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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El verdadero apóstol no se mide por los recursos que tiene sino por la magnitud de la tarea que aún está por delante.

Homilía p072010a, predicada en 20150519, con 5 min. y 37 seg.

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Transcripción:

La primera lectura de hoy está tomada del capítulo número veinte de los Hechos de los Apóstoles. Después de una extensa misión en lo que en aquella época se llamaba Asia Menor y que corresponde bastante bien con la actual Turquía, Pablo viaja a Jerusalén. Pero no es un viaje más. Él se da cuenta de que su propia labor como evangelizador está tomando una orientación distinta, una orientación nueva. Los presagios, los presentimientos que tiene, no son luminosos, no son gratos, humanamente hablando.

Las palabras que él dice realmente nos ponen a pensar. Él dice Solo sé que el Espíritu Santo de ciudad en ciudad me asegura que me aguardan cárceles y luchas. Es un momento difícil de su vida de apóstol y él siente que va a empezar una etapa, que será seguramente la etapa final de su propia vida y por consiguiente, de su ministerio como apóstol. En esas circunstancias, cuando una persona ve que le llega su etapa final, lo normal es que tenga que hacer un balance. Y eso es precisamente lo que nos presenta la lectura de hoy. Es uno, no es el único, pero es uno de los balances que Pablo hace sobre su misión, sobre lo que él ha querido hacer como apóstol. Y hay cuatro elementos bien hermosos en el balance, en la síntesis que hace San Pablo.

Observemos cómo dice No he ahorrado medio alguno. Primera característica del apóstol,gastarse en la tarea, entregarse. El verdadero apóstol no está pensando en cuánto le queda, sino en cuánto hace falta. Y por eso la generosidad, fruto precisamente de haber conocido un Dios generoso, fruto de haberse encontrado con un Dios abundante. Es que un verdadero apóstol se da, se entrega. Nos decía el Papa Francisco en aquel documento tan bello el gozo del Evangelio. Evangelii Gaudium. Decía Francisco que algunas veces nosotros, predicadores, sacerdotes, estamos muy pendientes de cuidar nuestros derechos, nuestro estatus, nuestras vacaciones, nuestro descanso. Digamos que hay algo de razonable en eso, pero no podemos perder la generosidad de la que habla Pablo. Es necesario quemarse, es necesario gastarse por Cristo.

Segundo elemento. Pablo, al hablar de su apostolado, dice He predicado a judíos y griegos. El mensaje del Evangelio, en principio, es buena noticia para todos. Yo no escojo mi grupito, yo no escojo mi pequeño rebaño, el que siento como mío y con el que me siento cómodo. También en esto el Papa Francisco ha traído grandes recordatorios a la Iglesia. Cuando Francisco nos dice que la Iglesia tiene que ser una Iglesia en salida, lo que está diciendo es esto que no podemos quedarnos en nuestros pequeños y cómodos grupos. Tenemos que soportar también el ventarrón, el frío helado de los que son indiferentes o son opuestos a la fe. Hay que predicar a judíos y a griegos.

En tercer lugar, es importante destacar que Pablo dice He predicado en público y en privado. Con lo cual está indicando que en ocasiones el testimonio es como el que se da en la predicación. Una palabra que se dirige a una multitud. Pero no debemos pensar que toda evangelización es discurso. La evangelización también es confidencia. Consejería. Rasgo de amistad casi secreto al oído. Y el mismo Pablo practicó esto muchas veces.

Él dice en otro lugar con lágrimas en los ojos ha exhortado a muchos y esto nos está indicando que todos somos llamados a la evangelización. Porque estoy seguro que muchos dicen que evangeliza el Papa, que evangeliza el cura, que evangeliza el misionero, que son los que saben cómo es eso de tomar un micrófono y hablarle a una asamblea. No, la evangelización va también en la exhortación, en la palabra que le dices a un amigo tuyo, en la manera como corriges a tu hijo, en la corrección fraterna con un amigo. Ahí también hay evangelización.

Y el último rasgo Pablo dice Voy a Jerusalén forzado por el Espíritu. La docilidad, el gran evangelizador es el Espíritu Santo. Y ser dóciles al Espíritu es ponernos en la línea de Dios para llegar a los corazones a los que Él ha entregado tanto. Que estas lecciones de Pablo nos animen a todos y a cada uno a ser mejores testigos de la gracia de Cristo en nuestras vidas. Amén.

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