Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La oración llamada "sacerdotal" de Cristo contiene indicaciones claras sobre los pasos que han de dar sus discípulos.

Homilía p072009a, predicada en 20140603, con 10 min. y 39 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos, una de las enseñanzas que podemos tomar del pasaje del Evangelio que se acaba de proclamar, es lo que podemos llamar el camino del discípulo. Esta oración que hemos escuchado se encuentra en el capítulo diecisiete del Evangelio según San Juan. El contexto es la Última Cena. Cristo ha compartido esa cena pascual con sus apóstoles. Después tiene una conversación con ellos. En esa conversación les anuncia el gran regalo del Espíritu Santo, el Paráclito. Y se cierra esa conversación con una plegaria que está en el capítulo diecisiete y que es un verdadero tesoro, porque es como poder asomarnos al Corazón de Jesús en oración. Yo creo que toda persona que ame a Jesucristo tiene que sentir una especial veneración, gratitud, una emoción muy profunda, porque este capítulo diecisiete nos permite bucear en el corazón de Jesús, nos permite pasearnos por ese corazón que es como un templo magnífico.

Si uno quiere conocer a Jesús, no es buena idea dejarse llevar por la imaginación, porque la imaginación suele seguir las aspiraciones o los defectos de uno mismo o de la época en que uno vive. La imaginación no es una gran ayuda para conocer a Jesucristo. En cambio, la Palabra de Dios sí que es un gran recurso, porque incluso en una discusión que tuvo el Señor con algunos judíos les decía Ustedes leen las Escrituras, ellas hablan de mí. Entonces esta palabra, toda la Biblia, pero especialmente esta palabra que es la oración de Jesús, es una maravilla, porque nos va conduciendo por las riquezas y por la belleza que Jesús tiene por dentro. Cómo es Jesús por dentro. Eso es lo que se puede ver en el capítulo diecisiete de San Juan.

Y dentro de las palabras que dice Jesús mientras está orando, nos presenta el camino del discípulo. Todo empieza cuando nuestro amado Señor y Salvador dice He manifestado tu nombre a los hombres que tú tomaste del mundo y me diste. Ahí empieza el discípulo. El discípulo es uno que ha sido escogido, que ha sido tomado del mundo. Casi podríamos decir, ha sido arrancado del mundo. ¿por qué?. Porque el mundo tiene sus encantos, ¿no? Los placeres de esta tierra, la fama, la gloria, los aplausos, la importancia, el poder. Cada una de esas cosas qué he dicho, tiene tentáculos que nos agarran y nos retienen. Así que hay que considerar como un genuino milagro que a uno le guste Jesucristo, que a uno le atraiga a Jesucristo.

Por ejemplo, ustedes que en un día entre semana están aquí en esta preciosa capilla de San Benito, ustedes son gente muy amada. ¿Por qué están aquí? ¿Por qué les llama la atención Jesús? ¿Por qué quieren saber de Él? Es un regalo del cielo. Jesús lo dice. Son aquellos que tú tomaste del mundo y me diste. Eran tuyos y tú me los diste. ¿Por qué éramos del Padre Celestial? Porque somos criaturas suyas. ¿Y por qué dice Jesús tú me los diste? Porque nosotros, que en cuanto criaturas ya pertenecíamos a Dios. Ahora, con un nuevo título, pertenecemos al Hijo de Dios en la medida en que hemos sido adquiridos por su amor, por su Palabra, conquistados por su Espíritu y salvados por su Sangre.

