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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
¿Qué es una mentalidad mundana y cómo se libra de ella el cristiano?
Homilía p073008a, predicada en 20140604, con 24 min. y 21 seg. 
Transcripción:
Amados hermanos, acerquémonos con respeto y con agradecimiento a las palabras que brotan del corazón de Cristo cuando hace oración a su Padre Celestial. Recordemos que esas palabras son como una puerta que nos permite entrar un poco en el misterio de nuestro Señor y Salvador. ¿Qué es lo que pide Jesús en el pasaje que hemos oído correspondiente a los versículos del 11 al 19 de este capítulo 17 de San Juan? Creo que está sintetizado en la frase que hemos oído: «No te pido que los saques del mundo, sino que los libres del mal». Es una petición parecida a la que encontramos en el Padre Nuestro, lo último que decimos, educados por Cristo, en el Padre Nuestro es exactamente eso: líbranos del mal. Creo que esa parte se puede entender con alguna facilidad. Pero, ¿qué quiere decir aquello de estar en el mundo, pero no ser del mundo? Antes de intentar una explicación, observemos que estas palabras de Cristo, en principio se refieren a todos los discípulos.
Cuando conocemos monjes, misioneros, sacerdotes, gente de Iglesia, es fácil pensar que estas palabras del Señor tienen que ver sobre todo con esos consagrados. Pero el tema es que consagrados somos todos por el bautismo y que esto de no ser del mundo, pero de no salir del mundo, tiene que ver con todos nosotros. Es decir que, por ejemplo, un joven que está en la universidad, si es bautizado, a él le corresponde estar en el mundo y no ser del mundo. Si un político está en la sala de discusión de las leyes que luego van a regir una región o un país, ese político, si es de Cristo, tiene que cumplir con su tarea de estar en el mundo y no ser del mundo. Así que por favor, no asignemos estas palabras únicamente a la gente que ha hecho unos votos religiosos o a los que han recibido la ordenación sacerdotal. Los matemáticos, los escritores, los pintores, las modistas, los actores en la televisión, los padres de familia, por supuesto, los médicos si son de Cristo, si son bautizados, tienen que escuchar el clamor de Cristo. Y el clamor de Cristo es: Yo estoy en el mundo, pero yo no soy del mundo.
Y en este sentido, casi puede ser más apremiante la palabra del Señor Jesús, para los que están tan metidos en las realidades temporales, como las llama el Concilio Vaticano II en la Constitución Lumen Gentium. Porque de las cosas interesantes que tuvo el Concilio Vaticano II, fue una gran claridad sobre esa materia, ser laico, como es la inmensa mayoría de ustedes queridos hermanos, ser laico no es quedarse sin tarea. Ser laico no es quedarse cómodamente pensando: Bueno, harto trabajo tienen los curas, harto trabajo tienen los misioneros, harto trabajo tienen las monjas. Ser laico es tener la tarea de llevar hasta el final el fruto de la oración de Jesús, tal como se presenta hoy, Juan capítulo 17, versículos del 11 al 19.
Ser laico es transformar las realidades de este mundo para que tengan el sabor, el aroma, el aspecto que satisface a Cristo. Y estas palabras del Concilio, pero antes de ellas, las palabras mismas de nuestro Divino Maestro, nos convierten a todos, y en particular, convierten a ustedes, queridos profesores, abogados, médicos, políticos, científicos, artistas, actores, estas palabras los convierten a ustedes en misioneros. Si estás dónde estás y no le estás dando sabor de Cristo al mundo, si no estás ganando terreno para Cristo, quiere decir que el mundo está ganando terreno en ti. Esto no tiene alternativa, hermanos. O tú estás ganando gente para Jesús o el mundo ya te está devorando.
Con esa claridad, examinemos por un instante qué quiere decir esto de mundo, es uno de los temas apasionantes en el Evangelio de Juan y en todos sus escritos, ¿qué quiere decir esto de mundo? No se refiere simplemente al planeta Tierra, no se refiere simplemente a la naturaleza, ni siquiera se refiere simplemente a la sociedad humana. Porque hablando de la sociedad humana, tenemos ese otro texto de San Juan que dice: «Tanto amó Dios al mundo, que le envió a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca», esto está en el capítulo tercero, versículo 16 de San Juan. O sea que la palabra mundo en el pasaje de hoy, del capítulo 17, tiene un sentido más específico, no es simplemente la sociedad humana.
