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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La fe no nace ya perfecta sino que debe crecer por lo menos en dos direcciones: (1) Centrarse cada vez más en lo que Dios puede y no en lo que nosotros no hemos podido; (2) Pasar del simple pensar correcto al obrar coherente.
Homilía p071010a, predicada en 20110606, con 8 min. y 7 seg. 
Transcripción:
Tienen en común la primera lectura y el Evangelio que nos presentan la fe como un proceso. Pablo se encuentra a aquellos discípulos en Éfeso que habían dado un paso, un paso importante, pero incompleto, todavía. Conocían el bautismo de Juan. Si uno se ubica en Éfeso al noroccidente de Turquía de la actual Turquía. Pues este episodio habla bien de la santidad del Bautista. Fíjate en qué punto nos encontramos. Y hasta allá llegó noticia de la predicación y del mensaje de Juan Bautista. Pero en todo caso, el bautismo de Juan todavía se queda corto. Es reconocimiento de la condición de pecadores, pero todavía no es apertura plena a la fuerza renovadora de Dios. Está muy bien que uno reconozca que se ha equivocado y que uno reconozca que se queda corto, pero es todavía más importante reconocer que solo Dios lo completa uno. Está bien que uno reconozca que uno solo no puede, pero es mucho más importante reconocer que con Dios sí puede. Entonces, la fe de estos discípulos de Éfeso es una fe en camino, una fe que ha empezado bien porque tiene clara la palabra arrepentimiento. Pero que ahora debe dar un paso más, debe llegar a la confianza. Curiosamente, estas dos eran las palabras que mencionábamos en nuestra predicación de ayer. La contrición y la confianza. Hay que dar ese otro paso. Empezaste bien, pero te hace falta otro poco. Una situación semejante encontramos en el Evangelio. Los discípulos también han dado un paso. Esa frase que dicen ya tiene un cierto sabor de conclusión, un sabor sublime y teologal. Creemos que saliste de Dios. Es decir, reconocen en Cristo el enviado del Padre. Sus mentes se han abierto a esa verdad y a esa realidad. Ya es un progreso, ya es un paso. Pero Jesús les hace ver que todavía esa fe es incompleta. Está para llegar la hora en que os disperséis, cada cual por su lado y me dejéis solo. Podemos decir que la fe que ellos tienen es todavía una fe que no ha sido probada. Es una fe puramente intelectual. Es la mente que aprueba el mensaje de Dios, que aprueba la Palabra de Dios, que incluso se goza en ella. Pero como nos dice Pablo en el capítulo séptimo de la Carta a los Romanos, ese asentimiento intelectual todavía se queda corto. Porque dice Pablo en ese pasaje de Romanos que en mi razón, en mi entendimiento, sé lo que es bueno, pero luego me encuentro con lo malo. Es decir, todavía está la incoherencia entre pensamientos y palabras, por una parte, y las obras y las realidades por otra parte, también esa fe necesita madurar. No es que Jesús rechace lo que ellos dicen, sino que simplemente hace falta todavía más. Es una fe en camino, pero es una fe incompleta. O sea que estamos aprendiendo hoy que la fe es peregrinación y estamos aprendiendo que hay por lo menos dos líneas en las que la fe tiene que completarse. En el primer caso, en la primera lectura no se trata únicamente de mirarme y de reconocer que me he equivocado. Se trata, finalmente de mirar hacia Dios, de abrirse a Él y de reconocer que Él es el fuerte, Él es el poderoso. Recibirle, así como Señor, acoger su poder y ser transformados. En segundo lugar, la fe no puede quedarse únicamente en asentimiento, sino que necesita pasar por la prueba. Necesita, por decirlo así, el conocimiento por experiencia directa. Entonces, la fe tiene también en este sentido que pasar por un bautismo, como decía Jesús a sus discípulos. Y en ese camino, y en ese bautismo y en ese cáliz de la prueba, pues adquiere su verdadera solidez. Es una buena pregunta que podemos hacernos hoy. ¿En dónde nos encontramos nosotros mismos? si nuestra fe ha llegado a madurez o si quizás estamos todavía encerrados en nosotros, quizás no encerrados únicamente cada uno en sí mismo, pero sí encerrados en la realidad de lo que puede o no puede. ¿Pueden o no pueden nuestras fuerzas humanas? que eso también sucede. Entonces se queda uno en el diagnóstico y en el sobrediagnóstico y en el requetediagnóstico, y nos volvemos expertos en diagnosticar y en explicar por qué las cosas no funcionan y eso es como quedarse en el bautismo de Juan. Cuándo será que nos abrimos al poder del Espíritu, al gozo, a la experiencia agradecida y maravillosa de que Dios sí que puede. Dios sí que puede transformar mi realidad, sí puede transformar mi comunidad, sí puede transformar mi país y el mundo entero. Entonces ahí está un examen que podemos hacernos. Y luego también preguntarnos si nuestra fe, además de la claridad y de la ortodoxia y corrección de pensamiento, también tiene lo que llamaban aquellos teólogos de la liberación la ortopraxis. A ver si mi fe aterriza en el cada día, a ver si mi fe es el Evangelio que los demás pueden leer solamente con verme.

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