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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Mientras que muchos de los agentes del mal tienen propósitos definidos, planes claros y estrategias que han probado a fondo, los que seguimos a Cristo solemos pecar de improvisación, inseguridad e inconstancia.
Homilía p072017a, predicada en 20200526, con 22 min. y 49 seg. 
Transcripción:
Mis queridos hermanos, la primera lectura presenta un diálogo impresionante, ciertamente con un toque dramático. Es la despedida de Pablo de los responsables de aquella comunidad naciente en Éfeso. Recuerdas que tenemos en el Nuevo Testamento una carta del apóstol San Pablo a los Efesios. Esa es la comunidad de la que Pablo se está despidiendo en el pasaje que hemos oído en la primera lectura. Y hay algo maravilloso. Hay una relación preciosa entre esa primera lectura y lo que encontramos en el Evangelio.
Dice Cristo en el Evangelio, en su oración llamada sacerdotal dice esta es la vida eterna. Le habla al Padre Celestial. Esta es la vida eterna que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado Jesucristo. Esta es la vida eterna que te conozcan. Y ¿qué nos dijo Pablo en la primera lectura? Nos dijo lo que podemos llamar la definición de su vida. En esta tierra hay muchas personas que tal vez no saben exactamente a qué han venido a la Tierra. Esperemos en el Señor que lo puedan descubrir a tiempo. Pero hay mucha gente que parece que no sabe a qué vino a la Tierra. Hay otras personas, en cambio, que han recibido una claridad muy grande y entre esas personas está San Pablo. Pablo tenía muy claro a qué había venido a la tierra. Su proceso de conversión, su vida de comunidad, su intensa oración, le habían dado una luz muy penetrante, una luz muy fuerte que le permitía saber a qué había venido a la tierra. Y mientras yo hablo así, pregúntate una cosa ¿Tú lo sabes? ¿Tú sabes a qué has venido? ¿Tú sabes para qué estás? Repito, mucha gente no lo sabe, y precisamente muchos que no saben a qué han venido a esta tierra, están en grave peligro de simplemente dejarse llevar por las circunstancias, es decir, lo que todo el mundo hace. Ahora ¿qué hay que hacer? Bueno, que hay que ir a la escuela, pues vamos a la escuela. Ahora ¿qué hay que hacer? Toda la gente se emborracha, bueno, pásenme para emborracharme también. Todos se drogan, a ver yo también a drogarme. Resulta que estamos hablando de una mujer y ella ve que todas las demás muchachas se volvieron bisexuales y cada una tiene novia y tiene novio, bueno, yo también voy a tener novia y voy a tener novio. Todas se embarazaron, yo también me embaracé. Todas abortaron a abortar, se dijo. Hay gente que vive así. De estas personas habla Pablo. El mismo apóstol Pablo en el capítulo cuarto de la Carta a los Efesios, son llevados a cualquier parte por cualquier viento de doctrina. Se puso de moda el ayuno intermitente, hacer ayuno intermitente. Se puso de moda que ahora hay que ponerse el pelo verde a tener el pelo verde, mira lo hermoso mi pelo verde. Se puso de moda el tatuaje, miren el tatuaje que ya tengo aquí, mi tatuaje. Todo el mundo a hacer lo mismo. No saben a qué vinieron a la tierra y por eso cualquier viento los lleva a cualquier parte dice San Pablo.
Además, siempre existe el peligro de que nos metan en la famosa rueda. Ya sabes de qué rueda voy a hablar. Esa rueda que consiste en producir, consumir y entretenerse. Muchas personas alivian la angustia existencial, es decir, el tener que preguntarse ¿a qué vinieron a la tierra?, alivian esa tensión simplemente metiéndose con los ojos cerrados y una especie de inconsciencia en una rueda que da vueltas. Y esa rueda que da vueltas es la rueda de producir, consumir y entretenerse. Producir, consumir y entretenerse, hacer plata, gastarse la plata. Esa es la vida de ellos.
