Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Como aquellos judíos de Éfeso, hoy parece haber buen número de cristianos que no han tenido experiencia de la obra del Espíritu Santo renovando y transformando sus vidas.

Homilía p071009a, predicada en 20110606, con 4 min. y 27 seg.

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Transcripción:

Estamos abriendo la semana número siete del Tiempo Pascual y seguimos nuestro recorrido por los Hechos de los Apóstoles. Definitivamente este es el libro que acompaña el tiempo de la Pascua en nuestra Iglesia Católica, cosa que es muy natural y muy lógica, porque el tiempo de la Pascua es el tiempo sellado por la resurrección de Cristo. Es sellado también por el poder del Espíritu. Y eso es exactamente lo que nos muestra este libro de los Hechos de los Apóstoles. El Espíritu Santo es en realidad el protagonista en la primera lectura de hoy, sobre la cual quiero llamar tu atención. Esta vez el texto está tomado del capítulo número diecinueve de esta obra. Y óyeme bien, todavía estás a tiempo para darle una lectura completa a los Hechos de los Apóstoles. Son veintiocho capítulos, pero tienes tiempo.

Entre tantas cosas que leemos y miramos. ¿Por qué no encontrarnos con algo que verdaderamente nutre la fe, alimenta el corazón, levanta la esperanza?. En fin, en el capítulo diecinueve vemos a Pablo que llega a Éfeso y en Éfeso se encuentra con algunos que habían sido bautizados con el bautismo de Juan. Éfeso queda bastante retirado de Palestina y de Jerusalén, y del río Jordán, de donde deducimos que la santidad podríamos decir el nombre justamente noble de Juan Bautista había llegado a grandes distancias, pues allá en Éfeso, que queda en la actual Turquía, había algunos que habían sido bautizados con el bautismo de arrepentimiento. El bautismo de humildad, bautismo que era también de renovación de la alianza de Moisés.

Pero el sello característico del bautismo de Juan es el reconocimiento de nuestra condición de pecadores. Es el reconocimiento de que le hemos fallado a Dios. En este sentido, es una puerta que se abre. Pero el mismo Juan, y así lo recuerda Pablo. El mismo Juan había dicho que se necesitaba otro bautismo. Recordemos que Juan Bautista es el gran precursor del Mesías, y él decía abiertamente a la gente: Yo no soy quien ustedes se imaginan, detrás de mí viene otro que es más poderoso que yo; no merezco desatarle las sandalias. Y la característica principal que diferencia al Mesías de Juan Bautista es que el Mesías habrá de bautizar con Espíritu Santo y con fuego. Pero estos hombres que se encontró Pablo en Éfeso no tenían idea del Espíritu Santo.

Tal vez habían oído la expresión, pero sin duda desconocían que hay una nueva alianza. Y esa nueva alianza es la que se realiza por la efusión del Espíritu. Es decir, que estos hombres, al hacer su arrepentimiento, al reconocer sus pecados, estaban en cierto sentido pidiendo a Dios que mantuviera los términos de la alianza con Moisés. Sin embargo, ya Dios había anunciado a través de los profetas, por ejemplo, Jeremías y Ezequiel, que esa alianza de Moisés es insuficiente porque el corazón humano tiene que ser renovado y transformado desde dentro. Y esto precisamente es lo que da el bautismo en el Espíritu. Esto es lo que constituye la esencia de la Nueva Alianza. Y esto es lo que Pablo les predica, y por eso también ora por ellos y ellos reciben ese poder.

Ahora yo te pregunto ¿Conoces tú ese poder del Espíritu Santo? ¿Conoces tú lo que es sentir que tu corazón se renueva? ¿Conoces tú lo que es celebrar alianza con Dios en el santuario de tu alma?

Estuvo contigo Fray Nelson Medina de la Orden de Predicadores.

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