Yo creo que algunas expresiones de nuestro lenguaje actual nos ayudan a comprender lo que quiere decir el mundo. Por ejemplo, podemos pensar en cuáles son las corrientes de pensamiento, cuáles son las costumbres, las modas, la opinión pública. O podemos pensar en cuáles son las cosas que reciben aplausos, reconocimiento, fama en nuestra época. O podemos pensar en cuáles son los recursos que hoy son necesarios para encontrar renombre, para lograr ascenso, para hacerse visible. Estas son tres líneas de aproximación que nos ayudan a entender toda la carga teológica y toda la carga ética que tiene la palabra mundo en los escritos de San Juan. Preguntarnos por las modas, las corrientes que prevalecen. Preguntarnos por las personas que son aclamadas y preguntarnos por los recursos que llevan a sobresalir. Cuando nos hacemos esas preguntas, lo que empieza a sentir nuestra conciencia es un poco de perplejidad y un mucho de decepción, porque nos damos cuenta que las corrientes que atraviesan nuestra época, es decir, las cosas que se imponen como modas o que se imponen como estándares legislativos en muchos lugares son francamente decepcionantes.
Parece, por ejemplo, que si un país no legaliza el aborto, si un país no subsidia abortos, ese país está atrasado. Es una corriente impresionante. Es una presión descomunal que sucede a través de la OEA, pero sobre todo a través de la ONU, a través del gobierno de Estados Unidos, en algunas ocasiones, para destruir la familia, para extender el aborto. Entonces, la Secretaria de Estado de los Estados Unidos anunciaba, en su momento, que era prioritario para los Estados Unidos facilitar el acceso al aborto en muchos otros países. Y eso, para cualquier persona que tenga conciencia y que tenga la cabeza bien puesta sobre los hombros, es una vergüenza de la humanidad, una vergüenza. Pero eso se extiende por todas partes. El país que no tenga desfile del orgullo gay, es un país retrógrado, es una vergüenza de país, porque hay que celebrar el orgullo gay y hay que proclamar que los travestis y los homosexuales son un modelo de humanidad digno de ser aplaudido, con la consecuencia inmediata de que los modos de educación tienen que preparar a los niños para aceptar esas realidades. Entonces, ahí nos damos cuenta de lo que quiere decir la palabra mundo, porque esos son los estándares, esas son las modas que se repiten por todas partes.
Cuando una joven llega a la universidad empieza a encontrarse, especialmente en la universidad, porque ya tiene una gran apertura frente a las realidades de la sociedad, se puede encontrar fácilmente que el 90% o más de sus compañeras mujeres son escandalosamente promiscuas. Es decir, han tenido todo tipo de experiencias sexuales, muchas veces con hombres, con mujeres o con indeterminados. Y eso tiene que ser el estándar 90% de mujeres, 98% de hombres. De modo que una joven que haya sido educada en un hogar católico en ese ambiente, siente que pronunciar la palabra virginidad es exponerse a la burla, el desprecio, el insulto. Ser virgen, ¡qué cosa tan absurda! ¿Cómo se le ocurre? Es peor que si tuvieras un cáncer con SIDA. Eso es lo que queremos decir con la palabra mundo, son estándares que se imponen, son modas que se imponen, son formas de pensamiento que se imponen.
Y Jesucristo nos dice: Ustedes no son de eso. Pero no ser de esa corriente es un problema gravísimo, porque no ser de esa corriente significa que, quién me va a querer si yo quiero ser virgen, quién me va a querer si yo no estoy de acuerdo con el orgullo gay, quién me va a querer si yo pienso que el aborto es una vergüenza de la humanidad. Entonces, el cristiano va a experimentar una gran soledad y va a experimentar persecución. Y por eso, dijo Jesús las siguientes palabras en el día de hoy, dice aquí: «Yo les he entregado tu Palabra y el mundo los odia». Eso es lo que va a experimentar el que llega a una gran empresa, el que llega a un trabajo del gobierno donde todo el mundo roba, pero esa persona es un cristiano convencido y todavía cree en la honradez, va a experimentar el odio porque su honradez va a ser un estorbo fabuloso, un estorbo formidable para los que quieren seguir robando.
Entonces, a la Biblia no le sobra ninguna palabra, aquí dice: «El mundo los odia» y el cristiano tiene que prepararse para ser odioso, en este sentido, no es que sea un arrogante. No se trata de ser antipáticos, no se trata de ser petulantes, se trata de que, si somos coherentes con Cristo, somos un estorbo para las personas que quieren imponer esos estándares. Y por eso, la Iglesia Católica es el gran estorbo para las políticas del Nuevo Orden Mundial. Es un estorbo terrible, porque la Iglesia está ahí molestando con que el aborto es un crimen, con que el matrimonio entre hombre y mujer,, y eso les fastidia y eso los vuelve iracundos, pero Jesús ya lo advirtió: el mundo los odia.
