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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La gran misión de Cristo ha sido revelar la verdad sobre Dios Padre porque el gran empeño del demonio ha sido desde el principio y sigue siendo volver borrosa confusa y esta verdad.
Homilía p072013a, predicada en 20180515, con 5 min. y 10 seg. 
Transcripción:
El Evangelio de hoy está tomado del capítulo número diecisiete de San Juan. Nos presenta el comienzo de la Oración llamada sacerdotal. Todo el capítulo diecisiete de este Evangelio contiene esa oración que es llamada así sacerdotal, porque es la oración en la que Cristo presenta el sacrificio. Y eso es propio de los sacerdotes, con una característica, que el sacrificio que Cristo va a presentar es el sacrificio de su propia vida. Por eso decimos que Cristo es Sacerdote, es Víctima y es Altar.
Oración sacerdotal en la cual con tantísima profundidad el Hijo de Dios nos muestra cuál ha sido el camino de su misión y cuál es el fruto de esa misión. Podemos decir que Cristo no hace un sacrificio mudo, sino un sacrificio elocuente. Lo que él hace no es simplemente matar la víctima, que en ese caso va a ser Él mismo quien tiene que morir, sino que muestra el lenguaje, muestra el mensaje de esa víctima que muere, que repito, es Él mismo. Y para mostrar quién es esa víctima y para que sepamos qué es lo que se está ofreciendo en ese sacrificio. Cristo hace un recuento de cuál ha sido su misión y un recuento también de cuál será el fruto de lo que Él está entregando.
En el pasaje de hoy se destaca esa parte primera ¿cuál ha sido su misión? Y Cristo la describe en el Evangelio de Juan, fundamentalmente con el lenguaje de la revelación. Cristo es el que revela al Padre. Yo les he dado a conocer tu nombre, dice Cristo. Cristo dice también que le ha dado la gloria al Padre a través de las obras que ha realizado. De manera que con sus palabras y con sus obras, Cristo ha revelado verdaderamente el amor de Dios. Esta fue su misión, mostrar la verdad de Dios.
¿Por qué esta misión era tan importante? Porque resulta que la misión del demonio, la gran tarea en la que se ha empeñado el demonio, es sobre todo implantar la mentira sobre Dios. Presentar a Dios como un envidioso, como un tirano. Presentarlo como uno que simplemente nos tiene apresados en la nada, en el absurdo. Calumniar a Dios. Esa ha sido la misión del demonio desde el principio. Vayamos al capítulo tercero del libro del Génesis. ¿Y qué es lo que encontramos? Que cuando el demonio abre su boca, lo primero que hace es decir. Es verdad que Dios les ha prohibido comer de todos los árboles del jardín. No puede abrir su asquerosa boca el demonio sin empezar a decir mentiras. Ya, esa es una mentira. Entonces, puesto que desde el principio el demonio ha querido llenar con la mentira al corazón humano, la misión principal de Cristo es revelar la verdad sobre Dios. Ese Dios que es poderoso es justo y es sabio, pero sobre todo es un Dios compasivo.
Esa verdad divina, esa divina verdad es la que Cristo ha revelado. Y por eso puede decir en el pasaje de hoy. En esto consiste la vida eterna, Padre, en que te conozcan a ti y a tu enviado Jesucristo. Pero hay una condición que también la dice Cristo en el pasaje de hoy. La condición ¿cuál es? Yo les he dado tus palabras y ellos las han recibido. Al aceptar, al recibir con fe, con amor y con obediencia, las palabras de Cristo. Entonces, en verdad podemos recibir también esa revelación, esa verdad sobre Dios, que Cristo quiere comunicarnos.
En resumen, la gran misión de Cristo ha sido revelar la verdad sobre Dios Padre, porque el gran empeño del demonio ha sido desde el principio, y sigue siendo, volver borrosa, confusa, cubrir de calumnias la verdad sobre Dios. El poder de la verdad de Cristo que nos revela al Padre, se hará realidad en nosotros en la medida en que recibamos con fe, con amor y con obediencia las palabras del Señor. Así sea.

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