Luego dice Jesús, Ellos han cumplido tu Palabra y ahora conocen que todo lo que me has dado viene de ti. Es bien difícil traducir al español ese verbo cumplir que aparece varias veces en los Evangelios, pero como hay que ser breves, la síntesis es que el verbo cumplir significa llevar a una plenitud, alcanzar el resultado, el fruto. Entonces un discípulo ¿quién es? Es la persona que ha sido alcanzada por la Palabra de Dios. Es la persona en la cual esa palabra ha manifestado su fruto. Porque lamentablemente hay personas que oyen la Palabra pero la dejan escurrir. Hay personas que reciben la palabra pero la reciben con paraguas y la palabra no les moja, no les cambia, no les transforma. Pero hay algunos que sí se dejan ganar por esa palabra. Hay personas que se dejan conquistar por esa palabra. Hay personas que se dejan empapar por esa palabra. Y así, llenos de la Palabra de Dios, se convierten en expresiones de la fuerza de la Palabra. Por ejemplo, cuando una persona le cree verdaderamente a la Palabra de Dios y con la fuerza de esa palabra, deja sus vicios y sus malas costumbres. Esa persona se convierte en una palabra cumplida. En ella se cumple la Palabra de Dios. Como dice Cristo aquí.

Y luego dice, Ahora conocen que todo lo que me has dado viene de ti. Esta es otra fase más en el camino del discipulado. ¿Qué quiere decir eso? Que yo no debo contentarme solamente con que mi vida se arregló. Por ejemplo, yo era un alcohólico. Me acerqué a la Palabra de Dios y dejé el alcohol. Yo era un adúltero, pero la Palabra me reprendió. Y entonces yo dejé el adulterio. No, uno no debe contentarse con que la vida a uno le mejoró. Jesús nos muestra que hay que subir otro peldaño y ese peldaño es este. Conocen que todo lo que me has dado viene de ti. Es decir, el verdadero cristiano da un paso más y se da cuenta que Jesucristo no es simplemente una máquina de favores o de milagros o de bienestar para mi vida. Sino que Jesucristo es la revelación del que lo envió y eso sí que es empezar a ser discípulo, porque entonces ya no estoy centrado únicamente en que mis problemas se arreglen o en que mis vicios se acaben, sino que por fin en ese estado, en ese momento, el discípulo se eleva y descubre que Jesús es la revelación del Padre.

Yo les he comunicado las palabras que tú me diste y ellos las han recibido. ¿Qué quiere decir esto de recibir esa palabra de Cristo? Como ya antes hemos dicho que en el discípulo se cumple la Palabra, no quiere decir simplemente el dar fruto. Recibir la palabra de Cristo es recibir la integridad de su mensaje, es decir, lo que me gusta y lo que no me gusta. Porque otra tentación que uno tiene cuando empieza a enamorarse de Jesús es que uno se queda únicamente con lo que uno le gusta. Los pasajes bonitos. Así pasa, por ejemplo, en nuestro tiempo que hay una cantidad de personas enamoradas del mensaje de la misericordia. Tienen toda la razón del mundo. No hay Misericordia como la de Jesús. Amén. Estamos todos de acuerdo en eso. Pero Jesús también habla de que hay un juicio. Jesús también habla de que hay una condenación para el que no se arrepienta. Jesús también habla que hay unas condiciones.

Así, por ejemplo, le dice a varios en los Evangelios. Vete y no peques más. Esa frase ya no me gusta. A mí me gusta cuando me dicen que Jesús es misericordioso, que Jesús lo mima a uno lo consiente, que Jesús es súper tierno. Esa parte me gusta mucho, pero cuando me hablan de que Jesús tiene que separar a las ovejas de las cabras, entonces esas páginas sí las paso rápido, rápido, rápido, para ver si encuentro las páginas que a mí me gustan. Jesús dice aquí. Ellos han recibido mis palabras, todas las palabras, las que me gustan, las que no me gustan.

Ahora reconocen que yo salí de ti. Creen que tú me has enviado. Lo grandioso de reconocer a Cristo como el Enviado está en lo que dijo antes en conversación con los discípulos. Así como el Padre me envía a mí yo los envío a ustedes. Y por eso la coronación, podríamos decir, el grado y el posgrado del discípulo es reconocer que Cristo es el enviado del Padre y que nosotros somos los enviados de Cristo.

Hermanos, en esta escuela del discipulado todos tenemos mucho que aprender. Yo digo estas cosas no para que nadie se desanime, sino al contrario, para que todos, como dijo San Pablo, sea cual sea el punto en el que nos encontremos, avancemos con entusiasmo en la carrera que nos espera. Amén.

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