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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Nuestro camino cristiano está en permanecer en Cristo y estar seguros de que en Él está nuestra victoria.
Homilía p071016a, predicada en 20160509, con 4 min. y 35 seg. 
Transcripción:
El Evangelio del día de hoy está tomado del Capítulo Dieciséis de San Juan. Pertenece a esa larga conversación que este evangelista nos cuenta como sucedida después de la Última Cena. Son numerosas las confidencias de nuestro Señor Jesucristo, abundante su enseñanza, profuso su amor, delicada su ternura, fuerte la bendición. Todo ello, que es parte como irradiación del misterio eucarístico, es lo que hemos venido contemplando en estos días del Tiempo pascual, oyendo textos de los Capítulos Catorce, Quince y Dieciséis de San Juan. Y escucharemos todavía más en lo que resta de este tiempo litúrgico.
Una de las confidencias que hace Cristo es la que tiene que ver con la relación entre los discípulos y el mundo que les rodea. Pocos textos tan claros como el que encontramos en el día de hoy. En el mundo tendréis luchas, dice Cristo, no tengáis miedo yo he vencido al mundo. Son palabras de una fuerza muy grande, pero para poder apreciarlas y para poder vivirlas, quizás necesitamos una explicación adicional. El texto mismo nos sugiere una línea de explicación cuando habla de esas persecuciones que vendrán a los discípulos y cuando se refiere a la dispersión.
Recordemos que en el Capítulo Quince de San Juan nos ha dicho Jesús que permanezcamos en Él. En el Capítulo Diecisiete va a orar por nuestra unidad, que sean uno como tú, Padre y yo somos uno. Es decir, el Capítulo Quince habla de unidad, por ejemplo, con la imagen de la vid. El Capítulo Diecisiete habla de unidad como fruto de la oración sacerdotal de Cristo. Y en este Capítulo Dieciséis se nos dice que cuando somos perseguidos, cuando el mundo nos asusta o nos seduce, entonces nos dispersamos. Es claro el mensaje.
El mensaje es que Cristo quiere que estemos unidos entre nosotros, porque estamos primero unidos a Él. La unidad en Él que da fruto como unidad de la comunidad creyente es el presupuesto y es el anhelo. Podemos decir es el proyecto de Cristo, la unidad en Él. Pero lo que quiere, lo que pretende el mundo a través de sus dos recursos favoritos, que son asustarnos o seducirnos. Lo que quiere el mundo es exactamente lo contrario que nos desprendamos de Cristo por seguir a los ídolos y que nos separemos de los hermanos, por seguir nuestro propio ego, nuestras propias ventajas o nuestra propia ruta de huida, porque estamos aterrorizados.
Esta comparación entre los discípulos asustados o distraídos, o seducidos por el mundo, que se dispersan por un lado. Y los discípulos que se congregan en torno a Cristo y se aferran a Él y se descubren hermanos, por otro lado. Ese contraste es el que tiene que quedar bien retratado en nuestro corazón, porque ese contraste nos está diciendo exactamente cuál es el proyecto cristiano. No dejarnos seducir por las ventajas inmediatas, por los placeres intensos, por las mentiras que benefician nuestros intereses, ni tampoco dejarnos aterrar por el lenguaje altisonante, el lenguaje orgulloso, arrogante, que es tan propio del mundo. Permanecer en Cristo y estar seguros de que en Él está nuestra victoria. Ese es el camino cristiano.

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