Pablo es un hombre que sentía incluso desde antes de su conversión, la necesidad de tener una dirección, un propósito en su vida. Y ese propósito antes de su conversión, era traer el Reino de Dios, imponiendo a cualquier precio las enseñanzas de los fariseos. Esa fue la vida de Pablo antes de su conversión. Desde temprana edad, desde su adolescencia, desde su juventud, estudiando, profundizando las Escrituras, claramente fue un hombre profundamente religioso. Y desde esa religiosidad él quería la llegada del Reino de Dios. Y estaba convencido de que el camino para esa llegada del Reino de Dios era la observancia estricta de la ley según las enseñanzas de los fariseos. Por consiguiente, ¿qué hizo este apóstol, que en ese momento no era apóstol? Pues se dedicó a propagar. Pero ojalá fuera solo propagar. Imponer, incluso a la fuerza, imponer las enseñanzas de los fariseos. Era fanático, era obsesivo, era un tipo enloquecido con sus teorías religiosas. Tú puedes ver que él estaba equivocado y él lo reconoce.
Por ejemplo, en la primera carta a Timoteo, él lo reconoce, pero era un hombre que tenía una misión, tenía una ruta. Su ruta cambió. Su vida cambió radicalmente por su encuentro con Cristo. Pero algo que no cambió en él, fue el buscar una vida con propósito, una vida que tuviera un sentido. Y ese sentido de vida, en el caso de Pablo, es lo que aparece en la lectura de hoy.
Esta lectura del capítulo veinte de Hechos de los Apóstoles es absolutamente preciosa. Es una lectura que nos ayuda a acercarnos al corazón de un hombre que sabe a qué vino a la tierra. Obviamente no todos tenemos que hacer lo mismo. Cada santo, si tú lo miras bien, es una persona que ha encontrado un motivo por el que vino a esta tierra. Pero no tiene que ser el mismo motivo de otros. Por ejemplo, hay santos a los que yo considero mis amigos, como San Josafat, como San Beda el venerable.
Josafat, por ejemplo, se dio cuenta que alimentar al pueblo de Dios y reunirlo en torno a la sede de Pedro, ese era su objetivo en la vida y se dedicó a eso, a trabajar por la unidad de los cristianos, muy particularmente entre ortodoxos y católicos. Absolutamente bello. A eso le dedicó la vida. El otro amigo que mencioné, Beda el venerable. Llevó una vida de exquisita santidad y él sabía a qué había venido a la tierra. Él había venido como maestro de Sagrada Escritura. Ese era su propósito. Durante años y años escribió y alimentó a los monjes de ese monasterio, se conservan muchos de sus escritos, porque él sabía que había venido a la tierra.
En las mujeres también encontramos ese propósito. Muchas veces los propósitos de las mujeres no se parecen exactamente a una tarea o a una misión con los límites que a veces usa la mente masculina. Piensa, por ejemplo, una Brígida de Suecia o una Catalina de Siena o una Teresa de Jesús. El caso de Teresa es muy claro. Cuando ella tuvo su conversión se dio cuenta que la Orden Carmelitana necesitaba un nuevo impulso, un nuevo vigor, necesitaba una reforma. Y entonces Teresa entra de lleno en ese camino con grandísimos sufrimientos, pero entra de lleno ahí. Mariana de Jesús, a quien recordamos precisamente hoy, encontró el propósito de su vida en el servicio a muchos hermanos, en la oración y la penitencia. Es decir, ella ante todo, se vio a sí misma como esposa de Jesucristo y en su condición de esposa supo y entendió que la vida de Cristo tenía que circular en ella. Vida de adoración a la voluntad del Padre. Vida de amor a los hermanos. Vida de penitencia por los pecados y necesidades del mundo. Así, por ejemplo, en tiempo de ella hubo una situación muy grave de terremotos, de temblores en Quito. Y esta mujer redobló su oración y penitencia. Cualquiera se ríe de esas cosas, pero lo cierto es que la vida de oración de ella marcó un final. Llámalo coincidencia, si quieres. Tal vez eres un incrédulo. No crees en nada. Llámalo coincidencia. Pero el hecho es que las oraciones y penitencias de Mariana coinciden con el declive en esos movimientos telúricos que habían hecho terrible daño en Quito, en Ecuador. Entonces ella sintió que ser esposa de Cristo. Esa era su vida.
