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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cristo venció al mundo y quienes estamos unidos a Él encontramos paz y la victoria sobre el mundo.
Homilía p071020a, predicada en 20200525, con 6 min. y 4 seg. 
Transcripción:
Es doctrina bien conocida en nuestra Santa Iglesia Católica que tres son los grandes enemigos del alma. El demonio, el mundo y la carne.
Es fácil entender que el demonio es enemigo nuestro por la envidia que nos tiene, porque nosotros, como decía un gran santo, hemos sido llamados a ocupar en los cielos el lugar que ellos, los demonios, perdieron por su rebeldía. Es fácil entender por qué la carne se convierte en enemiga del progreso espiritual y enemiga de la obra de Dios en nosotros. Efectivamente, si nos dejamos arrastrar por la comodidad, por el placer, hasta el punto de volvernos esclavos, pues bien, pronto vamos a estar en rebeldía con el plan de Dios. Entonces es fácil entender más o menos fácil de entender por qué son enemigos nuestros, tanto el demonio como la carne.
Discernir, en cambio, qué es lo que el mundo pretende hacer para alejarnos de Dios es más difícil. Y hemos tenido algunas predicaciones en este tiempo para comentar sobre esa dificultad. Básicamente la idea es que con la palabra mundo nos estamos refiriendo a esa especie de sistema de antivalores, esa red de complicidades que pretende presentarte el pecado como un requisito para que tú avances en esta tierra.
En otra ocasión hemos dado varios ejemplos sobre esto. Digamos aquella persona que para conservar su trabajo le dicen es que usted es un vendedor y usted tiene que mentir. Entonces le ponen la mentira como un requisito para que pueda seguir en su trabajo. O aquella persona que busca honestamente amar y ser amada y sin embargo se encuentra con una especie de condición. Si no llevas una vida sexual con tu novio o con tu novia, jamás habrá posibilidad de pareja. Es decir, son aduanas. Yo las llamo aduanas de pecado que el mundo te va poniendo.
Y esas aduanas se encuentran en tantos lugares y algunas veces son tan sutiles que uno puede llegar a pensar que no hay manera de hacerlo de otro modo. Uno puede llegar a pensar de verdad toca hacerlo. Así es como se hacen las cosas aquí. Si no pago ese soborno, si no tengo ese sexo con el novio, con la novia, si no digo esa mentira, si no me vuelvo agresivo, si no aplasto al otro, no surjo yo. Y todos estos pensamientos que se riegan y que llegan a conformar una especie de atmósfera asfixiante de pecado. Eso es el mundo.
Pero Cristo, en el Evangelio de hoy nos tiene una frase que indudablemente impacta. Yo he vencido al mundo. Y nos da también su secreto. Ustedes se van a ir por su lado pero no estoy solo el Padre está conmigo. Ese es el secreto. El secreto de la victoria de Cristo está en eso. Ese fue su secreto que vale también para nosotros. Pero hoy nos añadió otra cosa. También nos dice Ustedes van a encontrar paz en mí.
Así también Catalina de Siena le escribía a una sobrina suya que quería hacerse religiosa y le decía busca reposo en la cruz de Cristo. Es decir, aquel que está abrazado al misterio de Cristo encontrará paz en Él. Y resulta que una de las estrategias fundamentales del mundo para tratar de vencernos es quitarnos la paz a través de amenazas, a través de la violencia de seducciones y pasiones, a través de miedos oscuros, a través de incertidumbre sobre el futuro. El mundo nos va debilitando y nos va agrietando, de modo que tomemos las peores decisiones. Porque bien se sabe que una persona en pánico es la que toma las peores decisiones.
Entonces, ¿cuál es el secreto para vencer al mundo?. Primero, recordar continuamente que nosotros somos hijos. Y aquí viene nuestro auxilio. Aquel versículo del Capítulo Octavo de la Carta a los Romanos. Todo concurre para el bien de los que Dios ama. Yo soy hijo. Tal vez no entiendo muchas cosas, pero yo soy hijo, y si soy hijo, todo concurre para el bien de los que Dios ama. Y eso significa que habrá oportunidades que voy a perder. Eso significa que habrá puertas que voy a encontrar cerradas. Eso significa que habrá decepciones que voy a tener. Eso significa que hay amigos que me van a desechar y personas con las que yo quería sentirme cercano y nunca voy a hacerlo. Y eso me va a doler. Claro que me va a doler. Pero entonces recordaré las palabras de Cristo No estoy solo, el Padre está conmigo y buscaré mi paz en la cruz del Señor.
Grandes santos practicaron estos consejos. No son ideas, simplemente, no, no son simplemente palabras. Viene a mi memoria la figura humilde, bella, luminosa, de San Juan de la Cruz, que tanto tuvo que sufrir. Aquello de que él era de la cruz. No era solamente un nombre, es que lo vivió, es que le pasó. Y él encontró ahí la paz. Cristo venció al mundo y los que están unidos a Él encuentran. Encontramos victoria sobre el mundo.

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