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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Un paralelo entre la despedida de San Pablo y la renuncia del Papa Benedicto.

Homilía p073009a, predicada en 20150519, con 5 min. y 20 seg.

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Transcripción:

Nuestra primera lectura hoy ha sido tomada del capítulo número 20 de los Hechos de los Apóstoles, es un pasaje muy emotivo. Encontramos al apóstol San Pablo despidiéndose de un grupo de presbíteros, así los llama, presbíteros en la ciudad de Éfeso, en la actual Turquía, lo que se llamaba Asia Menor en aquella época. Por supuesto, las despedidas son emotivas, hay abrazos, hay lágrimas. Pero también en las despedidas aparecen esas palabras de síntesis, esas palabras de sabiduría que nosotros, como fieles creyentes de Cristo, apreciamos y queremos llevar a nuestra vida.

Yo confieso que yo no puedo escuchar estas palabras de Pablo sin relacionarlas con la despedida del Papa Benedicto. El 11 de febrero del año 2013 el Papa Benedicto anunció su renuncia a la sede episcopal de Roma y, por consiguiente, eso estaba indicando que habría que elegir un nuevo Papa, como efectivamente sucedió. Por supuesto, la noticia conmovió al mundo y por supuesto, también nosotros recordamos que el Papa Benedicto insistió varias veces en sus discursos entre el 11 de febrero y el 28 de febrero de ese año 2013, insistió varias veces en el hecho de que la Iglesia no es del Papa, la Iglesia no es del cura, la Iglesia no es del obispo, la Iglesia es de Dios y está siempre en manos de Cristo. Esa expresión es la que utiliza primero el apóstol Pablo en este capítulo 20 de los Hechos de los Apóstoles. Dice Pablo: «Os dejo en manos de Dios». Qué bueno recordar esto, recordarlo todo, todos, pero especialmente recordarlo nosotros, los sacerdotes. Qué bueno recordar que el rebaño le pertenece a Cristo. Decía San Carlos Borromeo que la mejor manera de tratar a los fieles es siempre recordar con qué sangre fueron adquiridos, y esta es una enseñanza muy bella que nos deja el apóstol San Pablo.

Pero también hay otras enseñanzas que podemos aprovechar. Observemos el realismo de Pablo, es un hombre que tiene un corazón grande, un corazón lleno de caridad y de compasión. Evidentemente, las lágrimas brotan a torrentes de sus ojos, lo mismo que en los ojos de los demás. Pero esa emoción tan bella y ese amor tan intenso, no lo vuelve ciego, de esto hemos hablado muchas veces, el amor cristiano nunca es ceguera, el amor cristiano no consiste en dejarnos abrumar por las emociones hasta el punto de no poder pensar, no poder razonar. El exceso de amor no significa defecto en el pensamiento y, por consiguiente, Pablo les habla con mucho realismo. Y es ese realismo el que quisiera que también nos quedara como enseñanza hoy. He aquí lo que dice Pablo: «Sé muy bien que cuando me haya ido, lobos feroces se meterán en el rebaño. Incluso, algunos de ustedes deformarán la doctrina».

Aquí Pablo se me parece mucho a nuestro Señor Jesucristo en la Última Cena, cuando dice: «Uno de ustedes me va a traicionar». Pablo, fiel discípulo de Cristo, sabe perfectamente, con gran realismo que hay traidores. Este realismo no significa resignación, este realismo significa conciencia de que mientras no lleguemos al cielo, o si soy más preciso, mientras no llegue a la bienaventuranza eterna el último de los elegidos, siempre estaremos en combate. Y ese combate aparecerá en los lugares, en los rincones, incluso inesperados. Cuando a veces encontramos en nuestro tiempo que hay cardenales de la Iglesia Católica diciendo barbaridades, por ejemplo, sobre aquello de dar la comunión a los divorciados vueltos a casar, cardenales de la Iglesia hablando de eso. Cuando vemos a obispos que por debilidad humana o lo que sea, se vuelven cobardes, se vuelven cómplices de los intereses de este mundo, no tenemos que bajar la guardia. Nuestra oración por la conversión de todos tiene que ser insistente y nuestra conciencia de que eso ya está anunciado desde el principio.

Así que no nos vamos a dejar engañar por las voces que quieren apartarnos de la enseñanza de Cristo. No nos vamos a dejar engañar por los que quieren apartarnos de la doctrina fiel y verdadera de la Iglesia. Si hay un sacerdote que enseña lo que no es y hay un obispo que enseña lo que no es, oraremos por él, pero no dejaremos que nuestra fe sea vendida por un plato de lentejas, lo anunció ya Cristo, lo anunció Pablo, esta es la hora para permanecer firmes en la fe.

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