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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Ser cristiano, vivir en el Espíritu y ser discípulo de Jesús significa cuidar la manera de vivir, anunciar no solo con palabras sino con la vida y ofrecer el Evangelio integro.
Homilía p072020a, predicada en 20230523, con 5 min. y 46 seg. 
Transcripción:
En la primera lectura de hoy encontramos una escena emotiva. Es Pablo despidiéndose de una comunidad que le ha amado mucho y a la que él le ha entregado su corazón. Estamos hablando de la comunidad cristiana de Éfeso. Y lo que encontramos en esa primera lectura es la despedida de Pablo cuando tiene que decir adiós a los responsables de esa comunidad de Éfeso. Hay tres elementos que quisiera destacar en medio de todo el sentimiento perfectamente humano, perfectamente comprensible que vemos en esta lectura.
El primer elemento es que dice Pablo que a él no le importa la vida, sino cumplir el encargo de Dios. Esto es impresionante. Es decir, nos está mostrando cuáles son las prioridades de este hombre. Que una persona llegue a decir no me importa la vida. Lamentablemente, en nuestra época también hay personas que dicen, no me importa la vida. Pero lo dicen por desprecio a la vida o porque están llenos de dolor, o porque la sensación de absurdo hace que les resulte prácticamente intolerable seguir viviendo.
Y de hecho, sea esta una ocasión para llamar la atención sobre ese elemento tan preocupante de nuestra época que es el crecimiento de una ola de suicidios en muchos lugares y también en muchas edades, incluyendo adolescentes. Pero cuando dice Pablo no me importa la vida. Lo que está diciendo no es que él menosprecie esta vida, sino más bien que aprecia muchísimo más esa vida verdadera, esa vida que está siendo comunicada con la fuerza del Evangelio, esa vida que también nos aguarda en plenitud más allá de la frontera de esta muerte, si somos fieles al Señor. Entonces yo creo que esta mirada, esta especie de ventana que nos permite asomarnos a las prioridades de Pablo, es realmente un auténtico cuestionamiento sobre la manera como nosotros estamos viviendo. Porque si estamos empeñando toda nuestra vida, si estamos empeñando todo lo que tenemos y somos, solamente para las cosas de esta tierra. Yo creo que ahí está Pablo para corregirnos y en cierto sentido para regañarnos, porque estamos cayendo realmente en idolatría. Sí lo más importante para nosotros es simplemente lo de este mundo.
Otro elemento que hay que destacar es que él dice que no le importa la vida y dice yo he anunciado la gracia de Dios, yo he sido testigo del Evangelio. En el Nuevo Testamento la palabra testigo es fundamental porque el testigo es el que refleja de un modo fidedigno la obra de Dios. Y así se convierte en un faro, se convierte en luz para otros. Y esa palabra de testigo viene también para nosotros. Porque no es solo el testimonio de palabras, no es solamente lo que nosotros digamos. Es sobre todo lo que nosotros somos, es sobre todo la manera de actuar. Y ahí, de nuevo, tenemos que preguntarnos ¿estamos reflejando la pureza, la belleza, la alegría, el amor propio del Evangelio, lo estamos reflejando a nuestros hermanos?. Yo creo que eso es muy importante testigo del Evangelio. A mí lo que me interesa, dice él, es ser testigo del Evangelio.
Y lo último que quiero destacar es que él dice Yo no soy responsable de la muerte de la sangre de nadie. No soy responsable porque no me he reservado nada y porque he anunciado íntegramente el mensaje. Este es un aspecto que se ve que era muy importante para Pablo. El mensaje hay que darlo completo. Y el mensaje, que es el mensaje de Cristo, pues tiene aspectos muy bellos, muy amables y también tiene otros aspectos que a veces resultan incómodos y que la gente rechaza. Pero Pablo dice no, es que yo no voy a anunciar solo la parte bonita, yo no voy a anunciar solo la parte agradable. Yo voy a anunciar todo el Evangelio. Y esa decisión de él de anunciar todo el Evangelio es algo que también nos cuestiona a todos, pero muy especialmente a los que realizamos este servicio de catequesis, de evangelización, de sacerdocio, de misión. Tenemos que preguntarnos seriamente si estamos presentando todo el Evangelio o si únicamente estamos tratando de presentar lo que a nosotros nos parece que es como más amable, que es como más fácil que la gente acepte. Es anunciar todo el Evangelio.
Observa la doble generosidad de Pablo. No me he reservado nada ni he ocultado nada del Evangelio. Entregué toda mi vida, entregué todo el Evangelio. Eso es ser cristiano, eso es vivir en el Espíritu. Eso es ser discípulo de Cristo. Y eso, exactamente, eso es a lo que estamos llamados nosotros. Tú y yo. Que Dios te bendiga.

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