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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cristo nos ha hecho cercano el Misterio de Dios y a medida que abrimos el corazón a este poder, verdad y bondad podemos decir que se nos ha manifestado el Nombre de Dios.
Homilía p072012a, predicada en 20170530, con 6 min. y 57 seg. 
Transcripción:
Varios de los Evangelios. Muchos de los Evangelios que hemos escuchado en el tiempo pascual corresponden a la conversación que Cristo tiene con sus discípulos después de la Última Cena. Según la recensión, según la narración que nos presenta el cuarto Evangelio. El Evangelio según San Juan. Estas palabras de Cristo, estos discursos de Cristo después de la Última Cena, desarrollan amplios y profundos temas de nuestra vida cristiana.
Puede decirse que lo que más se destaca es nuestra unión con el Señor y nuestra súplica y confianza en el Espíritu Paráclito que Cristo va a enviarnos desde el corazón de Dios Padre. Estas son como las dos grandes referencias, los dos polos principales en esas conversaciones que siguen a la Última Cena, según nos las presenta San Juan. Podemos encontrar esos textos básicamente en los capítulos trece, catorce, quince y dieciséis de San Juan. Es decir, una buena porción de este Evangelio está dedicada a esa conversación.
Luego el capítulo diecisiete, que es el que inauguramos el día de hoy, nos presenta ya no palabras de Cristo hacia los discípulos, sino palabras de Cristo hacia Dios Padre en presencia de sus discípulos. Esta oración, porque es una oración, que Cristo hace frente a sus discípulos y de algún modo con ellos y por ellos, es conocida como la Oración sacerdotal. Es la oración con la que Cristo hace entrega de sí mismo. Es la oración con la que Cristo podemos decir, ofrece todo su ministerio, todo su amor, toda su gracia en favor de nosotros. Cada una de las frases de esa oración sacerdotal que ocupa el capítulo diecisiete de San Juan, cada una de ellas podría ser objeto de una preciosa meditación por parte de nosotros.
En esta oportunidad les invito a que volvamos sobre aquel versículo donde Cristo le dice al Padre Yo he manifestado tu nombre a los discípulos. ¿Qué significa eso de manifestar el nombre de Dios? Me he convencido de que el lenguaje del Evangelio de Juan tiene una profundidad especial, una profundidad que hasta cierto punto puede pasar inadvertida si uno lee frase tras frase, versículo tras versículo. Uno puede pasar por encima de genuinos tesoros y por lo menos en mi caso, ha sido indispensable preguntarme ¿qué quiere decir esto? ¿cuál es el significado de esto? ¿por qué esto aparece aquí? He tenido que hacerme esa clase de preguntas porque de otro modo no lograría entender qué es lo que está diciendo el apóstol.
Por ejemplo eso. A ver, tome esa expresión, manifestar un nombre ¿qué quiere decir eso para usted? ¿qué es manifestar un nombre? Supongamos una persona que se llama, por ejemplo, Ricardo Pérez López. ¿Qué es manifestar el nombre de Ricardo Pérez López? Seguramente uno no podría decir nada muy inteligente cuando se toma un nombre como esos, lo cual quiere decir que estamos en serio peligro de pasar por encima del Evangelio de Juan sin entenderlo, porque muchas expresiones del Evangelio de Juan tienen una característica parecida. Son cosas que suenan gramaticalmente correctas y completas, pero que luego uno en realidad no está entendiendo.
Ahora, aquí no se trata de cualquier nombre, no es un nombre de una persona, como decir Simón o Mateo, Bartolomé, Judas. Se trata del nombre de Dios. Y seguramente recordamos que entre los Mandamientos de la ley de Dios había uno que tenía que ver con el nombre. No tomarás el nombre de Dios en vano. Esto quiere decir que el nombre no es simplemente la designación de un ser entre otros seres. Por ejemplo, se le puede dar el nombre a una mascota, se le puede dar el nombre incluso a un auto, se le da el nombre a una ciudad y por supuesto, le damos nombres a las personas. Los nombres tienen una cierta utilidad en eso de identificar a quién me estoy refiriendo o qué quiero hacer con algo o con alguien. Utilizar nombres para las cosas es lo que permite que uno utilice cosas como decir pásame tal herramienta o yo en este momento quisiera tal comida. Esa es una función propia de los nombres, el designar cosas o personas.
Pero el tema está en que Dios no es un objeto que esté en nuestras manos, no es una herramienta para nuestro provecho, ni es tampoco algo que nosotros controlamos. Entonces, el nombre de Dios está completamente por fuera de todos los otros nombres. Así como el ser de Dios no es un ser entre muchos seres de una colección llamada el Universo. Precisamente cuando nosotros decimos que Dios es el Creador de todas las cosas, estamos diciendo que Él no es un objeto más dentro de una colección muy grande de cosas.
Los griegos, por ejemplo, eran los que pensaban que los dioses de ellos eran como cosas dentro de un cosmos eterno e indestructible. Nosotros no tenemos esa manera de hablar de Dios, porque eso no es lo que nos ha enseñado la Biblia. Entonces, manifestar el nombre de Dios ¿qué es? Es abrir los corazones humanos al misterio de un poder, verdad y bondad, que está por encima de todo lo que nosotros podemos nombrar. A medida que descubrimos que ese misterio nos rebasa, que está más allá de nosotros y que sin embargo se nos ha hecho cercano, ahí podemos hablar de que se nos ha manifestado el nombre de Dios.
Y Cristo resume su misión diciendo Yo les he manifestado tu nombre.
Acojamos esa misión de Cristo, abrámonos al misterio de ese nombre. Y en la veneración y en la adoración del Santo Nombre divino, que nuestro corazón reciba los bienes que fueron concedidos a través de Cristo. Amén.

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