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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La vida y misión de Nuestro Señor Jesucristo fue glorificar al Padre, darlo conocer y conducirnos a la fe. El cristiano está llamado a vivir esa misma misión con obediencia, testimonio y entrega.
Homilía p072022a, predicada en 20260519, con 10 min. y 45 seg. 
Transcripción:
A partir del Evangelio de hoy vamos a escuchar en estos días la oración sacerdotal de Jesucristo. Este es el nombre que los estudiosos de la Biblia le han dado al capítulo diecisiete del Evangelio de Juan, y se le llama oración sacerdotal. Porque lo propio del sacerdocio es la ofrenda, es ofrecer. Y Cristo lo que está haciendo en este pasaje, en esta oración, es ofrecer lo que hace un sacerdote con la característica de que Él se está ofreciendo a sí mismo. Él es el sacerdote y Él es también la víctima que se ofrece en sacrificio. Esta oración sacerdotal ha sido tan estudiada. Es un texto que enamora y que apenas entras en él, te das cuenta de que estás caminando, por así decirlo, en los surcos mismos del corazón de Jesús. Es algo realmente muy, muy bello. En esta oración, especialmente en los primeros versículos, que son los que escuchamos hoy, Cristo hace como un resumen de lo que ha sido su misión, un resumen de lo que ha sido su vida. Por ejemplo, dice Padre, yo te he glorificado. Por ejemplo, dice Padre, yo he dado a conocer tu nombre a los hombres y ellos han creído. Quedémonos con esas tres expresiones como una especie de resumen de la vida y la misión de Cristo. No se nos olvide, por otra parte, que también en este Evangelio el Evangelio de San Juan Cristo pronuncia aquella palabra, que en griego es una sola y que luego lo traducimos al español con varias palabras. Casi siempre se traduce como todo está consumado. En latín dice: Consummatum est. En griego es una sola palabra tetelestai. Y uno de los significados de esa palabra tetelestai es misión cumplida. Pues ese es el tono que tienen las palabras de Cristo al comienzo de la oración sacerdotal. He cumplido la misión. He coronado la obra. ¿Qué significaba eso? ¿Cuál era la obra que Cristo tenía que coronar? Pues esa obra era, en primer lugar, glorificar al Padre. En segundo lugar, darlo a conocer. Y en tercer lugar, hacer posible la fe en aquellos hombres que fueron sus discípulos. Esos elementos, esos puntos de la misión de Cristo tienen algo que decirnos a nosotros. Hay algo que nosotros podemos decir. Esa es también mi misión. Pues mirémoslo. Cristo dice que ha glorificado al Padre. ¿Qué significa esa expresión? Pues glorificar es mostrar la dignidad y majestad del Padre, manifestar que Él es el Poderoso y que Él merece nuestro amor y nuestra obediencia. Y eso fue lo que hizo Cristo. Por algo también Él, en este mismo evangelio de Juan dice: Es que mi alimento es hacer la voluntad del Padre. Con lo cual se está indicando que es la obediencia de Cristo, la manera como Él le dio la gloria al Padre a través de su obediencia. Cristo estaba mostrando cuánto merece ser amado y cuánto merece ser acatado, obedecido, el Padre celestial. Bueno, esa es la parte de la gloria, Cristo glorificado al Padre. Nosotros somos llamados a glorificar al Padre. ¿Cómo hemos de glorificar a Dios Padre? Amándolo con todo nuestro ser, y obedeciéndolo, amando y obedeciendo al Padre. Luego dice Cristo: He dado a conocer tu nombre a los hombres. Es decir, que si lo primero que yo tengo que hacer es que mi vida exprese el amor y la obediencia a Dios, también es necesario darlo a conocer a otros. Ya no solo por el testimonio, porque eso ya queda incluido en el primer punto de glorificar al Padre. He dado a conocer tu nombre a los hombres. ¿Cómo dio Cristo a conocer el nombre del Padre a los hombres? Pues observemos cómo en tantos momentos de su vida mostró que la razón única de su existencia era el Padre. Por ejemplo, dijo en alguna ocasión: Yo hago siempre lo que a él le agrada. Y