Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Nada despierta tanto anhelo de recibir el Espíritu como conocer mejor sus dones y carismas.

Homilía p071014a, predicada en 20140602, con 5 min. y 57 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Amados hermanos, la mejor manera de prepararse para la llegada del Espíritu Santo es conocer las maravillas que realiza en aquellos que lo aceptan. A medida que profundizamos en esos regalos del Espíritu, se va encendiendo en el alma el deseo de recibir a ese huésped maravilloso, a ese don por excelencia que es principio de toda bondad y santidad.

Hoy las lecturas nos enseñan tres cosas sobre el Espíritu. Aquellos discípulos que Pablo encontró en Éfeso sabían de arrepentimiento y habían recibido un bautismo como señal de conversión, pero ellos no conocían al Espíritu Santo. De inmediato debemos preguntarnos si acaso habrá algunos católicos que tendrían que responder con sinceridad lo mismo que dijeron esos hombres. Ni siquiera habíamos oído hablar del Espíritu Santo. Pero Pablo ora por ellos y sucede un eco de Pentecostés.

Es un momento de gracia que transforma para siempre la vida de esos hombres. Y se manifiestan dos dones que son muy propios de la efusión del Espíritu. Dice aquí que cuando recibieron el Espíritu, comenzaron a hablar en lenguas y a profetizar. A veces se hace mucha bulla sobre esto de hablar en lenguas. La mejor explicación es la que da San Agustín, hablar en lenguas es quedarse sin palabras por un desbordamiento de amor y de alegría. Lo explica San Agustín en una reflexión de la fiesta de Santa Cecilia.

Lo importante para nosotros es darnos cuenta qué es lo que trae el Espíritu. Un desbordamiento de amor, algo que va más allá de lo que tú puedes imaginar o de lo que tú puedes pronunciar. Y eso es supremamente sanador, porque la mayor parte de la gente sufre de desnutrición afectiva, desnutrición en el amor. Somos unos desnutridos afectivamente hablando y por desnutrición afectiva nos volvemos amargados, nos volvemos resentidos. O también otras personas buscando el amor que les hace falta, se venden a bajo precio de muchas maneras. Por eso este don del Espíritu, este desbordamiento de amor, esta sobredosis de amor que a veces se manifiesta con la oración en lenguas. No necesariamente así, es una cosa que le hace muchísimo bien al corazón humano.

Pero también sucedió otro don, el don de profecía. También es un don que nos hace falta entender mejor. Según explica San Pablo en los Capítulos Doce y Catorce de la Primera Carta a los Corintios. Lo propio de la profecía no es tanto el asunto de vaticinar, poder adivinar el futuro. No se trata de que estos hombres de Éfeso recibieron la gracia de saber en qué número va a caer la lotería de la semana entrante. No es algo como eso. Entonces, ¿qué es? ¿Quiénes son los profetas? Son los grandes amigos de Dios. Los profetas son los que tienen la mirada de Dios, los que aprenden a ver el mundo con los ojos de Dios. Y por eso el don de profecía es especialmente útil para el conjunto de la comunidad cristiana. Porque la comunidad de creyentes necesita una luz especial para reconocer el hoy, el hoy de la voluntad de Dios, para reconocer los desafíos de la fe, para reconocer los caminos del Evangelio. Eso es lo propio del don de profecía.

Fíjate cómo se complementan el don de lenguas y el don de profecía. El don de lenguas es un desbordamiento de amor interior. El don de profecía abre tus ojos a la realidad exterior para reconocer el hoy de la voluntad de Dios y los caminos del Evangelio.

Finalmente, el pasaje que hemos escuchado de San Juan nos cuenta otro de esos regalos que nos trae el Espíritu. Jesús dice con tono que nos da confianza. Yo he vencido al mundo. Esto es lo propio del que tiene el Espíritu Santo y vencer al mundo es lo mismo que nos han dicho los Papas, por lo menos desde el tiempo de San Juan Pablo Segundo. Esa capacidad de ir a contracorriente, esa capacidad de no dejarse llevar simplemente por la moda o simplemente por la costumbre, esa capacidad de permanecer firmes en la fe y la esperanza y el amor, aunque tantos otros declinen. Esos, mis hermanos, son algunos de los dones que nos trae el Espíritu, y por eso hemos de abrir nuestro corazón con júbilo y pedir que Pentecostés en todas partes, pero muy especialmente aquí en nuestra Arquidiócesis de Medellín, renueve el rostro de la Iglesia y la haga cada vez más capaz de transmitir la Buena Noticia de Jesucristo. Así sea.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM