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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cristo da su vida, ofrece sacrificio por nuestra redención y nosotros, tú y yo bautizados tenemos el privilegio y el deber de ofrecer en sacrificio nuestra vida
Homilía p072016a, predicada en 20200526, con 5 min. y 57 seg. 
Transcripción:
El Evangelio de hoy nos sitúa en el capítulo diecisiete de San Juan. Por favor, hay que grabarse ese número diecisiete. El Evangelio de Juan en este capítulo nos presenta a Cristo en oración y esa oración es tan especial que ha recibido su propio nombre. Si miras en tu Biblia, seguramente tiene un subtítulo que dice Oración sacerdotal de Jesucristo. Cada uno de los versículos, por no decir cada una de las palabras de esta oración, da para una buena predicación. Pero en esta ocasión yo quisiera que miráramos el conjunto de la Oración sacerdotal de Cristo y entendiéramos cuál es el propósito de esa oración y por qué es fundamental que nosotros nos acerquemos más a los sentimientos de Cristo cuando ora de esta manera.
Ante todo, recordemos que esta oración la pronuncia Jesucristo estando junto con sus discípulos, la pronuncia Cristo después de la Última Cena, es decir, después de la cena y antes de la noche terrible de Getsemaní. Cristo asume obediencia de amor a Dios Padre, asume ofrenda de redención por nosotros, asume batalla frontal contra el poder de las tinieblas y asume el camino que le llevará a la victoria y a la Pascua. Podría decirse simplemente no hay otro momento más trascendente en la vida de Jesús. Fíjate todo lo que hemos dicho. Trataré de repetirlo. Esta oración expresa obediencia de amor al Padre. Esta oración expresa sacrificio de redención por nosotros. Esta oración expresa el camino que le lleva hacia la Pascua. Pero esta oración también expresa la batalla frontal contra el poder de las tinieblas. Todo ello está en esta oración y es importante, por lo menos con lo mínimo que debemos quedarnos. Es una oración en la que Cristo asume al mismo tiempo el papel de sacerdote que ofrece un sacrificio y el papel de oblación. El papel de víctima que se da en sacrificio. Por eso nosotros decimos, con esa expresión tan bella que Cristo es Sacerdote, Víctima y Altar. Es sacerdote de su propia vida ofrecida como acto sublime de amor al Padre y como acto caritativo con caridad hasta el extremo por la redención de todos nosotros. Este Cristo está, por consiguiente, dándose. Este es el Cristo que había dicho A mí nadie me quita la vida, Yo la doy. El acto voluntario por el que Cristo da su vida es exactamente lo que encontramos en esta oración.
Pero saquemos de aquí, porque obviamente la oración se va a ir desarrollando en los siguientes días. En los Evangelios de estos días próximos. Pero saquemos de aquí una enseñanza más. Y es que eso que realizó nuestro Señor Jesucristo, de algún modo es lo que nos corresponde a nosotros. Nosotros también somos sacerdocio elegido. Y si te preguntas qué es lo propio del sacerdote, verás que lo propio del sacerdote es ofrecer sacrificios. Lo dice la carta a los Hebreos. De hecho, sacerdote viene de sacer, que a su vez es la raíz de donde viene sacrum, sacrum facere, sacrificio, hacer sacro. Entonces, lo propio del sacerdote es ofrecer sacrificios. Y si nosotros somos sacerdocio elegido.
La gran pregunta es ¿dónde está el sacrificio? Pues a imagen de Cristo, tú y yo bautizados. Eso es lo que nos faculta con el sacerdocio común. Bautizados tenemos el privilegio, pero también el deber de ofrecer en sacrificio nuestra vida. Lo que nos agrada cuando lo ofrecemos a Dios diciéndole gracias papá, esto lo hiciste tú. Ahí estás, convirtiendo una alegría en una ofrenda de amor, en un sacrificio, en una oblación pura. Cuando viene un dolor y tú dices como San Pablo, estoy completando en mí lo que falta a la Pasión de Cristo. Cuando tú estás uniendo tu sufrimiento al de Cristo, en ese momento tú estás siendo sacerdote.
Y lo mismo que Cristo, la Víctima no está lejos, porque lo que tú estás ofreciendo es tu propia vida. Quedémonos con esos pensamientos iniciales. Ahora que junto con toda la Iglesia, entramos al capítulo diecisiete de San Juan, que no se nos olvide esa cifra y que cada vez estemos más unidos a Cristo, Sacerdote, Víctima y Altar.

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