también dijo: Lo que ustedes están escuchando no lo digo por cuenta propia, viene de él. De tal manera que llegó un momento en el que uno de sus apóstoles, Felipe, para ser precisos, dijo: Muéstranos al Padre, y eso nos basta. Se ve que Cristo todo lo atribuía al Padre. Se ve que Cristo mostraba cómo el Padre es la fuente de toda bondad. Se ve que Cristo manifestaba que el Padre está el designio de nuestra salvación, la fuente de toda bondad y de todo perdón. Pues eso también tenemos que hacerlo nosotros. Una vez que nuestra vida despierte, qué se yo, interés, incluso curiosidad. Es necesario que nosotros tengamos una palabra precisa. Y esa palabra, la que tenemos que tener, es esto lo hago porque soy de Cristo. Esto lo hago porque Dios ha cambiado mi vida. Esto lo hago porque la fe me sostiene. Fíjate que no se empieza con el discurso, se empieza con la vida, esa vida tuya que es vida de amor y de obediencia a Dios. Pero esa vida tuya tarde o temprano va a despertar un impacto en otras personas. Ese impacto que hay en otras personas es el que te da la ocasión de dar a conocer el nombre de Dios a otros. En el momento en el que tú dices este retiro espiritual me cambió. Es que vengo feliz porque me he confesado. Debo apresurarme porque voy para la Santa Misa. El Rosario ha hecho maravillas en mi vida. Cada vez que tú das ese testimonio, tú estás dando a conocer el nombre de Dios. Estás mostrando qué es lo que hace tu vida feliz y qué es lo que le da propósito a tu existencia. Pero Jesús también nos dice algo más: Ellos han creído. El propósito de Cristo es llevar hacia la fe. Y esto yo creo que tiene que sacudirnos a todos nosotros. Por ejemplo, un papá, una mamá, ¿Qué significa triunfo? ¿Qué significa hice bien la tarea para un papá, para una mamá? Conozco muchos papás que ponen en primer lugar como elemento central de su buena gestión como papás. Bueno, todos son profesionales, todos tienen buen ingreso, todos tienen un patrimonio asegurado, todos tienen grandes estudios, todos hablan varios idiomas. Y que tal esta pregunta. ¿Y todos creen? ¿Tienen fe viva? ¿Tus hijos tienen fe viva en Cristo? Esa es la gran pregunta. ¿Tus hijos tienen fe viva? Porque Cristo tenía una misión. Se trataba de que la gente llegara a la fe. Entonces nosotros tenemos que hacernos la misma pregunta Oye, ¿mi vida está despertando fe, sobre todo en aquellos que me han sido encomendados?. Así que esto vale especialmente para los padres de familia. Esto vale para los catequistas. Esto vale para los profesores. Esto vale para el sacerdote. A veces el sacerdote puede caer en la tentación de definir su ministerio pastoral simplemente en términos de: Hice una buena gestión, yo encontré esta parroquia con una cantidad de deudas y mire, ahora estamos muy bien, estamos boyantes. Además, hice esta construcción, hice este centro, mejoré el templo. Te felicito por todo eso. Pero ¿y la fe? ¿qué pasó con la fe? Se puede decir que hay más fe en ese lugar. Se puede decir que la gente ahora está más, mucho más apegada, mucho más, podríamos decir unida a Dios. Si bello que haces construcciones bello, que tienes unas obras impresionantes y que el templo quedó muy bonito. Y lo mismo vale para otras obras en la iglesia. Así, por ejemplo, uno puede preguntarse. a ver. Hay tantos movimientos de evangelización, no. Los muchachos estuvieron muy contentos. Se sacaron cinco mil quinientas fotos. Te felicito. Es decir, como comunicador eres magnífico. Pero hay más fe en ellos. Están más apegados a Cristo. Cristo es más significativo para ellos. Ahora lo aman más y lo obedecen más. Como te das cuenta, esta oración sacerdotal, así como nos inspira dulcísimos pensamientos místicos, también confronta nuestro día a día y nos invita a preguntarnos bueno, de verdad, de verdad, de verdad. ¿Qué estamos haciendo para servir a Dios como Dios merece ser servido?. Que la gloria sea para Él. Amén.

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