Mundo también quiere decir no solo las modas que se imponen, mundo también quiere decir las personas que sirven de referencia. Esto es muy doloroso para mí porque desde hace unos años trato de servir el Evangelio por muchos caminos, también a través de Internet y otros recursos de las redes sociales. Hermanos míos, busquen ustedes cuáles son los videos más vistos en todo el mundo. Busquen ustedes cuáles son las personas que tienen más seguidores, por ejemplo, en Twitter, busquen ustedes cuáles son las páginas de Facebook que tienen mayor número de me gusta. Busquen ese tipo de nombres y ustedes tendrán un retrato de la situación en la que se encuentra el mundo según la teología de San Juan.
A ustedes no les parece que es una vergüenza de la humanidad que son, precisamente, los hombres y mujeres más depravados, los más cínicos, los más obscenos, los más blasfemos, los que tienen más seguidores. A ustedes no les parece muy triste, por ejemplo, los que tienen hijos, los que tienen hijas, la mayoría de ustedes tienen hijos o hijas. Para quien tiene una hija y la quiere, a ti no te parece muy triste que las mujeres que tienen los primeros puestos en las grandes redes sociales, cuanto más vulgares, cínicas, cuanto más se prostituyen, cuanto más se regalan y se degradan en público, más seguidores tienen. Eso es el mundo, eso es lo que Jesús llama mundo aquí. Y esto causa un gran desconcierto y esto causa un problema muy serio, ya no de orden externo, porque me van a perseguir, sino de orden interno porque me siento frustrado.
Imaginemos el caso de una joven que quiere ser cantante. Esta muchacha tiene buena voz, tiene buen talento, ella quiere ser cantante y resulta que esta joven empieza a mirar cuáles son los modelos de cantante que se encuentra. Y he aquí lo que haya: A ver, empecemos de lo más reciente a lo de atrás. Primer puesto en el Festival Eurovisión 2014, un hombre travesti con barba que se hace llamar Conchita. Ese es el primer puesto, o sea, ese es el gran ejemplo de música, ese es el gran cantante o la gran cantante o lo que sea, porque no se sabe qué es. O sea, tú imagínate lo que siente un muchacho que tiene buena voz, que le gusta la música pero que no quiere prostituirse, que no quiere degradarse, pero que sabe que, para ganar Eurovisión, hay que hacer cualquier tipo de porquería, porque si no la haces, no surges. Eso es un grave problema y este es un conflicto interior que vive mucha gente.
Imaginemos a alguien que quiere ser modelo, es una profesión lícita, ni más faltaba. Una persona que quiere ser modelo, modelo de ropa o quiere vender sus producciones textiles y de costura. Bueno, esa persona empieza a conocer el medio y se da cuenta de que la inmensa mayoría de las personas que están en ese negocio o tienen unos conflictos de identidad sexual salvaje, o son personas que tienen que venderse, en la práctica, hablemos entre adultos, tienen que prostituirse, empezar a dormir con este y luego con este y luego con este, de manera que el ascenso en los puestos significa también un ascenso en distintas camas. Qué siente esa persona cuando se da cuenta que las grandes figuras han hecho eso y repiten eso y viven eso y esos son los que son aplaudidos. Eso es lo que Cristo llama mundo.
Y yo les digo una cosa, si uno no está fortalecido en Jesucristo, ese mundo se lo traga a uno. Si una persona no está alimentándose de la Palabra del Señor, si una persona no está alimentándose del cuerpo vivo de Cristo, si una persona no tiene el Espíritu Santo, el mundo se lo traga, porque un día dice: Bueno, yo quiero tener éxito o quiero ser un tonto. ¿Qué es lo que yo quiero? Y por supuesto, la respuesta es: Quiero tener éxito. Y la respuesta para tener éxito ¿cuál es? Es venderse, es hacer todo este tipo de cosas para poder ser como tal o cual persona.
Oh, yo lo he visto en mi país. Yo no tengo que dar ejemplos de otras partes. No digan ustedes el nombre, yo tampoco lo diré aquí, pero ustedes y yo sabemos el caso de una cantante colombiana, nunca me gustó su voz, pero es súper famosa. No diga el nombre, le dije, no diga el nombre. El otro día resultó en un video de lesbianismo simulado por allá con otra, no sé qué, que también es muy famosa. A mí me duele esto, yo conozco a la familia de esa cantante y le voy a decir una cosa muy triste, la familia de esa cantante es muy católica. Pero ¿qué pasa? Que un día esa cantante hace cuentas, hace sumas y restas y dice: Si yo quiero permanecer vigente, tengo que seguir mi voto de obediencia a mi mánager. Y el mánager le dice: Ahora te toca hacer algo picante. Y lo picante es véndete como cualquier puerca y así lo hace. Eso es muy duro, eso es muy duro, porque llega un momento en el que la gente joven, y aquí hay bastante gente joven, tiene que terminar preguntándose: ¿yo quiero tener éxito? Y la respuesta va a ser que sí. Pero la pregunta es ¿quiero tener éxito, a qué precio? ¿A qué precio, cuánto estás dispuesta a pagar por tu éxito? ¿Cuánto estás dispuesto a pagar por tu éxito?
Y así llegamos al tercer tema, los métodos, lo que hay que hacer. Qué haremos, mis hermanos, para que la política, por ejemplo, en nuestros países, mejore. Qué haremos para que subir dentro de un partido político no signifique aprender a mentir. Qué haremos para que ascender dentro de una empresa no signifique simplemente llenarse de ambición y empezar a pisotear a los demás. Qué haremos para que el ascenso en el arte no signifique degradación del cuerpo humano, sobre todo, del cuerpo humano.
Hermanos, lo que hemos recibido hoy de este texto de San Juan es una hermosa catequesis sobre lo que significa mundo. Y ahora entendemos lo que nos está diciendo el Señor: Ellos no son del mundo. Pero ¿qué quiere decir eso? Quiere decir que el cristiano tiene que blindarse, sin volverse loco y sin perder la sanidad mental, el cristiano tiene que blindarse frente a todas esas corrientes porque son pegajosas, porque son atractivas, porque es mucho más fácil dejarse llevar por esa corriente. El cristiano tiene que ser crítico frente a los métodos de ascenso y el cristiano tiene que saber permanecer en su sitio, cuando todo el mundo le dice amen a los ídolos de esta tierra.
Quiero terminar esta reflexión con una de las fotos más famosas del siglo XX, yo la conocí hace poco y me parece realmente elocuente. Ustedes saben que uno de los seres que hizo más daño a millones y millones de personas, empezando por su propia nación en el siglo XX fue Adolfo Hitler. Él hacía grandes manifestaciones donde la gente se acostumbraba a saludarlo, levantando la mano derecha y diciendo de manera ritual, no decían amén, sino decían «Heil Hitler!». Ese era el saludo. Entonces, la gran felicidad del partido nazi era congregar miles y miles de personas y cuando llegaba el momento del saludo, todos levanten su mano derecha y todo el mundo decía con un estampido, con un trueno, que era música dulcísima a los oídos de Hitler, «Heil Hitler!» Y claro, eso hacía sentir al Führer, lo hacía sentir el hombre más poderoso del planeta.
Pero hay una foto muy famosa que ustedes van a buscar en Internet esta noche, no les voy a decir en donde se encuentra, pero la van a encontrar. Una foto en la que aparecen centenares y centenares de personas con los rostros sonrientes saludando al Führer, es decir, a Adolfo Hitler. Miles de personas con su mano derecha extendida, obedientes todos al imperio de moda, al momento del éxito, todos con su brazo extendido, evidentemente saludando a Hitler. Todos menos uno, eso es lo que significa ser cristiano. Esa foto es muy famosa, usted tiene que buscarla, así duerma poco esta noche, pero tiene que encontrarla porque es muy buena esa foto. Y ustedes ven que está todo el mundo con su manito levantada. Y este señor no se está riendo, no está escondiendo la cara, pero él no va a ser parte de esa payasada, eso es ser cristiano.
Ser cristiano es aprender que cuando todo el mundo levanta la mano a los ídolos del momento y dice: Bienvenida a la corrupción, bienvenido el lesbianismo, bienvenido el aborto. El cristiano no saluda a esos ídolos, el cristiano no vende su conciencia. El cristiano sabe que tiene que permanecer fiel a Cristo y que solo de Cristo espera su recompensa. El problema es que algunos de los que piensan así los matan. Entonces, hay que estar muy sostenido en Cristo, porque hay gente que llega a matar, pero cuando se es de Cristo también se sabe que esa muerte tampoco es el final. Continuemos, hermanos, esta Eucaristía. Solo les digo una cosa al que no se alimente de Cristo no va a entender nada de esta homilía, pero el que no se alimente de Cristo, probablemente se lo va a tragar entero el mundo. Y lo que sucede a ese tipo de personas es algo mucho más terrorífico de lo que pueden describir mis palabras.

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