Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

No huimos de las dificultades; tampoco nos doblegamos ante ellas.

Homilía p071029a, predicada en 20260518, con 7 min. y 50 seg.

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Transcripción:

Mis hermanos, estas palabras de Cristo son de mucho consuelo, de mucha esperanza y fortaleza. Porque la verdadera esperanza no consiste en ilusionarse como si no hubiera problemas, como si no hubiera luchas, como si no hubiera batallas. La verdadera esperanza mira siempre de frente las dificultades, pero también mira a través de las dificultades. Esa es una manera muy bonita de describir lo que es la esperanza cristiana. No es fantasía, no es huida, no es escapismo. Nada es tan real. Nada es tan realista como nuestra fe cristiana. Pero el hecho de que yo mire la dificultad no quiere decir que la dificultad tiene la última palabra. Por eso la esperanza, como enseñaba el Papa Benedicto, es inseparable de la fe.

Yo miro la dificultad, pero no voy a decir que esa dificultad tiene la última palabra, porque yo tengo fe viva en aquel que es más grande. Hay una frase que a uno le sirve mucho: No te quedes diciéndole a Dios que tienes grandes problemas; dile a tus problemas que tienes un gran Dios. Eso es lo que trae la fe. La fe nos devuelve la proporción de las cosas en todo lo que nos puede llegar a suceder. Por ejemplo, el apóstol Pablo, como se ve bien en la segunda Carta a los Corintios. Él se daba cuenta que sus fuerzas físicas, la salud de su cuerpo, iban declinando. Él no se hace ilusiones, no se encierra en la nostalgia, no huye de esa realidad, pero sí afirma algo aunque esta morada se desmorone, tenemos casa mejor. Eso es lo que da la fe, la certeza de que la dificultad no tiene la última palabra.

Lo mismo yo pienso en el caso de una vocación. Es valiente. Tomar el camino del seguimiento a Cristo es valiente y hay que saber con realismo que habrá dificultades externas o internas. A veces se trata de la familia, de los amigos, del medio cultural en el que uno está. A veces se trata de las limitaciones propias, tentaciones que uno tiene, falencias en su formación. Sí, ciertamente habrá combate, pero es ahí donde nuestra fe viva en ese Cristo que ha vencido al mundo, nos permite ver a través de la dificultad. Expliquemos muy brevemente para terminar esta reflexión ¿Qué quiere decir esa expresión? Ver a través de la dificultad. Es lo mismo que saber de noche, pero va a amanecer. Ver a través de la dificultad es comprender que esa dificultad, ese obstáculo, es un crisol que está limpiando nuestra intención. Es decir, no solo voy a salir de esta, sino que voy a salir fortalecido, porque el dolor, la prueba, la tentación, nos educan. Voy a salir fortalecido. Eso es mirar a través de la dificultad.

Y por último, mirar a través de la dificultad, también significa que cuando esto pase, yo tendré una palabra para decirle al abatido, como dice aquel de los cánticos del siervo en Isaías para saber decirle al abatido una palabra de consuelo. Esto mismo nos dice San Pablo en el capítulo primero de la segunda Carta a los Corintios. Un texto que aparece en la liturgia de las Horas ¡Bendito sea Dios! Dice San Pablo que nos consuela. (Oiga esto que parece un trabalenguas). Que nos consuela en todas nuestras luchas, para poder nosotros consolar a los que están en toda tribulación, mediante el consuelo con que nosotros somos consolados por Dios. Es decir, que la dificultad no solamente va a purificar mi intención y me va a fortalecer, sino que me va a hacer capaz de hablarle al que esté en medio de su propio combate. En medio de su lucha salimos ganando. Voy a salir ganando y por eso los corazones más maduros, las almas cristianas más formadas están tan convencidas de esto que en medio de la prueba ya empiezan a bendecir y a alabar.

Así, por ejemplo, Santo Domingo de Guzmán, el fundador de mi comunidad, cuando él tenía quebrantos de salud que se fueron multiplicando al final de su vida, él crecía en alabanza y algunos biógrafos dicen, se le veía más feliz cuando estaba enfermo que cuando no lo estaba. ¡Asombroso, asombroso!. Pero ese es el nivel de madurez al que llegan los verdaderos cristianos. Aprenden a apreciar tanto la prueba, la batalla, que cuando llega la batalla lejos de apocarse y acomplejarse y doblegarse. Lo que sienten es aquí viene más bendición. Y como viene más bendición. Empecemos a alabar a Cristo. En medio de esta, en medio de esta batalla.

Acuérdate aquellos jóvenes de los que nos habla el libro de Daniel. Los echaron a un horno encendido. ¿Y qué hicieron ellos, lamentar su terrible suerte, maldecir al que los había castigado con tanta injusticia? No, lo que ellos hicieron fue ponerse a cantar, ponerse a bendecir a Dios. Y así podríamos citar otros ejemplos.

Sigamos esta celebración alabando, bendiciendo a Dios y pidiéndole que nos haga crecer en la fe, en la esperanza y en el amor. Amén.

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