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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La verdad llega a mi corazón y lo conquista por eso el arrepentimiento, pero necesitamos la conquista del amor nuevo que nos fascine por Dios y su obra y ese amor nos lo da el Espíritu Santo.
Homilía p071024a, predicada en 20220530, con 5 min. y 39 seg. 
Transcripción:
Cuánta actualidad conserva aquella pregunta que hizo el apóstol San Pablo a los cristianos de Éfeso ¿Recibisteis el Espíritu Santo al abrazar la fe? Y lo primero que me gusta de esa pregunta es el verbo abrazar, porque denota esa actitud profunda, personal, comprometida, de verdadero encuentro con la fe. ¿A quiénes abrazas tú? Seguramente abrazas a las personas que más quieres. Personas de tu familia, personas de tus amigos. Tal vez tu novio o tu novia. Tus seres queridos. Entonces lo primero es eso, abrazar la fe. Lo primero es recibir y abrazar la fe. Eso es lo primero.
Pero claro, la pregunta fundamental está en torno al Espíritu Santo. Ese que tantos autores han llamado el Gran desconocido. El Espíritu Santo, que marca el futuro del cristiano. Y eso significa también la eternidad. A ver, que con la ayuda del mismo Espíritu yo me pueda explicar bien.
Cuando nosotros hablamos de arrepentirse y de corregir los errores, fundamentalmente estamos hablando de lo que ha sucedido en el pasado. Y en el pasado, pues hay cosas de las que uno indudablemente se arrepiente. Ese era el bautismo de Juan. El bautismo de Juan era una mirada honesta, una mirada sincera, si se quiere una mirada cruda hacia el pasado. Y en esa mirada el reconocimiento de que le he fallado a Dios. El reconocimiento de que Dios es santo. Dios es bueno. Dios es justo. Y yo no soy santo y yo no soy bueno y yo no soy justo. Esto es muy valioso. Esto es muy, muy valioso. Esto está indicando una sinceridad que significa que la verdad llega a mi corazón y lo conquista. Por eso el arrepentimiento.
El arrepentimiento sincero es el primer paso hacia Dios, porque es la primera victoria de Dios, la victoria de la verdad. Cuando una persona vive en un vicio y no lo reconoce, ese vicio sigue teniendo poder sobre ella. Por eso dicen los psicólogos que el primer paso en la respuesta o en la curación de todo vicio es siempre que la persona reconozca, que reconozca su situación. Si la persona no reconoce su situación, pues todo lo que se le diga lo va a mirar como una presión externa, como un capricho externo. Entonces, es muy importante lo que daba el bautismo de Juan. Porque lo que daba el bautismo de Juan era esa sinceridad, esa primera conquista de la verdad. Pero repito, todo eso miraba un poco hacia el pasado.
La gran pregunta es ¿Y hacia el futuro qué? ¿Qué va a pasar hacia el futuro? Es decir, de dónde va a venir dentro de mí esa fuerza, esa conquista. Que ahora la podemos llamar la conquista del amor, la conquista de un amor nuevo, la conquista del amor de Dios. Porque los pecados que nosotros cometimos indudablemente los cometimos por un amor desordenado. Grandes autores como Santa Catalina de Siena dicen que el amor propio, sensitivo, ese amor propio que está marcado por el culto al yo, al propio placer, a la propia ganancia. El amor propio, sensitivo, es la raíz de todas las desgracias del pecado en nosotros.
Entonces, se necesita la conquista del amor. Fíjate lo bello que es esto. Sí, lo que daba el bautismo de Juan, que de alguna manera tiene que seguir existiendo en nosotros, es la conquista de la verdad. Pero necesitamos la conquista del amor, la conquista del amor nuevo. Necesitamos ser conquistados por un amor nuevo que nos fascine por Dios y por sus obras, que nos fascine por su plan por encima de nuestros planes, por su camino, por encima de nuestros caminos. Eso es lo que nos va a dar el Espíritu Santo. Y esa es la vida propia del cristiano. Que Dios te bendiga.

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