Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La súplica de Jesús nos admira por su profundidad y amplísimo horizonte.

Homilía p073005a, predicada en 20120523, con 4 min. y 30 seg.

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Transcripción:

El tiempo pascual empezó con una explosión de júbilo y termina en la dulce y humilde, en la intensa y conmovedora oración de Jesús. Empezamos con la explosión de júbilo, precisamente, por la noticia de la resurrección del Señor, pero terminamos con esta oración que es llamada oración sacerdotal, porque de alguna manera, todo el propósito de la Pascua no se agota en ver lo que le sucedió a Jesucristo, lo más importante es que eso también suceda en nosotros, suceda de alguna forma ya en esta vida, y por supuesto, suceda para toda la eternidad. La resurrección del Señor es el comienzo, es la fuente de nuestra salvación y también de nuestra propia resurrección. Y eso que sucedió en Cristo, puede suceder en nosotros solamente cuando acogemos el don del Espíritu Santo. Por eso, el tiempo pascual mira hacia Pentecostés y por eso el tiempo pascual debe acabar en esa súplica, en esa oración humilde, porque solo con ese amor que viene de lo alto, nosotros podemos unirnos entre nosotros, unirnos a Jesucristo y así participar de su destino glorioso.

Y de unidad habla precisamente el capítulo 17 de San Juan, que es el que nos acompaña en esta parte final, en este trecho final, en esta última semana de Pascua. Oramos en Cristo y oramos con Cristo. Sobre todo, queremos que sus intenciones, su corazón, su pensamiento impregne lo que hay en nuestro pensamiento, en nuestro corazón. Yo sentía, volviendo a leer este texto del capítulo 17 de San Juan, yo sentía que mi propia oración muchas veces es tan, tan baja, tan pequeña, tan miope en su alcance. Es verdad que como criaturas humanas que somos, tenemos grandes necesidades, pero da cierto pesar que nuestras oraciones tengan tan corto alcance.

Cuando oímos a Cristo que está clamando por la unidad de todos, que todos sean uno y que todos sean guardados de la seducción y de las mentiras del mundo, y que todos experimenten la protección del Padre Celestial y que, en esa unidad, se manifieste la gloria del Señor. Cuando uno cae en la cuenta de lo que es ese tamaño de petición, caramba, uno siente, sin demeritar a nadie y sin burla en absoluto, uno siente que la mayor parte de nuestras peticiones son tan corticas, son tan chiquitas.

Realmente necesitamos una operación que dilate nuestro corazón y que lo lleve, de alguna forma, no tan lejos de ese horizonte precioso de Jesús. Como que Jesús se mueve en un horizonte distinto, como que Jesús, especialmente en esta oración, nos enseña lo que verdaderamente es orar. Y por eso, esta oración sacerdotal de Cristo ha sido comparada con la oración de Getsemaní, pero sobre todo con la oración del Padrenuestro. Jesús, Jesús, con tu palabra, con tu ejemplo, con tu gracia, con tu poder, dilata nuestro corazón, haz que nuestro horizonte se funda con el tuyo en una súplica por la gloria de Dios, con tus palabras, con tu amor, con tu intención. Amén.

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