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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Diversos sentidos de la palabra "mundo" en San Juan y cómo ello nos implica a los cristianos.

Homilía p071007a, predicada en 20090525, con 9 min. y 53 seg.

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Transcripción:

El breve texto del evangelio de hoy nos ayuda a recordar los varios significados que tiene la palabra mundo en el Evangelio según San Juan. Los podemos reducir a dos; el mundo como objeto del amor divino y el mundo como obstáculo a ese amor. Son dos significados casi contradictorios. Por ejemplo, cuando leemos y efectivamente lo leímos en Pascua. Tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo unigénito. Ahí tenemos un significado de la palabra mundo. En cambio, cuando escuchamos en el evangelio de hoy que Cristo dice: No tengáis miedo, yo he vencido al mundo. Ahí tenemos el otro significado de la palabra mundo. Y yo creo que esta ambigüedad se parece mucho a la condición del cristiano frente a lo creado. Porque lo creado y en particular la sociedad humana, por una parte, es objeto de la misericordia de Dios y por lo tanto, expresión de esa misericordia, de ese poder, de esa bondad.

Por otro lado, la misma sociedad humana va formando redes de complicidad, pecados estructurales que hacen difícil encontrar el rostro de Dios. Es decir, que la misma sociedad y el mismo ser humano a la vez; a veces revela y oculta. Esto nos puede hacer recordar un pasaje del evangelio de Lucas, aquel del cobrador de impuestos llamado Zaqueo. La misma multitud sirvió de obstáculo para Zaqueo, que no podía ver a Jesús. Pero luego fue la multitud la que le indicó donde estaba Jesús. Es decir, Zaqueo no hubiera sabido que Jesús venía y Zaqueo no le hubiera dado importancia a Jesús, sin esa aglomeración de gente. O sea que la multitud lo llevó a Jesús, pero luego la multitud le impidió ver a Jesús. Hay una ambigüedad.

Un caso parecido sucede con el ciego de nacimiento. El ciego aquel de Jericó. El cual gracias a la multitud, también sabe que viene Jesús y se pone a gritar Jesús, hijo de David, ten compasión de mí. Pero la gente le dice al ciego que se calle. Entonces, una vez más, la multitud sirve para indicar dónde está Jesús. Pero luego la multitud quiere aplastar la oración de este ciego. Afortunadamente para él y también para nosotros, el hombre no se calló. Pero fíjate que ahí se ve cómo la gente ayuda y estorba, porque entonces el hombre supo que venía Jesús gracias a esa multitud. Luego la multitud quiere que él se calle. Pero cuando Jesús le dice: que se acerque; otra vez la multitud sirve de ayuda. Levántate, que te está llamando. La gente ayuda y la gente estorba.

Las cosas de este mundo hablan de Dios, pero también nos pueden retener lejos de Dios. El mundo es expresión de la misericordia divina, pero el mundo también es un tejido a veces pegajoso, de alianzas implícitas, de pecados estructurales que nos dificultan encontrarnos con Dios. En la vida comunitaria, para los que somos religiosos puede suceder un poco lo mismo. Uno entra a un convento porque busca encontrarse con Dios. Las comunidades religiosas se convierten como en señales en medio de la sociedad, señales que apuntan hacia Dios. En ese sentido, ingresar a una comunidad religiosa es algo noble, es algo hermoso. Es una manera de buscar a Dios que no sería posible si no estuviera la comunidad. Pero luego, en la vida comunitaria podemos encontrar una serie de dificultades. Podemos encontrar que tal vez hay mediocridad o podemos encontrar que hay divisiones. O quizás los anti testimonios de algunos o de algunas nos desaniman.

Y qué decir del matrimonio. El matrimonio fue instituido por Dios. El matrimonio es santo y es bueno, es un camino de santificación. En el matrimonio se espera que cada uno en la pareja sea expresión de Dios y del cuidado de Dios para su pareja. El matrimonio puede hablar de Dios. El matrimonio puede decir cosas maravillosas de Dios porque Dios mismo ha querido expresar su amor en clave nupcial y en clave esponsal. Pero luego el matrimonio también se puede convertir en un problema para vivir la vida de Dios. ¿Cuántas personas tienen la dificultad de que su pareja no camina al mismo ritmo en las cosas de Dios? Todos conocemos personas que no pueden asistir a sus devociones, a sus grupos y explican, lo que pasa es que mi esposo se pone como un tigre, entonces no puedo ir. O sea que el mismo esposo es una expresión del amor de Dios que puede hacer completamente feliz en cuerpo y alma a una mujer, pero el mismo esposo puede ser un estorbo.

Creo que ya hemos dado bastantes ejemplos. De todos estos ejemplos, podemos aprender que nuestra actitud tiene que ser sabia. Tenemos que utilizar las cosas sin dejarnos agarrar por ellas. Tenemos que agradecer lo que recibimos sin encadenarnos a nada. Tenemos que estar en buenos términos sin sacrificar, sin embargo, nuestros mejores ideales. De esto parece que habló el apóstol San Pablo en el capítulo séptimo de la primera Carta a los Corintios, en ese famoso párrafo, que es como un rompedero de cabeza, ahí donde dice: Quiero que vivan los que tienen como si no tuvieran, y los que poseen como si no poseyeran, y los que negocian como si no negociaran. Y uno dice pero ¿de qué está hablando este hombre? Pues está hablando de esto que estamos comentando hoy. Está hablando que uno puede tener un negocio, por ejemplo un restaurante, pero no tiene que amarrarse a ese restaurante y creer que ese dinero o la importancia que le dé o los negocios que haga, es todo. Uno puede tener el esposo o la esposa y sí, puede que ayude en algunas cosas y en otras va a estorbar.

Uno tiene sus hermanos de comunidad y son una bendición muy grande, pero en el momento en el que sean un estorbo, tengo que pensar en cómo puedo ayudar, servirlos, manifestarles el Evangelio. Pero también tengo que seguir, seguir, seguir, seguir a Cristo, seguir en movimiento. Dinámicos, moverse, moverse. No dejarse atrapar por nada. No dejarse atrapar ni por lo bonito ni por lo feo. Como decía San Juan de la Cruz, ni por las fieras, ni por las flores, ni demasiado entretenidos en los éxitos o en los placeres de este mundo, ni demasiado cobardes por las dificultades, por los problemas, por los ataques. Vamos con paso firme, paso presuroso, vamos afanosos, vamos llevados por el amor de Dios, porque el mismo amor nos espera. Amén.

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