Y ¿cómo define Pablo su vida? Mira, aquí lo tenemos, dice él. A mí no me importa la vida, es decir, no me importa seguir viviendo, no es lo principal para mí. El objetivo de mi vida no es sobrevivir. Esa es otra manera de traducir lo que dice aquí Pablo. El objetivo de mi vida no es sobrevivir. El objetivo de mi vida es distinto. Lo que me importa es completar mi carrera y cumplir el encargo que me dio el Señor Jesús. Y ahora va a definir a qué vino en esta tierra, ser testigo del Evangelio, que es la gracia de Dios. Eso es lo que yo quiero hacer. Y aquí es donde se conecta esta primera lectura con el Evangelio Juan capítulo diecisiete. En Juan capítulo diecisiete dice Cristo hablándole al Padre celestial. Esta es la vida eterna, que te conozcan a ti y a tu enviado Jesucristo. Y luego dice Pablo. A mí no me importa la vida, lo que me importa es completar mi carrera y realizar el encargo que me dio Cristo el Señor. Ser testigo del Evangelio, que es la gracia de Dios. Pablo define su vida con estas palabras Ser testigo del Evangelio, que es la gracia de Dios. Así la define. Y Cristo dice La vida eterna es que conozcan, te conozcan a ti, Padre y a tu enviado Jesucristo. Entonces ¿cómo no conectar esos dos textos? ¿Cómo no darse cuenta de que el servicio de Pablo es exactamente dar vida eterna? ¡Qué hermosura dar vida eterna! Eso es bellísimo. En estos tiempos que han sido tan difíciles por las epidemias, bueno, singularmente por la epidemia del COVID diecinueve, todos sentimos agradecimiento y admiración por los médicos, enfermeros, enfermeras. Sentimos admiración por ellos. Bueno, ¿sabes una cosa? estos médicos los amamos ¿por qué? porque dan vida, restauran la vida, restablecen la vida ¿cuál vida? la vida del cuerpo, la vida natural.
Cristo vino a restaurar no solo la vida natural, sino a darnos vida eterna. Vida eterna que significa en su lengua original en griego, esta vida eterna quiere decir una vida sin límite, sin el límite del tiempo, sin el límite de la finitud, una vida plena. Vida eterna es siempre vida plena en la Biblia. Y esa vida plena que ya empieza a experimentarse en esta tierra, tiene su culminación en la gloria del cielo. Y a eso vino Cristo. Y Pablo dice Yo soy testigo de ese Evangelio que es la gracia de Dios. Si estamos agradecidos con los médicos del cuerpo, ¡cuánto debemos agradecer a quienes son médicos de nuestras almas! ¡cuánta gratitud hemos de tener!.
Por eso, mis hermanos, alabemos a Dios por la gente que tiene una ruta clara, si esa ruta es buena, porque también hay personajes oscuros que tienen una ruta clara en la vida y es una ruta diabólica, una ruta de destrucción. Observemos el pensamiento de un Adolfo Hitler que dice mi propósito en la vida es exterminar al pueblo judío. La solución final, acabar con ellos. Y se pone en eso junto con algunos de sus esbirros como Himmler y tantos otros. Él tenía una ruta clara, pero una ruta diabólica, demoníaca, tenebrosa. También en nuestro tiempo hay gente que tiene una ruta clara. Yo tengo que imponer el aborto en cuanto país pueda. Yo tengo que acabar con la familia como sea. Yo tengo que extinguir la Iglesia y gente que tiene esos propósitos. Y aquí viene una última reflexión que yo me hago. Si, hay gente de tinieblas que tiene esos propósitos de imponer el aborto, lograrlo como sea. Estamos en tiempo de pandemia. Pues logremos, logremos que aborten en la casa, que maten en la casa, ¡logrémoslo! ¡Hay gente así, hay gente así! Si ellos están tan resueltos en su sed de sangre y sangre inocente.
Si ellos tienen tan clara la ruta de cómo van a destruir. ¿Qué diremos nosotros? Si tú no tienes clara tu ruta de servicio a Dios. Te voy a decir a qué se parece este momento de la historia de la humanidad. ¿Sabes a qué se parece? Yo hago una comparación infantil tomada del fútbol. Este es un partido entre profesionales y aficionados. Mientras que las fuerzas del mal tienen gente perversa, como por ahí un multimillonario que anda que no haya cómo meter aborto por todas partes y destruir el matrimonio y destruir las parejas y acabar con todo. Y mete miles de millones de dólares a esa causa. Si los de las tinieblas tienen clara la ruta y nosotros estamos repletos de vacilaciones. Es pelea entre profesionales y aficionados y ya se sabe qué puede pasar ahí.
