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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
"Padre, ha llegado la hora."
Homilía p072001a, predicada en 19960521, con 6 min. y 33 seg. 
Transcripción:
En esta oración de Jesús al Padre. En el Capítulo Diecisiete del Evangelio de Juan encontramos como la ofrenda que Cristo hace de su propia vida y el motivo de esa ofrenda. Quizá en ningún lugar de los evangelios podamos ver a Cristo tan claramente al mismo tiempo como sacerdote y como víctima, como hostia y como oferente. Presenta su propia vida para la gloria del Padre. Presenta su propia vida para la vida del mundo. Y dice: Esta es la vida eterna que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo. Padre, ha llegado la hora. Empieza diciendo Nuestro Señor. Sobre esa hora había hablado él muchas veces. Es una hora al mismo tiempo tenebrosa y gloriosa, porque es la hora en que se van a cometer las grandes y graves iniquidades de la pasión. Esto significa los insultos, las blasfemias, el odio acumulado, la envidia ciega. Pero al mismo tiempo es la hora de la glorificación del Padre, porque es el tiempo en el que se va a dar el perdón, en el que se va a pronunciar absolución sobre la humanidad. Y sobre todo, es la hora en que se va a comunicar el Espíritu Santo. Es una hora dramática a la tan esperada a la cual temía y sin embargo, esperaba Jesucristo. Tenía, como lo muestra la angustia de Getsemaní, de la cual ciertamente no se dice casi nada en este cuarto evangelio. Pero digo tenía, como lo muestra esa angustia y esa agonía, pero al mismo tiempo esperaba, como también lo muestran los sinópticos, donde dice: Cuánto he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer. Porque solo en esa Pascua en la que ya no se va a ofrendar un cordero de nuestros rebaños, sino el Cordero de Dios. Solo en esa Pascua Cristo podía decir enteramente su mensaje en expresar completamente su amor. Podemos decir que hasta este momento Cristo era como una especie de pintor, pero que siempre le toca hacer cuadros pequeños y no logra cómo pintar su verdadera obra, su obra magnífica. Hasta este momento, Cristo es como un cantante, pero que siempre le ha tocado representar, cantar, pasajes pequeños de piezas mediocres en teatros pequeños y de pronto le llega la oportunidad de cantar esa obra que a él le gusta es la que le llena el alma, esa es la que le puede dar todo su sentimiento, toda su fuerza y toda su vida. Y la va a cantar en el teatro del universo entero. Y usted va a hacer la Pascua de Cristo, va a ser como ese canto de la redención. Y en ese canto Cristo podrá expresar enteramente todo lo que tiene, todo lo que es. Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti. Ninguno de sus milagros, ninguna de sus predicaciones, ninguno de sus exorcismos, ninguna de sus explicaciones, podría mostrar todo lo que él tenía para mostrar. Y todo lo que quería decir es que todo procede del Padre. Pero el Padre es infinito y los milagros, así sean grandes, son finitos. Entonces se necesitaba una obra infinita, y ese es Cristo en la cruz, una especie de finito, infinito. Finito porque estuvo por un número determinado de de horas en ese tormento finito, porque fue finito el número de los insultos y de los azotes, pero infinito porque fue hasta el final, porque fue hasta la muerte, porque fue la totalidad. Ninguna de las obras de la vida de Cristo tiene el carácter de totalidad. En cambio, la muerte es todo, darle todo. Y en ese dar todo, ahí está la imagen del infinito en esta vida. Por eso ha dicho Cristo que nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos. Porque dar la vida es darlo todo y en dar todo. Ahí sí puede aparecer algo de lo que es el infinito. En que conoceremos enteramente a Cristo. ¿En qué momento? ¿En qué lugar lo conoceremos bien? En ese final de su vida, en esa pasión última, en ese desenlace, en ese darlo todo. El que quiera conocer a Cristo, en ningún lugar sabrá tanto de él, como en esta hora a la que él tenía y esperaba. En ningún lugar se sabe tanto quién es Cristo y quién es el Padre como en esta hora. Que recibamos esa hora. Sepamos que en esa ofrenda perpetuada para los siglos, en el sacrificio Crístico está Cristo, y en ese Cristo se está manifestando y se está glorificando Dios.

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