempre renovada de su amor y de su poder.

Homilía p073010a, predicada en 20160511, con 5 min. y 31 seg.

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Transcripción:

El Evangelio de hoy es continuación del texto que hemos escuchado el día de ayer, ambos textos están tomados del capítulo 17 de San Juan. De hecho, durante esta semana, ese capítulo, precioso capítulo que contiene la oración sacerdotal de Jesucristo, nos va a acompañar. Y para que la presencia de esas palabras tan inspiradas y tan profundas haga bien en nosotros, yo me atrevo a sugerir, no te quedes solamente con lo que escuchas en el templo, no te quedes solamente con estas modestas reflexiones. Ve, tú mismo, sumérgete en el capítulo 17 de San Juan, sumérgete en el corazón orante de Cristo, sumérgete en esa sangre que palpita de amor por la gloria del Padre y por nuestra salvación. Sumérgete, capítulo diecisiete de San Juan, tú tienes Biblia en tu casa, la tienes cerca de tus manos. No dejes que acumule polvo en un rincón de una biblioteca, sácala de ahí, acércala a tu mente, a tu corazón y a tus labios, capítulo 17 de San Juan.

En el pasaje de hoy encontramos una de las súplicas centrales de la oración que Cristo hace. Padre dice «que sean uno como tú y yo somos uno». Quiero destacar en esta oportunidad que Cristo dice: «Guárdalos en tu nombre». Es decir, que la súplica por la unidad va en paralelo y en unión con la súplica para que nosotros, que somos discípulos de Jesús, seamos guardados en su nombre. ¿Qué querrá decir esa expresión? Indudablemente tiene profundas raíces en el pensamiento semita, en el pensamiento hebreo. Una palabra como nombre, tiene muchísima fuerza en la Biblia. Nos damos cuenta que hay un mandamiento de la ley de Dios que expresamente dice: «No invocarás en vano el nombre del Señor».

Sobre todo, para no poner a Dios como testigo de una mentira, que es el caso del gravísimo pecado del perjurio. Eso de que te lo juro, que en el fondo es poner a Dios por testigo, te lo juro y es una mentira, eso se llama perjurar, eso es usar mal el nombre de Dios. Pero, el nombre es todavía una realidad más profunda, porque nos damos cuenta que Dios le cambia el nombre a algunas personas en la Biblia y al cambiarles el nombre, les asigna una nueva ruta, les da una nueva tarea, les pone una nueva misión. Entonces, Abram pasa a llamarse Abraham. Jacob pasa a llamarse Israel. Simón, hijo de Jonás, pasa a llamarse Pedro, el Apóstol. Y los cambios de nombre siempre indican una descripción, un asomo a la realidad más profunda de esa persona.

Pues bien, a nosotros se nos ha revelado el nombre de Dios. No es un nombre como Pedro, Juan, Santiago o Jehová, los llamados testigos de Jehová, que entre otras cosas, tienen una terrible confusión en eso, porque decir Jehová es revolver las consonantes de Yahvé con las vocales de Adonaí, es un absurdo, pero no entremos en ese tema ahora. Los testigos de Jehová, que así llaman a Dios, los testigos de Jehová, dicen que ese nombre Jehová, es el nombre de él, como quien dice: Me presentaron un amigo. Yo no sabía cuál era su nombre. Y de repente el amigo me dice: Oye, ¿sabes qué? Te voy a contar algo. Yo me llamo, por ejemplo, Ricardo, y ya sé cuál es el nombre de mi amigo. Así interpretan los Testigos de Jehová este tema tan profundo y tan inspirador.

Pero conocer el nombre de Dios no es simplemente conocer unas sílabas, conocer un sonido, no es simplemente aprender a decir en inglés Jehovah, o aprender a decir en español Jehová. No, no es simplemente aprender unas sílabas, no es aprender un sonido. Es tener una experiencia de absoluta confianza, de total cercanía, es tener ese puente que vincula, que une mi corazón y el suyo. Eso es conocer el nombre de Dios, es conocer la persona y, por consiguiente, ser guardado en el nombre de Dios. Es perseverar en una experiencia siempre renovada de su amor y de su poder. Y eso, según nos dice Cristo, en el Evangelio de hoy, es lo único que nos puede dar verdadera unión con Él y verdadera unión entre nosotros.

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