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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Descubrir la coherencia y belleza del mensaje cristiano es un buen comienzo pero es sólo el comienzo.
Homilía p071012a, predicada en 20130513, con 4 min. y 34 seg. 
Transcripción:
En un momento dado, los discípulos sentían que ya le entendían a Cristo. Ahora, si hablas claro, ahora ya no utilizas parábolas. Ya no es necesario preguntarte. Ellos consideraban que habían entrado en el verdadero conocimiento. Ellos sentían que ahora sí estaban cerca de su Maestro, el cual tantas veces los había dejado, podríamos decir estupefactos, quizás no confundidos, pero sí incapaces de entender con la enorme sabiduría de sus palabras.
Así que estos discípulos sienten que ahora sí, ahora sí son discípulos. Creen que son discípulos porque entienden. Jesús les hace ver que falta todavía mucho más. No es discípulo el que entiende, no es discípulo únicamente el que aprende. Para ser discípulo de Cristo hay que mostrarlo en la vida. Es el que vive lo que ha aprendido. Es el que vive lo que ha entendido. Y esa experiencia, ese vivir, lo que ha entendido, es lo que requiere el paso por el sufrimiento, el paso por la cruz.
Entre el discípulo que sabe las cosas y el discípulo que vive lo que sabe. Hay un puente que hay que cruzar y ese es el puente de la prueba. El puente del sufrimiento, el puente de la persecución, el puente de la burla, el puente de la indiferencia, el puente de la marginación y de la exclusión. No basta con decir que yo ya conozco a Cristo. Es necesario cruzar ese puente.
Porque la verdad es que la doctrina de Cristo y la enseñanza de Cristo es muy dulce, es muy agradable. Es como cuando uno se pone a pensar qué bonito sería el mundo, qué bonitas serían las cosas si todos practicáramos la solidaridad, si viviéramos en la justicia, si aprendiéramos a ser compasivos, si todos hiciéramos lo que tenemos que hacer y además fuéramos respetuosos y alegres. Cuando uno imagina un mundo así, uno siente alegría, uno siente que eso es hermoso. Pero el mundo que conocemos, el mundo en el que estamos, no es así. Entonces, una propuesta en abstracto, de mucha justicia, de mucha solidaridad, de mucha cercanía, de mucha misericordia. Una propuesta así no está mal, pero hay que pasar por el trabajo, hay que pasar por la prueba. Y pasar por la prueba es ver cómo hago con mi idea de justicia si tengo que pasar por la injusticia. Cómo hago si yo tengo un gran amor a la verdad, pero vivo en un mundo en el que se miente constantemente. Cómo hago yo si quiero que la amistad sea desinteresada, si descubro que en este mundo las intrigas, las conveniencias y los egoísmos mandan la parada.
Entonces la virtud se prueba únicamente en el combate. Es únicamente en la prueba. Es únicamente en la dificultad, en la persecución, en la indiferencia, en la burla donde llegamos a ser verdaderamente discípulos. Como decía hermosísimamente San Ignacio de Antioquía. Ahora empiezo a ser hombre. Como diciendo ahora empiezo a existir. Y eso lo dijo cuando faltaban apenas unas semanas, creo que ni siquiera meses para su martirio en la ciudad de Roma, solo pasando por el sufrimiento, solo pasando por la contradicción, llegamos a asimilar una verdad que no es simplemente una idea bonita, sino una idea vívida. Y es entonces cuando nuestra existencia, y no únicamente nuestras palabras, cuentan y cantan la gloria de Dios.

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