Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cristo ha abierto su corazón. Es tiempo para abrir ante él el nuestro.

Homilía p073006a, predicada en 20130415, con 4 min. y 44 seg.

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Transcripción:

Desde hace unas semanas venimos escuchando en el Evangelio apartes de esa conversación de sobremesa que Jesús tuvo con sus discípulos. En el Evangelio de Juan, la escena, el momento de esa última comida pascual de Cristo, se prolonga en una conversación. No se trata solo de comer lo que estaba prescrito por la ley de Moisés, no se limita a San Juan a ese momento único, absolutamente único de la institución de la Eucaristía. De hecho, las palabras mismas que recordamos como institución de la Eucaristía, no las trae el Evangelio de Juan. Pero la sustancia, podríamos decir la esencia propia del misterio eucarístico, que es la comunión entre nosotros y, sobre todo, comunión con Cristo para gloria del Padre, eso sí que está desarrollado, y no en una o dos frases, sino en capítulos enteros que vale la pena leer y volver a leer, celebrar en nuestro corazón con una gratitud sin límites.

Para quienes quieran hacer ese ejercicio saludable, me permito recordarles que toda esta conversación de Cristo y sus discípulos empieza en el capítulo 14 de San Juan y avanza por los capítulos 15 y 16 hasta llegar a ese capítulo 17 en el que ahora nos encontramos, en el cual no está Cristo hablando con sus discípulos, sino hablando con el Padre Celestial, pero delante de los discípulos. Es un momento absolutamente único de oración y en esa oración se desnuda el Corazón de Cristo, se desgranan los tesoros más hermosos, los tesoros preciosos de su alma sacerdotal. Por eso, se le suele llamar a ese capítulo 17 de San Juan, la oración sacerdotal de Jesucristo.

Pues bien, mis hermanos, cuando nosotros oímos a Cristo en oración, tenemos no solamente que agradecer que Él nos abra esa puerta, sino que tenemos que dejar que esa oración entre por nuestra puerta. Si Él ha abierto su corazón para que nosotros entremos al santuario por excelencia, que es su unión bendita, eterna y perfectísima con el Padre, también la puerta de nuestro corazón tiene que abrirse, y eso es lo que significa comunión, corazones abiertos, compartir de una misma vida, de modo que esa bendita, esa maravillosa corriente de vida que está en Jesús, llegue a nosotros, cambie lo que nosotros somos, nos una, nos fusione con la intención y con el amor que brota del corazón de Jesús, para también nosotros, en esa misma corriente, ascender al Padre con nuestras súplicas, con nuestras alabanzas.

Este capítulo 17 hay que tomarlo como joya preciosísima, podemos decir que lo que tenemos aquí en cada palabra, en cada versículo, es como un fragmento precioso de ese corazón, y utilizo la palabra fragmento, como se habla de los fragmentos en la Santísima Eucaristía. Se parte, por ejemplo, la Eucaristía y, aunque haya fragmentos, en cada uno está la perfección y la plenitud del todo. Lo mismo sucede aquí, este texto, todo el Evangelio, pero sobre todo este texto del capítulo 17, es un texto preciosamente eucarístico que nos invita a mirar a cada frase y, en ella, ver la plenitud del amor que el Hijo le tiene al Padre, que el Padre le tiene al Hijo, que el Hijo tiene por nosotros, que nosotros tenemos por el Hijo, que el Padre tiene por nosotros, amor que nosotros tenemos al Padre. Esa es la circulación de gracia y de amor que tiene que venir como fruto de este texto maravilloso. No te lo pierdas, capítulo 17 del Evangelio según San Juan.

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