Por eso hay que admirar a San Pablo y por eso es necesario que hoy, a la vista de la santidad de tanta gente grande que hemos visto, un Francisco de Asís, un Domingo de Guzmán, una Teresa de Jesús, una Mariana de Jesús Paredes. Viendo gente grande y santa, es necesario que digamos ¿Y yo, Señor, yo cómo te voy a servir? Es muy importante que eso lo tengas claro y que lo tengas claro, ¡sin condiciones!, porque para poner condiciones somos buenos. Yo te voy a servir, señor, pero primero necesito que aparezca un novio con estas características, con estos ingresos y que yo tenga una casa de tal característica. Y cuando ya tenga ese hogar bonito, entonces verás todo lo que te voy a servir Jesús. Eso no sirve mucho porque se te va a ir más de la mitad de la vida hasta que eso se logre. Y cuando ya estés supremamente cómoda en tu casa, bonita, con tu esposo bonito y con tus hijos bonitos. Yo te voy a contar cómo es tu servicio a la iglesia. Van a ser las sobras de las sobras, porque esa historia me la conozco muy bien. Hay que poner a Dios de primero. A ti te voy a servir.
Por algo dice Pablo en primera Corintios siete, refiriéndose en ese caso a las mujeres. Pero vale para todos, dice La mujer no casada y la soltera se ocupan de las cosas del Señor. Entonces el derecho de las cosas es que la mujer no casada y la soltera están ocupadas sirviendo a Dios. Apareció por ahí un sujeto. Y ese sujeto dice me gustas mucho. Te quiero mucho. Yo te amo eternamente. Maravillosamente. Bueno, vamos a ver, si eso va a ayudar al servicio y al plan y la dirección que tengo de servir a Dios. Bienvenido sea. Si no va a servir a eso. Quite de ahí. Quite, quite de ahí. Váyase. Yo sigo en lo mío. ¿Eso es ser cristiana?. Y eso es ser cristiano también.
Señor, yo te voy a servir, pero necesito que me salga tal puesto que yo tenga tantos ingresos, que yo tenga tal salud. Se te va a ir la vida mientras te llegan todos esos requisitos. Precisamente la grandeza de una mujer como Mariana de Jesús, de una mujer como Catalina de Siena, de un hombre como Domingo de Guzmán. La grandeza de esa gente es que no pone condiciones. Es, te voy a servir a ti, Jesús y te voy a amar a ti, Jesús. Si mi vocación resulta. Pongámoslo más hipotético. ¡Si resultare, si resultare! que aparece un camino de formar un hogar, vamos a ver si se arma, vamos a ver si se hace. Pero lo primero y fundamental es, yo estoy sirviendo al Señor. Y ¿cuántos días? todos los días. Todos los días de mi vida. Todo lo demás llegará o no llegará. Tal vez llegue. Tal vez no llegue. Ese es el objetivo en mi vida.
Resumen. Mientras que los profesionales, en el sentido de gente empeñada y obsesionada y enfocada, mientras que los enfocados en las tinieblas tienen sus rutas definidas. Voy a imponer el aborto en Colombia pase lo que pase. Y se pusieron en esa. Y ha habido no sé cuántas muertes, miles de muertes de bebés inocentes en este país porque hubo gente que tenía ese propósito. Yo meto el aborto en Colombia como sea, como sea lo meto. Y hay unos así obsesionados en Argentina y hay unos así obsesionados en Bolivia y en México y en todas partes. Y esos obsesionados son discípulos. Son esbirros de los grandes obsesionados que ponen su dinero y su salud y su fuerza, con tal de que haya muertes de inocentes, como quien tuviera que pagarle sacrificio a Satanás.
Bueno, mis hermanos, si ellos tienen esos propósitos, nosotros ¿qué? nosotros, los que creemos en Cristo, ¿qué? Uno no puede estar poniendo condiciones cuando me salga este trabajo, cuando me salga lo de mi novia, lo de mi novio, lo de mi hogar, lo de mi casa, lo de mi carro. Nunca te vas a saciar, nunca vas a estar suficientemente organizado y cómodo. O ¿es que tú esperas que la comodidad te va a lanzar al servicio de la cruz? Repito esa pregunta ¿es que tú crees que la comodidad te va a lanzar al servicio de la cruz? ¡Claro que no! Cuanto más cómodo estés, cuanto más seguro te sientas, cuanto más organizada, perfecta y completa sientas tu vida, menos cruz vas a querer. No nos digamos mentiras.
Cuestionan mucho estas palabras, a todos, empezando por mí. A mí me cuestionan y por eso vamos a pedir a Dios que tengamos verdadera conversión. Solo con la fuerza del Espíritu Santo, cuya fiesta está ya próxima. Solo con la gracia del Espíritu Santo vamos a poder responder, porque no podemos seguirle poniendo condiciones a Dios. Solo Él merece todo honor y todo amor por los siglos de los siglos. Amén.

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