Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Sólo la unión a Cristo y la confianza en Él hace que la fe sea perfecta en el momento en que llegue la tribulación, la persecución, la soledad, la burla e incluso el martirio.

Homilía p071017a, predicada en 20170529, con 5 min. y 55 seg.

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Transcripción:

El Evangelio del día de hoy está tomado del Capítulo número Dieciséis de San Juan. La frase luminosa que sirve de conclusión es Yo he vencido al mundo. En esta ocasión, sin embargo, quisiera que nos fijáramos en el diálogo que precede a esa frase luminosa. Jesús dice a sus discípulos ¿Ahora creéis? Llegará el momento en que cada uno se disperse por su lado. Esa frase de Cristo es una respuesta a lo que le han dicho los discípulos. Los discípulos le han dicho ahora sí te entendemos. Y le dicen ya sabemos que vienes del Padre. Nosotros creemos que tú vienes del Padre.

Es decir, ellos, por decirlo de alguna manera, ya están como dándose el nivel de discípulos que comprenden, que entienden. Como decimos cuando una persona está haciendo sus estudios ya estoy maduro para recibir mi grado, ya puedo recibir mi grado, mi diploma, mi cartón de discípulo. Esa es la actitud que ellos tienen. Ahora si ya entendimos, ya lo tenemos claro. Y Jesús les dice a ellos Ustedes dicen que lo tienen claro. ¿Están seguros de que tienen claro lo que tienen que decir? La actitud de Cristo es más bien crítica. Llegará el momento en el que cada uno se disperse por su lado.

La comprensión que los discípulos habían alcanzado no era pequeña. Lo que ellos afirman es una profesión muy profunda de lo que es la fe cristiana. Ahora creemos que has salido de Dios. Para que se note la profundidad de estas palabras de ellos, tengamos en cuenta lo que leemos en la primera carta de Juan. Dice el apóstol en esta primera carta que todo el que afirma que Jesucristo es el Hijo de Dios venido en la carne, ése es de Dios. Es decir, que la profesión de fe que la primera carta de Juan avala como perfecta y completa, es exactamente lo que los discípulos están diciendo en la Última Cena.

En el pasaje de hoy los discípulos le están diciendo, esa profesión de fe, creemos que tú has salido de Dios. Eso es algo así como lo que se puede esperar de un discípulo. Entonces, por qué Cristo toma esa actitud tan dura para decirles Ustedes todavía no creen. Ustedes dicen que creen, pero ustedes todavía no creen, porque llegará el momento en el que cada uno se va a dispersar por su lado. Yo creo que esa es una enseñanza para nosotros. Ellos tenían lo que podríamos llamar una claridad doctrinal. Tenían una claridad intelectual. Las ideas de ellos, su manera de expresarse, es absolutamente ortodoxa. Repito, es lo que la misma Biblia pide para reconocer a una persona como verdaderamente discípulo del Señor. Si, doctrinalmente, intelectualmente está muy claro lo que dicen, ¿pero qué les hace falta? Les hace falta lo que sucede cuando llega un momento de persecución.

Hay que comprender estas palabras de los discípulos en paralelo con aquellas que dijo el apóstol Pedro y que seguramente recordamos muy bien. Pedro, también en el contexto de la Última Cena, le dijo a Cristo yo voy a sufrir por ti. Si tengo que morir por ti, yo muero. Pedro parecía tener muy buenas intenciones y parecía que estaba muy claro en su propósito. Y sin embargo, también sabemos qué es lo que Cristo le dice a Pedro. Me vas a negar tres veces esta misma noche. Me vas a negar tres veces. O sea, qué le faltaba a Pedro. A Pedro no le faltaba entusiasmo, a Pedro no le faltaba claridad sobre lo que quería hacer ni sobre quién era Cristo. Hasta el punto de que estaba dispuesto a morir por Cristo. ¿Qué era lo que le faltaba a Pedro? Lo que le faltaba a Pedro era resistir el momento de la tribulación.

Claramente lo que estas dos escenas, ambas sucedidas en la Última Cena, nos enseñan, es que no basta con tener ideas muy claras. Son necesarias. No basta con tener una doctrina sana, eso también es necesario. Lo que es indispensable es superar la prueba de la tribulación, de la soledad, de la burla, de la persecución, incluso de la tortura. La fe sólo alcanza a ser perfecta cuando llega la tribulación, cuando llega la persecución, cuando nos descarta el mundo, cuando los poderes del mundo parece que aplastan esa humilde flor de nuestra fe en Dios, cuando el mundo se nos viene encima. Es ahí donde verdaderamente se sabe qué es la fe.

No basta con tener una explicación más o menos elocuente, no basta con tener una doctrina. Es necesario tener ese grado de unión con Cristo. Y por eso Él les dice Yo he vencido al mundo. Es decir, más allá de toda la claridad que ustedes tengan, es la unión conmigo, es la confianza que ustedes pongan en mí, es la solidez del puente que ustedes forman conmigo. Es eso lo único que puede dar la verdadera victoria.

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